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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 955: Unidos y Karina Milei, del armado a la fórmula presidencial

La creación del "Día de la Unidad", el fortalecimiento de Karina Milei y los movimientos de La Libertad Avanza alimentan las especulaciones sobre la estrategia electoral de Javier Milei para 2027.

Día 955: Unidos y Karina Milei, del armado a la fórmula presidencial
Día 955: Unidos y Karina Milei, del armado a la fórmula presidencial | NET TV

La Libertad Avanza lanzó su campaña electoral. El viaje internacional de Javier Milei, la creación ayer del "Día de la Unidad", la aceleración de acuerdos electorales con gobernadores y la intención de modificar las reglas del calendario electoral, eliminando las PASO, responden a esa lógica.

El lanzamiento de la primera efeméride libertaria, “Día de la Unidad”, representa el disparo de largada de la carrera.

La foto es más que sugerente: Karina y Javier, abrazados, ante su militancia, junto a un mensaje inequívoco: “Aprendimos que cuando se trata de la competencia electoral hay que dejar cualquier diferencia de lado y luchar todos juntos en pos del mismo objetivo: el triunfo de las ideas de la libertad en las urnas.

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Resulta llamativo que la nueva efeméride no recuerde una victoria electoral, una ley aprobada ni un acontecimiento fundacional del movimiento. No es una movilización masiva, como el 17 de octubre peronista. Conmemora, en cambio, un tuit publicado por Karina Milei durante la disputa interna posterior al cierre de listas bonaerenses, cuando respondió a los cuestionamientos provenientes del sector alineado con Santiago Caputo. Dicho sea de paso, esas listas fueron derrotadas por las del oficialismo bonaerense encabezado por Axel Kicillof en la elección provincial.

La elección del nombre también merece atención. Denominar "Día de la Unidad" a un episodio surgido en medio de una fuerte disputa interna recuerda inevitablemente la lógica orwelliana en su novela "1984", donde los nombres institucionales terminaban significando exactamente lo contrario de aquello que describían. No se celebra tanto la unidad como el principio de subordinación. La lealtad aparece definida no como una virtud política sino como una condición obligatoria para pertenecer. Y un imperativo a sus aliados de alinearse tras la boleta violeta.

Veamos un fragmento de un discurso de Karina Milei cuando fue el lanzamiento de aquella campaña.

El mensaje, tanto hoy como hace un año, es claro: la discusión interna queda subordinada a la conducción política de Karina Milei. El verticalismo deja de ser un mecanismo informal para transformarse en un valor institucionalizado dentro del partido.

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Si uno analiza la comunicación visual, es el lanzamiento de una fórmula presidencial. Ambas figuras, Karina y Javier, están centradas y tienen el mismo valor. Aunque están de espaldas, como un anticipo de lo que luego se revelará, cuando se haga el lanzamiento oficial de la fórmula, ambas miran hacia el futuro.

El mensaje que acompaña a la imagen alude a la unidad frente al kirchnerismo. Y llega en momentos en que la interna con Bullrich parece apaciguada, Jorge Macri adelanta que podría haber un acuerdo en Ciudad, y varios gobernadores aparecen alineados al armado nacional del oficialismo.

Hace meses que dentro del oficialismo comenzó a ganar fuerza la hipótesis de una fórmula presidencial Milei-Milei. El creciente protagonismo de la secretaria general de la Presidencia en la conducción de La Libertad Avanza, su control del armado electoral y su centralidad en las principales decisiones creció en el último año. Aunque también circularon otros nombres, como Sandra Pettovello y Martín Menem, o la que sonó más fuerte en su momento: Patricia Bullrich.

La caída política de Manuel Adorni, que además fue sincronizada estratégicamente con el comienzo del Mundial, que acaparó toda la atención durante varias semanas, terminó despejando a Karina Milei de uno de los principales focos de cuestionamiento interno. La secretaria general de la Presidencia había quedado asociada por sus críticos a los escándalos que involucraron al Gobierno, como la investigación sobre la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y el caso $LIBRA, donde sectores opositores apuntaron contra la cercanía del círculo más íntimo del Presidente con las decisiones cuestionadas. Sin embargo, al quedar Adorni fuera de la carrera porteña y perder peso dentro del esquema libertario, esas tensiones dejaron de condicionar el armado político de Karina, que pudo recuperar centralidad como arquitecta electoral del oficialismo.

Otro de los argumentos que fortalece la hipótesis de una fórmula integrada por Javier y Karina Milei y que descarta a Bullrich es la experiencia que dejó la relación con Victoria Villarruel. La convivencia entre el Presidente y su vicepresidenta terminó de la peor manera, con un enfrentamiento abierto por diferencias políticas y una pérdida de confianza que, desde la mirada del oficialismo, convirtió a la Vicepresidencia en un foco permanente de conflicto, que tuvo su último capítulo con el tema Malvinas.

Karina Milei aparece como la dirigente que mejor cumple con ese requisito. Además de ser la persona de mayor confianza del Presidente, concentra el control del partido, del armado electoral y de buena parte de las decisiones estratégicas del Gobierno. Una fórmula integrada por los hermanos Milei evitaría el riesgo de repetir una interna como la que protagonizó Villarruel y garantizaría que el poder político permanezca concentrado en el núcleo más cercano al Presidente durante un eventual segundo mandato.

Además sería la candidata a ser candidata a presidente en 2031 cuando ya su hermano tenga la limitación constitucional de dos períodos si eventualmente los argentinos desearan continuar con presidentes libertarios por entonces y vale remarcar que la Constitución no limita a un vicepresidente a luego poder cumplir dos mandatos presidenciales si fuera electa y reelecta por considerar un mandato su vicepresidencia.

Porque, a pesar de los primeros análisis, Karina Milei nunca fue una “primera dama”. Veamos lo que dice su biógrafa, Victoria de Masi, al respecto.

El oficialismo percibe que necesita administrar también las expectativas, las emociones y el relato político. De hecho, funcionarios del área económica sostuvieron recientemente que buena parte de la sociedad "todavía no es consciente de lo bien que está la economía", una frase que refleja la preocupación por la brecha entre los indicadores oficiales y la percepción social. Las mejoras macroeconómicas no se sienten. Paralelamente, todas las encuestas reflejan que nuevamente la imagen del Presidente y del Gobierno siguen cayendo.

Pero el Gobierno tiene a favor la desorganización de la oposición, el apoyo de Trump, y el reciente triunfo de líderes de derecha en la región, como Keiko Fujimori y el triunfo de "El Tigre", Abelardo de la Espriella, que ganó las elecciones presidenciales en Colombia en junio. Además, imitando el apodo de Milei, “El León”, lo que lo posiciona como una clara influencia regional.

En ese contexto debe leerse la gira regional que Javier Milei iniciará por Brasil, Perú y Colombia a partir de esta noche. Primero, el Presidente irá a apoyar la candidatura del hijo de Bolsonaro, Flávio Bolsonaro. Luego participará de la asunción de Keiko Fujimori en Perú y asistirá a la llegada al poder de Abelardo de la Espriella en Colombia, buscando consolidar un eje regional de dirigentes identificados con la nueva derecha latinoamericana. Y también proyectar una imagen interna de líder regional.

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Una imagen de liderazgo internacional en momentos donde los logros domésticos no aparecen. Si el Gobierno considera que todavía no puede exhibir una transformación económica percibida masivamente, puede mostrar otra clase de capital político: convertirse en el referente continental de una corriente ideológica.

Al mismo tiempo, distintas versiones periodísticas muestran a la Casa Rosada acelerando acuerdos con gobernadores aliados para construir un esquema electoral que permita llegar fortalecidos a 2027. La negociación incluye provincias gobernadas por fuerzas dialoguistas y también la búsqueda de consensos parlamentarios para avanzar con la suspensión de las PASO.

Pero la suspensión de las PASO también ofrece otra lectura.

Para el economista Luis Secco, a quien entrevistamos ayer, el principal punto débil del programa económico del Gobierno sigue siendo el régimen cambiario, ya que considera que la sucesión de "fases" genera incertidumbre permanente y alimenta expectativas de una futura corrección del dólar. A su juicio, la falta de un esquema cambiario y monetario definitivo erosiona la credibilidad del plan económico y desalienta las inversiones, que hoy representan apenas el 14,3% del PBI, un nivel muy inferior al de los países que lograron procesos sostenidos de crecimiento y la más baja de Argentina en mucho tiempo. Esa baja inversión, advirtió, termina afectando el empleo, los salarios y el consumo.

Secco también sostuvo que, pese a que el Gobierno cumplió buena parte de los objetivos que el mercado reclamaba —como mantener el superávit fiscal, aprobar reformas, pagar deuda y recomponer reservas—, empresarios e inversores continúan optando por "esperar hasta 2027" antes de tomar decisiones. Esa cautela responde a la percepción de que muchas de las políticas actuales son transitorias.

El próximo proceso electoral volverá a generar tensiones cambiarias, es por eso que el intento del Gobierno de impulsar la eliminación de las PASO puede tener esa otra lectura. Según Secco, el verdadero objetivo no sería desorganizar a la oposición, sino postergar el momento en que el mercado pone a prueba el respaldo electoral del oficialismo y evitar que una señal adversa acelere una corrida contra el peso. Vamos a escucharlo.

Otra novedad en la posibilidad del armado es que Jorge Macri dejó abierta la posibilidad de un acuerdo electoral entre el PRO y La Libertad Avanza de cara a las elecciones de 2027. La buena relación con el Gobierno de Javier Milei y el fortalecimiento del vínculo entre ambas administraciones se atribuye a la incorporación de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete.

La reciente utilización del Mundial de fútbol como escenario para instalar nuevos mensajes políticos confirma que el oficialismo continúa privilegiando la conversación pública por encima del consenso. La política se inserta deliberadamente en los grandes acontecimientos culturales porque allí se concentran la atención y las emociones colectivas. Después de varios desaciertos que tuvieron su punto culminante en la crítica a los jugadores por mostrar el cartel “Las Malvinas son Argentinas” y el paso en falso de anunciar anticipadamente un feriado nacional, que luego no pudo producir y el desplante de Messi a su invitación sumado a su crítica de que muchos argentinos no llegan a fin de mes, ahora diversos análisis registraron cómo el Gobierno se incorporó rápidamente a las polémicas surgidas alrededor de la Selección Argentina a su propia narrativa de "batalla cultural".

Tras esa discusión pública sobre si la Argentina es o no un país racista, el oficialismo también profundizó una agenda vinculada a la inmigración que fue leída por sus críticos como un endurecimiento de las políticas hacia los extranjeros. Entre las iniciativas impulsadas aparece el proyecto para arancelar la atención sanitaria y la educación universitaria de personas sin residencia permanente, además de reformas migratorias que endurecen los requisitos de ingreso y permanencia en el país. El Gobierno justifica esas medidas como una forma de priorizar los recursos públicos para los argentinos, mientras la oposición y organizaciones de derechos humanos las califican de xenófobas y discriminatorias.

Es posible que parte de la campaña contra la Argentina haya sido también, pero no determinantemente, motivada por diversas expresiones de tono racial o supremacista provenientes del propio Javier Milei y de sectores de su entorno político y militante. En distintas oportunidades, el Presidente reivindicó ideas asociadas a una supuesta superioridad de su pensamiento y atacó a las minorías y la diversidad sexual. Todo ello terminó reforzando la percepción de que la denominada "batalla cultural" del Gobierno también se expresa en una narrativa cada vez más confrontativa sobre identidad nacional, inmigración y diversidad.

Incluso volvió a cobrar peso la decisión del Gobierno de Javier Milei de votar en contra de una resolución de la ONU que buscaba reconocer la trata transatlántica de africanos y la esclavitud racializada como el crimen de lesa humanidad más grave. La iniciativa, impulsada por Ghana y la Unión Africana, fue aprobada por amplia mayoría, con Argentina, Estados Unidos e Israel como los únicos votos negativos.

Esto nos remite al debate sobre los límites de la concepción libertaria de la libertad individual, que en ocasiones ha llevado al propio Milei a decir barbaridades, como que no habría que penalizar la venta de órganos. ¿Pensará lo mismo de los esclavos?

Veamos un fragmento conocido de una de las expresiones más supremacistas de Milei. La supuesta superioridad de las ideas libertarias por sobre las de la izquierda.

La lógica parece responder a una vieja máxima de la comunicación política contemporánea: en un ecosistema dominado por las redes sociales, la polarización suele ser premiada por los algoritmos porque incrementa la interacción, la viralización y el tiempo de permanencia de los usuarios. El Gobierno entendió rápidamente esa dinámica y la convirtió en una herramienta política: cuanto más intensa es la controversia, mayor es su capacidad para dominar la conversación pública, movilizar a su propia base y obligar a la oposición y a los medios a discutir los temas que instala.

Javier Milei, en su réplica, incluyó distintos posteos y un mapa de la Argentina

No importa tanto si el mensaje genera adhesión o rechazo inmediato. Lo fundamental es permanecer en el centro del debate público. El clásico axioma: “que hablen mal pero que hablen” o “ladran… señal de que cabalgamos”. La visibilidad se convierte en un recurso político tan valioso como la gestión misma. La provocación deja de ser un efecto secundario para transformarse en una herramienta deliberada de comunicación.

La Libertad Avanza parece haber llegado a una conclusión estratégica: la elección de 2027 comenzará mucho antes de que se abran las urnas. Y si la economía todavía no ofreciera el triunfo político definitivo que esperaba exhibir, la campaña se apoyará en otros activos: la batalla cultural, el liderazgo regional, la disciplina interna, la ocupación permanente de la agenda pública y la construcción de una épica política que mantenga movilizada a su base. En esa lógica, gobernar y hacer campaña dejan de ser etapas sucesivas para convertirse en actividades simultáneas.

Sin embargo, la estrategia que le permitió a Javier Milei llegar al poder no necesariamente será la misma que le garantice conservarlo. La polarización resulta especialmente eficaz para construir una identidad política y movilizar a un electorado desencantado, pero gobernar exige además ofrecer resultados concretos y ampliar la base de apoyo. A medida que avanza la gestión, el desafío para el oficialismo ya no es únicamente captar la atención, sino convencer a una mayoría de que el rumbo económico y político merece un segundo mandato.

La Libertad Avanza instituyó el "Día de la Unidad" y reactiva la alianza con el PRO

Al mismo tiempo, todas las señales parecen indicar que La Libertad Avanza buscará competir en 2027 reafirmando una identidad propia, con predominio de la "lista violeta". La institucionalización del "Día de la Unidad", la centralidad de Karina en el armado electoral y la creciente hipótesis de una fórmula Milei-Milei refuerzan esa idea de un oficialismo cada vez más verticalista y concentrado en su núcleo de confianza. Las demostraciones de excesiva autoconfianza suelen recubrir debilidad y temor, o sea, lo contrario

En definitiva, las decisiones de las últimas semanas parecen formar parte de una misma estrategia: instalar la campaña con dos años de anticipación, consolidar el liderazgo interno de los hermanos Milei, ordenar a los aliados detrás de la marca libertaria y mantener al Gobierno en el centro de la conversación pública. La incógnita es si esa combinación de batalla cultural, liderazgo personalista y polarización permanente, que resultó decisiva para conquistar el poder, será suficiente para sostenerlo cuando la discusión electoral ya no pase sólo por las expectativas, sino también por el balance de la gestión.

Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira

MV/ff