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MODO FONTEVECCHIA
Política internacional

Diego Guelar analizó la estrategia de Trump: "Está dispuesto a entregar Europa a Putin para ganarle a China"

La operación militar estadounidense dejó al menos 40 muertos y la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en bases como La Carlota y Fuerte Tiuna. Al momento, se mantienen sanciones al régimen, incluyendo medidas sobre empresas petroleras y buques, mientras se exige una transición política.

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Diego Guelar, exembajador argentino en China y Estados Unidos. | Clarín.

El presidente de Estados Unidos intensificó su intervención en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, detenido en Nueva York por narcoterrorismo, y anunció que su gobierno "dirigirá" temporalmente el país, presionando a Delcy Rodríguez para cumplir demandas estadounidenses, incluyendo acceso a reservas petroleras. Ahora, el programa Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), en diálogo con el diplomático argentino Diego Guelar, analizó cómo Trump redefine la Doctrina Monroe, integra a América Latina como zona de seguridad nacional y reconfigura el orden mundial, señalando que "está dispuesto a entregar Europa a Putin para ganarle a China".

El abogado, diplomático y político argentino Diego Guelar cuenta con una larga trayectoria en relaciones internacionales. Se desempeñó como embajador de Argentina en varios países y organizaciones, incluyendo Estados Unidos, Brasil, la Unión Europea y China, y también fue diputado nacional. Además, ha trabajado como columnista en medios y como profesor universitario, y se ha expresado públicamente sobre política exterior y temas de actualidad.

¿Se está reconfigurando el mundo a partir de lo que ocurrió en Venezuela, hasta el punto de que podría considerarse una especie de fin de las Naciones Unidas, con un salto del Consejo de Seguridad donde, ya no haría falta más consejo y bastaría con que se comuniquen Putin y Trump para que todo se resuelva?

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Existe una transición de cambio de época; no hay una nueva era todavía, pero sí un cambio en las reglas de juego del siglo XX, que fueron muy importantes. El gran episodio fue el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En el medio hubo un loco asesino, Hitler, que por muy poco tiempo trató de terciar en ese juego. Se asociaron los dos rivales que ya venían desde principios de siglo, es decir, la Unión Soviética y Estados Unidos. Terminaron el episodio y siguieron lo que ya habían empezado en la década del 20. La gran consigna deobreros del mundo, uníos” es de 1919. En 1917 ocurre la revolución, se lanza la internacional y se inicia la búsqueda del poder universal.

Desde ahí, el enfrentamiento central, de 1919 hasta el 24 de diciembre de 1991, cuando se disuelve la Unión Soviética, se desarrolla este hecho. La regla de juego fundamental del siglo XX fue el enfrentamiento Estados Unidos–Unión Soviética. Se terminó. Hoy estamos en la transición hacia un nuevo orden.

Las Naciones Unidas surgieron como producto de un acuerdo entre las potencias: fue un pacto para generar un ámbito donde estén todos los países del mundo sentados, pero donde los dos bloques eran centrales y donde el Consejo de Seguridad garantizaba que, más allá de que todos los países tuvieran un voto, decidiera el Consejo de Seguridad.

Exacto. Eso fue una construcción espectacular y hay que valorarla históricamente, pero hoy está en crisis porque se terminó la Segunda Guerra Mundial. Se produjo la tercera, que fue esta guerra que llamamos guerra fría. Cuando hablamos de la tercera guerra como si estuviera en el futuro, ya ocurrió. Ahora se plantea una eventual cuarta, que esperamos que no ocurra porque sería la última: la destrucción nuclear.

Hoy estamos en plena transición. Hay un gran caos. Nadie mejor para representar ese caos que Donald Trump. Es la imagen viva del caos, generándolo a un nivel diario. Lo sigo por cuestiones profesionales y genera varios hechos importantes por día, siendo el más relevante violar todas las normas que construyó la nación americana durante 250 años. Es un desordenador, pero al mismo tiempo imprescindible, porque en este caos, con un gran vacío de liderazgo y una crisis de la izquierda, componente esencial del equilibrio, se evita que la derecha se desplace hacia la extrema derecha.

En este desorden, quien lleva la batuta es Trump. Putin no sale ganando con esto, porque finalmente el patio trasero de Estados Unidos es un premio bastante pequeño comparado con el resto del mundo.

Mi percepción, tras haber sido dos veces embajador en Estados Unidos y estudiar allí, es que el mundo washingtoniano es muy especial, con think tanks y grupos de pensamiento sólidos, históricos, algunos ligados al Partido Republicano, otros al Demócrata y otros independientes. Trump no recurre a ninguno; inventó el corolario Trump de la doctrina Monroe. Es un antiintelectualista, desprecia a cualquiera de esos grupos y ha armado un equipo que no tiene nada que ver con el Partido Republicano fundado en 1840 por Lincoln, y en 1802 el Partido Demócrata por Thomas Jefferson. Son dos partidos extraordinarios, con dinámica, flexibilidad y complejidad. Hoy no existe nada de eso. Hay vacío del lado demócrata.

Esos con los que vos estás en contacto en Washington, al analizar ventajas y desventajas en un mundo dividido en tres sectores consideran que controlar América Latina no es un premio menor.

En cuanto al análisis de ventajas y desventajas de Washington, en este mundo dividido en tres sectores —Estados Unidos con su área de influencia, Rusia con la suya y China con la suya— quedarse con América Latina no es un premio pequeño. Rusia es un actor de reparto, la Unión Europea también. De los 100 trillones de dólares de economía mundial, 50 trillones se concentran en Estados Unidos y China; los otros trillones se reparten entre el resto.

En la segunda escala aparecen Japón, India y Alemania, con algo más de 4 trillones; y en el tercer nivel, países como Brasil o Rusia con poco más de 2 trillones. Estamos hablando de un país subdesarrollado, en términos modernos.

Recuerdo una conversación con el ministro de Relaciones Exteriores de Putin, Ivanov, en 2004, cuando recién surgía el acrónimo BRICS: Brasil, Rusia, India y China. Le pregunté qué pensaba de esas futuras potencias, y me dijo: “Rusia y China sí, India puede ser, pero Brasil no, porque no tiene bomba atómica, y no puede haber ningún país importante que no tenga capacidad de agresión militar masiva.”

Con Trump, uno compara la economía brasileña y la rusa: hay momentos en que Brasil es más grande y otros en que Rusia lo supera, pero Rusia tiene la capacidad de destruir el mundo. La pregunta es, si volvemos a un mundo de Naciones Unidas, Rusia será importante, porque lo relevante ya no es solo la economía y el comercio.

En Washington, pese a la disputa con China, el grupo rusófilo sigue siendo clave en política exterior. Kissinger ya advertía sobre el crecimiento de la OTAN alrededor de Rusia. Si Rusia consolida su alianza con Trump, desequilibra a China y se transforma en primera potencia, aunque el comercio de China supere a Rusia. Todo intento de recuperación de la relación con Putin busca evitar un mundo bipolar frente a China y separar a Europa de China.

Entonces, todo el intento de recuperar una relación con Putin y con Rusia no busca mantener el mundo bipolar. Es la confrontación con China: darle a Rusia a Europa para separarla de China.

Exactamente. Eso sería la aproximación conceptual de este mundo bipolar; no es tripolar. Desde Trump, desde Putin, él considera que es el tercero. Él no quiere ser un monigote de Beijing o de Washington. Él tiene una vocación imperial propia, muy propia, de un país imperial. Su historia ha sido imperial. Pero nuevamente, hay un poder que es económico y un poder que es militar. En las épocas de paz, el comercio sustituye a la guerra.

Clausewitz planteaba que la guerra y la política son una continuación una de la otra; cuando una falla, el comercio puede sustituir la confrontación directa, ya que las ofensas se pagan con dinero de manera transaccional. En lugar de la ley del Talión, se usan indemnizaciones y acuerdos comerciales. Por ejemplo, tras las guerras, el Tratado de Versalles estableció compensaciones económicas. El poder se puede medir de dos maneras: por el dinero, como en el comercio, donde China supera ampliamente a Rusia; o por la fuerza militar, donde Rusia domina en comparación con China. En el mundo actual, el poder militar vuelve a tener más peso que el comercial.

No, yo creo que es Venezuela, es Cuba, es Nicaragua, es Argentina, es la concepción de que nosotros no somos la zona de influencia, somos la zona de seguridad, somos el escudo, no somos el patio trasero, somos las condiciones que genera seguridad. Yo te recuerdo que hay 46 millones de latinos en un país de 350 millones: 18% de los votantes. Ya.

Exacto. Y a eso sumale la minoría, la segunda, que es la afroamericana. Hoy, si no hay hegemonía, un presidente que no tenga la mitad más uno de los latinos y de los afroamericanos no gana la elección presidencial. Entonces, ¿qué genera esto? ¿De dónde viene hoy la mayoría de los afroamericanos y latinos en relación con América Latina? Creo que esta concepción es —sí— una conclusión interesante, porque el ser el patio trasero, al que antes no se le daba bola, hoy se redefine: "No, no, un momento, ahora es la Doctrina Monroe."

Me acuerdo que Mitterán, una vez en Quebec, les dijo en su competencia con los ingleses: "Finalmente, los latinos estamos conquistando Estados Unidos, le ganamos a los ingleses porque los hispanos son latinos."

Entonces, en Montreal, donde se habla francés, haciendo un discurso en francés, decía que finalmente los latinos terminan ganándole a los sajones y conquistando Norteamérica. Vos lo que estás planteando ahora es que, en realidad, los inmigrantes terminan haciendo que América Latina pase a ser fundamental para que el presidente de Estados Unidos pueda ganar y mantenerse en el poder; decía quien fuera, pero es fundamental.

Entonces, hay que integrar: el próximo presidente podría ser Marco Rubio. Muy posiblemente, digo, Marco Rubio o José Pérez, pero falta un presidente latino. Presidente latino, y que lo habrá, no tengas la menor duda.

La única posibilidad hoy es convertir a un latino en un WASP, que es lo que propone… claro, trabajarlo: un blanco, sajón, protestante. No es lo mismo un mexicano de origen, como Marco Rubio, con pasaporte americano. Entonces lo transforma en un WASP, en alguien que discrimina incluso a su propia familia.

Hijo de europeos, descendiente de europeos: finalmente, ese latino es tan caucásico como tu hijo o como el propio Trump. Así, las vueltas de la vida hacen que, como decía Mitterán, los latinos conquisten Estados Unidos, y Venezuela se convierta en un problema, y Cuba, en un problema nacional, no internacional.

El país de los inmigrantes que es Estados Unidos: Trump tiene al lado del padre al abuelo inmigrante y del lado de la madre, la madre. Es un país que desarrolló, como hecho electoral, la exclusión del inmigrante, o la idea de que el inmigrante… hay un porcentaje que se dedica al delito, por supuesto, pero la mayoría no. Sin embargo, él ha logrado esta nacionalización, tal como vos decís. Entonces, el tema no es que aspire a quedarse con América como zona de influencia.

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Además, lo dice en su discurso: es Canadá, es Argentina, es Venezuela, es Cuba; todos estos son los Estados Unidos de América. Todo esto es América. Para los americanos —nosotros hablamos de los norteamericanos, ellos hablan de los americanos—. Esto lo lleva a la práctica en forma brutal. No es una interpretación tuya o mía: él nos lo dice.

MV / EM