En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el analista internacional Claudio Fantini definió la escalada en Medio Oriente como “uno de los acontecimientos más sísmicos, incluso mucho más allá de la región directamente afectada”, y advirtió que el régimen iraní atraviesa una “situación inédita” tras haber sido “decapitado” por primera vez en su historia. Según su interpretación, Teherán estaría buscando “crear un caos global en el cual poder refugiarse”, apostando a “un sacudón tan fuerte en la economía global que haga que muchas potencias presionen a Washington” y le permita sobrevivir, en un escenario donde “todas las preguntas están en el aire”.
Claudio Fantini es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica Argentina. Es un destacado politólogo, periodista y analista de política internacional. Es mentor de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Siglo XXI, donde se desempeña como profesor.
Me imagino que no durmió el fin de semana y que en su frondoso estudio sobre relaciones internacionales lo que pasó este fin de semana en Medio Oriente, debe ser uno de los hechos más importantes de las últimas décadas. ¿Cómo lo evalúa usted?
Sí, se trata de uno de los acontecimientos más sísmicos, incluso mucho más allá de la región directamente afectada. Es el mundo el que está mirando con preocupación y ahí precisamente me da la impresión de que hay una clave de interpretación de esta estrategia que ha puesto en marcha el régimen de Irán, que es tan desconcertante.
Porque lo lógico de un país que no está en guerra contra un enemigo poderoso es que salga a buscar aliados. Y lo que está haciendo Irán no es salir a buscar aliados, sino multiplicando los enemigos. Este proceso de acumulación de enemigos desde que comenzó el conflicto es desconcertante, pero puede tener una lógica.
En mi interpretación, la lógica es que lo que busca el régimen es crear un caos global en el cual poder refugiarse. Los cálculos que habrán hecho los estrategas, sobre todo los del Consejo de la Guardia de la Revolución Islámica, que es la cabeza militar del régimen, los cálculos que habrán hecho los llevaron a la siguiente conclusión:
Pelear, estar en guerra contra Estados Unidos e Israel, o estar en guerra contra Estados Unidos, Israel, todos los países árabes más los países europeos, es más o menos lo mismo. Y en la segunda posibilidad está la de generar un sacudón tan fuerte en la economía global que haga que muchas potencias presionen a Washington para que esto termine cuanto antes y le permita al régimen sobrevivir.
El largo camino hacia la guerra con Irán
Parece plausible como análisis, aunque absolutamente temerario, ¿no?
Tiene algo de juego suicida eso. Yo siempre, en estas instancias, cuando me ha tocado analizar ataques yihadistas, bueno, tal componente suicida… Y el yihadismo no es solo algo que se practica individualmente, eso de inmolarse en una acción de guerra o en un acto terrorista. Podemos estar viendo a un régimen yihadista, pero también podemos estar viendo un régimen que está haciendo lo que ve como única posibilidad de salvarse.
Un sacudón tan fuerte en la economía global que haga que las voces empiecen a tronar sobre Washington, incluida la de los propios norteamericanos. Porque una cosa es que los israelíes quieran destruir el régimen iraní. Eso se entiende, porque el régimen iraní siempre planteó, desde que estuvo Jamenei en el máximo liderazgo, como principal objetivo la destrucción de Israel. Entonces, tiene lógica que Israel quiera destruir un régimen que quiere destruir al Estado de Israel. Pero eso no es lo mismo para los Estados Unidos. No lo deben sentir así los estadounidenses.
Muchos norteamericanos se preguntarán por qué, además de Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu puede arrastrar a Donald Trump a los conflictos cuando Netanyahu dice que es el momento de hacerlo. Yo creo que Trump puede llegar, dentro de no demasiados días, a ser sensible a la presión externa e interna para que ponga fin al conflicto. Pero bueno, estamos en un escenario absolutamente inédito. Nunca en Irán el régimen había sido decapitado.
La única sucesión de un máximo líder a otro supremo ocurrió en 1989, pero fue por la muerte natural de Ruhollah Khomeini, el creador de la teocracia chiita duodécima que impera desde 1979. Al morir Khomeini, como fue una muerte natural, la sucesión no fue forzada. El consejo de la Asamblea de Expertos, que es el que elige al sucesor, donde 88 clérigos deliberan y eligen al sucesor, tuvo en cuenta al ungido por Jomeini. Y el ungido por Jomeini fue quien ocupaba la presidencia en ese momento: Ali Jamenei.
Quién es Mojtaba Jamenei, el posible sucesor de Alí Jamenei en Irán
Ahora esto está ante una situación inédita. Por primera vez, en su casi medio siglo de historia, el régimen fue decapitado y vemos situaciones que generan dudas sobre si hay un poder central y si está siendo acatado.
Teóricamente, por estas horas, en la cima del poder está un triunvirato que integran el presidente, el jefe de gobierno, que es Masoud Pezeshkian; el titular del Poder Judicial; y un miembro del Consejo de los Guardianes de la Revolución Islámica, allegado a ellos, que es Arif, que es uno de los posibles sucesores, aunque no se sabe si está vivo por estas horas.
Pero hay que ver si ese triunvirato está siendo efectivamente acatado, si logró el legado que tenía el ayatolá asesinado el sábado, hay que ver si ese triunvirato lo tiene, como hay que ver qué pasa cuando asuma un sucesor. Habrá que ver si logra el apoyo de todas las facciones o si el régimen está encaminado a una implosión que se dará en forma de lucha de facciones.
Usted sabe que hablábamos con un colega suyo y nos había sintetizado algo así como que Trump creyó que Irán era como Venezuela y le terminó resultando como Ucrania. Que suponía que era algo rápido, puntual, y finalmente se encontró con que se enfrenta a una guerra costosa, larga y dificultosa. ¿Usted percibe algún error estratégico por parte de Trump?
Porque hasta Venezuela lo logra: bajar el precio del petróleo, bajar entonces el precio de los combustibles dentro de Estados Unidos, que sería una medida popular en búsqueda de sus elecciones de medio término este año, en el otoño norteamericano. Ahora esto logra todo lo contrario. ¿Cómo lo ve usted en clave electoral norteamericana la decisión de Trump?
Sí, yo creo, como le decía recién, para los israelíes la idea de destruir el régimen islamista es tratar de destruir un régimen que ha proclamado como objetivo destruir Israel. Pero no es lo mismo para los norteamericanos. La sociedad norteamericana se guía por el bolsillo, se guía por que sus hijos estén en casa y no en un campo de batalla o arriba de un buque de guerra, se guía por los precios de los productos en los supermercados, por el precio de la vida, por la situación económica. Yo creo que esta guerra está siendo impopular.
O sea, la mayoría de los norteamericanos no están a favor de esta guerra y no tienen la misma lógica, obviamente, que tienen los israelíes. Es una situación totalmente diferente y ven en la continuidad de la guerra un encarecimiento económico que va a afectar negativamente la economía. Para Trump, la prolongación de esta guerra va a ir aumentando el costo económico y va a ir aumentando el costo político que tiene que pagar él.
Por lo tanto, creo que sí, como le dijo su entrevistado anterior, el cálculo debe haber sido que, con una superioridad abrumadora en materia de posibilidad de bombardeo, se llegó a la conclusión, aventurada y temeraria, de que bombardeando se podía solucionar esto sin poner pie en tierra. Y poner pie en tierra en Irán es entrar al laberinto del Minotauro, porque Irán es un país territorialmente gigantesco, tiene más de 90 millones de habitantes, tiene una geografía con distintas situaciones, zonas montañosas; es una geografía que representa el laberinto del Minotauro, una cantidad de riesgos enormes.
Y aunque la mayoría de los iraníes, creo yo, están en contra del régimen de los ayatolás, que ha sido siempre un régimen criminal. Ha sido siempre un régimen que se sostiene sobre la represión masiva. Así lo fue en 1999, cuando se produjo una suerte de Tiananmen estudiantil en Teherán y salió la represión de una manera brutal, dejando miles de muertos. Lo mismo en el 2009, que fue cuando fue la elección en que Mahmud Ahmadineyad fue reelecto, venciendo a Mir-Hosein Musaví, que era un candidato del ala reformista, del ala moderada del régimen, el ala dialoguista del chiísmo. Hubo una sensación tan grande de fraude que salieron las multitudes a las calles.
Y resistieron durante semanas esas protestas, pero finalmente el aparato represivo las diezmó. Igual que en 2019, cuando murió Mahsa Amini en manos de la policía de la moral, y lo mismo que en enero, donde las manifestaciones fueron gigantescas y la represión dejó por lo menos 7000 muertos, que es una cifra escalofriante. Pero la verdadera cifra podría estar más cerca de los 30.000 o incluso por encima de los 30.000. Es un régimen brutalmente represivo. La mayoría de la sociedad es contraria a ese régimen en Irán, pero la porción que apoya el régimen, en una población de 90 millones de habitantes tiene una dimensión oceánica también, aunque no sea mayoritaria. Por lo tanto, una guerra en territorio es algo que seguramente Trump ni siquiera evalúa.
Espera ganarla desde el aire, pero ahí está la pregunta: ¿podrá resistir Trump y mantenerse en esta guerra hasta que se le agoten los arsenales a Irán y tenga que sentarse a capitular? ¿O la presión internacional que intenta generar Irán con estos ataques a diestra y siniestra, en términos geográficos, generará el caos que termine haciendo que Trump diga: “Bueno, busquemos un final a esto”, y que el régimen sobreviva? Todas las preguntas están en el aire. Y me parece que una señal va a aparecer en la Asamblea de Expertos, que es la compuesta por 88 clérigos que son los que eligen a la autoridad máxima. Los que eligieron en 1989 a Ali Jamenei.
Esa asamblea se supone que está por estas horas deliberando. Y tiene varias posibilidades. Los nombres que más suenan son los de Mojtaba Jamenei, que es el hijo de Ali Jamenei. Hay muchas razones para pensar que es un radical, o sea, alguien de posiciones tan extremas como su padre, mucho más después de que murieron su padre, su mamá, su esposa y su hijito.
Por lo tanto, uno se puede imaginar una carga de rencor aumentando el fanatismo beligerante. Pero, cuidado, también quienes lo describen desde su cercanía hablan de un dialoguista, como alguien que tiene ganas de llevar el régimen hacia la moderación. Y eso tampoco se puede descartar. En definitiva, hace falta a veces un duro para cambiar de rumbo. Hizo falta un Charles de Gaulle para que Francia pusiera fin a la guerra contra el Frente de Liberación Nacional y reconociera la independencia de Argelia. El entendimiento con la OLP en las negociaciones secretas de Oslo lo pudo hacer Itzjak Rabin, uno de los generales que fue arquitecto de la sorprendente historia de la guerra de 1967.
Por ahí los más halcones son los más adecuados para los giros abruptos. Hay muchos ejemplos. Cristiani, de la extrema derecha salvadoreña, del partido de Roberto D’Aubuisson, un verdugo ultraderechista, fue quien firmó la paz con el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional. Por eso los nombres de Hassan Jomeini, que es el nieto de Ruhollah Jomeini, y de Mojtaba Jamenei están dando vueltas. Y yo creo que la elección puede ser un grito de guerra o puede ser el comienzo de un giro hacia una reformulación del régimen.
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