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MODO FONTEVECCHIA

El voto por la derecha extrema es otra forma de autolesión de los jóvenes, explica una experta en pedagogía

Carina Kaplan se refirió al rol que juega la escuela para contrarrestar las "expresiones del dolor social" en la juventud y advirtió: "Los chicos sienten que ya no forman parte de una comunidad".

Carina Kaplan, doctora en Educación, explicó por qué el voto de los jóvenes es otra forma de "autolesión"
Carina Kaplan, doctora en Educación, explicó por qué el voto de los jóvenes es otra forma de "autolesión" | Ministerio de Capital Humano

Carina Kaplan, doctora en Educación y autora de "Educar en la empatía", afirmó que el voto por la derecha extrema es una forma de "autolesión" que expresa el malestar de muchos jóvenes que no se sienten parte de la sociedad. En diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), sostuvo que la escuela debe asumir hoy una función reparadora frente al “dolor social” y aseguró: "No nos dimos cuenta de que los jóvenes estaban sufriendo".

Carina Kaplan es doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y magíster en Ciencias Sociales. Convención en Educación por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Posee un postdoctorado en la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Es profesora de la Universidad Nacional de La Plata. Además, es investigadora principal en el CONICET. Es autora de libros como "La afectividad en la escuela", "Violencia escolar bajo sospecha" y "Género es más que una palabra". Recientemente ha publicado el libro "Educar en la empatía", obra que aborda la importancia de validar lo emocional y construir una sensibilidad humana en la convivencia, especialmente en el ámbito escolar.

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Tu último libre es "Educar en la empatía", publicado en un momento donde la empatía no parece ser hoy un elemento fundamental. Probablemente esas personas que usted fue educando hoy son votantes y han elegido este tipo de líderes. La empatía, ¿es más o menos importante hoy? ¿Cambió la empatía? ¿Y qué pasa con el humor social general?

Efectivamente, estamos en un tiempo en donde se considera que hay que ser feliz a toda costa, que hay que mostrarse alegre, y estamos, de alguna manera, anestesiados por el dolor ajeno. Es decir, ya no importa lo que al otro le sucede. A mi criterio la escuela es un lugar central para la formación de la empatía, porque muchos niños y jóvenes a veces están solos en los hogares o los adultos significativos no se pueden hacer cargo de ellos desde el punto de vista de la responsabilidad emocional. Entonces, la escuela, al formar en la empatía, educa la sensibilidad por el otro, para que el otro me interese, para que el otro sea un igual a mí, para convertir al otro en un próximo o prójimo. No solo hay que pensar al otro en términos conceptuales, sino también aprender a sentir al otro con empatía, con solidaridad. Son valores que efectivamente no están presentes en nuestras sociedades y que la escuela tiene esta función.

La función principal de la escuela hoy es la de la reparación de las heridas sociales, porque una de las emotividades vertebradoras de esta época es el sufrimiento. La gente sufre, los niños sufren, los jóvenes sufren. Hay que pensar cómo hacer desde la escuela para interrumpir esas formas de sufrimiento y para mostrar una experiencia en común, una experiencia de lo que denomino la felicidad colectiva. Es decir, cómo desde la escuela se puede contrarrestar esas experiencias o narrativas del dolor social. Nosotros, en nuestras investigaciones con nuestros equipos, venimos trabajando sobre las violencias en la escuela como expresión o signo de un dolor social, porque detrás de toda forma de violencia hay sufrimiento. Hay que pensar en el sufrimiento, pensar en esa emotividad y cómo la escuela puede ser una institución que tiene un efecto protector.

Uno percibe que, a lo largo de la historia de la humanidad, hubo cambios de la subjetividad. Por ejemplo, en el pasado daba pudor mostrar la rodilla y hoy la desnudez no produce ningún pudor, pero el pudor sigue existiendo. Uno de los elementos que uno percibe también a lo largo de la historia es que el hedonismo es creciente. La tecnología ha ido produciendo reducciones de la cantidad de dolor y una sociedad más hedonista, y es muy común ver que cada generación es un poco más hedonista que la anterior. ¿Esto explica el individualismo y la menor empatía? ¿A más hedonismo, menos empatía?

Claro. A mí me parece que es muy interesante lo que traes porque se refiere a las transformaciones en la intimidad. Es importante que el sufrimiento se haga público en la escuela porque eso permite elaborarlo y validar lo que sienten los estudiantes. A veces, cuando formo a los maestros, les digo: “Nosotros venimos de una sociedad en donde a los varones se les decía: los hombres no lloran”. Y eso genera un estilo afectivo, y eso en los hogares todavía está presente. Para ser varón necesitas esconder tus sentimientos. Entonces, la escuela les ofrece una oportunidad de poder validar lo que sienten, compartir lo que sienten, socializarlo.

Nosotros estamos muy preocupados por los intentos de suicidio y las autolesiones, que son expresiones del dolor social. Hay un profundo sufrimiento de estos jóvenes, de estos niños cada vez menores de edad, que están sufriendo. Entonces, hay que entender cómo hacer desde la escuela para que ellos conversen sobre estas temáticas, para que lo sientan como un territorio de confianza.

De hecho, los niños y jóvenes valoran mucho el estar en compañía con nosotros porque en la pandemia la experiencia de soledad se ha extendido. Los niños y las niñas expresaron soledad, y se puede estar en compañía de los otros, pero también se puede estar rechazado. Por eso, para nosotros la violencia nunca es suave, en el sentido de que tiene siempre un efecto de daño emocional, tanto las humillaciones, las burlas y los apodos, porque en la cultura digital se acrecientan. Entonces, tenemos que entender cómo hacer para que el niño vaya construyendo una autoestima.

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¿Había bullying hace 25 años y estaba solapado, o el bullying creció por alguna razón?

Estudié bastante esta temática porque a mí me gusta más hablar de violencia en la escuela que de bullying, porque el bullying tiene una connotación más judicializante de la cuestión. El bullying nace comparando los comportamientos con el código penal y, en realidad, en las instituciones educativas son de otra naturaleza.

¿Había la misma violencia que hoy hace 25 años?

Te voy a contestar con cuestiones históricas. Cuando nace el sistema educativo estatal, tal como lo conocemos, nace ligado al castigo físico. La pedagogía era disciplinadora a través de la violencia contra el cuerpo de los niños, pero eso no se consideraba violencia. Es decir, el sistema educativo nace con el castigo, que es una violencia naturalizada. Entonces, yo lo veo más optimistamente y no digo que hay más violencia que antes, porque si lo comparamos en términos históricos con el castigo físico, es menor la violencia en términos de que lo que se ha transformado es la sensibilidad por la violencia. Hoy consideramos violencia cuestiones que antes estaban naturalizadas y no las considerábamos tal. Por eso es importante avanzar en la escuela y también en la familia hacia una pedagogía del cuidado de los niños.

Evidentemente hay una violencia vertical y una horizontal: la que ejercía el maestro, que hoy está erradicada y se considera inaceptable, y la violencia entre pares. ¿Hay menos freno inhibitorio para producirle a un compañero violencia hoy que hace 20 años?

Es así porque en realidad no estamos educados para sentirnos afectados por lo que al otro le sucede. No tenemos un compromiso con el otro y por eso es tan importante que las maestras, los maestros y los profesores podamos educar justamente en que el otro se interiorice como un ser valioso para mí y entonces que haya una suerte de igualdad afectiva, porque no nos olvidemos que el otro tiene que ser igual a mí para poder representarme el daño que le hago al humillarlo. También en la vida universitaria, que es un lugar donde se descuidan bastante los vínculos afectivos, en términos de pensarlos y promoverlos. No solo es violencia física, sino que lo que ha aumentado es la violencia simbólica, esa violencia que uno puede considerar más suave, pero yo me pregunto si no hiere igual una piña que una palabra. Me refiero a la palabra del maestro y también la palabra de los pares generacionales, de los compañeros.

Ahora estoy indagando mucho sobre el valor de la amistad en la escuela, de los vínculos afectivos, y qué importante es cuando un niño logra, o un joven logra, ser amigo en la escuela. Ahora se dice el amigo por plataforma, pero no tiene la misma intensidad el vínculo que uno genera con un compañero. Cuando decimos que nos quedaron compañeros amigos de toda la vida, significa que la amistad tiene que ver con el amor y el amor es una emoción vertebradora de lo social y es la que constituye el lazo social. Por eso los niños y los jóvenes que se autolesionan o que tienen prácticas de suicidio u otras formas de roce con la muerte, lo que sienten es desamor. Entonces, ¿cómo se hace para reponer el amor, que es un amor político? Todas las emociones son políticas y no hay que reducirlas a la esfera de lo privado, y entonces hay que poder reponer ese carácter público de la emoción en el aula.

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Está claro que entre los votantes de partidos de derecha y extrema derecha, hay mayor proporción de jóvenes que de gente mayor. ¿Notaste algo en los cambios en los últimos 20 años que permitieran predecir que la escuela estaba produciendo jóvenes que luego elegirían este tipo de ideologías?

Considero que no nos dimos cuenta de que los jóvenes estaban sufriendo. Pienso en la pandemia, donde fueron los grandes descuidados, los grandes olvidados. Y entonces creo que cuando uno está bajo formas de sufrimiento, lo que necesita es un Estado protector, que los cuide, que no los abandone, y una política también educativa que pueda estar atendiendo. Hoy se llaman "problemas de salud mental", pero es más allá de la salud mental. Tiene que ver con la posibilidad de integrarse, de formar parte, de sentirse parte.

A mí me asombran los grupos focales que nosotros hacemos en las escuelas y conversamos con los estudiantes, y hace tiempo que los chicos sienten que ya no forman parte de una comunidad y los adultos nos hemos corrido de nuestra función de poder volver a nuestra sociedad a un lugar más habitable. Ellos lo pagan con el cuerpo, lo pagan con su sufrimiento. Entonces, por eso es interesante, y sí creo que tiene que ver con la micropolítica de las instituciones abordar el sufrimiento y pensar en el sufrimiento como dolor social, porque las autolesiones, por ejemplo, han sido pensados como reducto de lo privado. Todos pensábamos que si alguien se autolesiona, se corta en la piel, era un problema patológico individual.

¿Entonces una forma de autolesión es su voto?

Creo que es una forma autodestructiva, sí. Es una forma que tiene que ver con mostrarnos a nosotros que no se sienten parte de esta sociedad que construimos.

¿Es un grito?

Sí, creo que es un grito desesperado para vivir de otra manera y me parece que hay que escucharlo. A mí me preguntan por qué en los últimos años estoy hablando tanto de sufrimiento, porque yo venía hablando de la violencia simbólica que tiene que ver más con las burlas, los apodos, entendiendo que eso tiene un efecto en las trayectorias y en la historia vital. Hay adultos que cuando relatan su historia escolar y sufrieron humillación lo recuerdan con un hecho muy doloroso. Ahora bien, cuando la sociedad no les da lugar, no les da espacio, los invisibiliza, ellos responden con su propio cuerpo.

TV/fl