El dirigente radical Ernesto Sanz analiza el escenario político argentino actual, al que caracteriza como un ecosistema de extremos antagónicos que define como dos variantes de populismo, y advierte sobre la necesidad de construir una alternativa de centro mientras expresa incertidumbre sobre el futuro del PRO y cuestiona la eliminación de las PASO como una estrategia para ordenar la oferta electoral y consolidar el poder hacia 2027.
“Para Milei, garantizar la reelección hoy, cerrando alianzas, es clave para administrar el Gobierno”, sostuvo en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), al señalar que el oficialismo busca definir el escenario político antes del proceso electoral y reforzar su sustentabilidad política en el tiempo.
Ernesto Ricardo Sanz es un dirigente político argentino, abogado y referente de la Unión Cívica Radical (UCR). Se desempeñó como una figura importante dentro del radicalismo y tuvo una extensa trayectoria política: fue senador nacional por Mendoza entre 2003 y 2015, intendente de San Rafael entre 1999 y 2003 y senador provincial en Mendoza durante la década de 1990. También presidió el Comité Nacional de la UCR en dos períodos (2009-2011 y 2013-2015), y fue uno de los dirigentes clave en la construcción de la alianza Cambiemos en 2015 junto a Mauricio Macri y Elisa Carrió. En 2015 compitió en las PASO como precandidato presidencial dentro de ese espacio, pero perdió frente a Macri.
—Extrañaba nuestras largas conversaciones en la época en que había disquisiciones sobre la relación PRO y radicalismo. Parte del silencio que usted mantuvo con los medios de comunicación durante bastante tiempo y ahora una mayor comunicación debe indicar algo que usted está sintiendo sobre el cambio de clima político. ¿Qué lo motiva a volver a hablar, qué lo motivó antes a no hacerlo y cómo percibe la actualidad política?
—En realidad hablar o no hablar tiene que ver con distintos períodos, pero nunca dejé la participación política, aunque no en cargos públicos, sino siempre tratando de estar cerca de mi partido, de los funcionarios, de los que ocupan lugares en mi partido, sean gobernadores, intendentes, legisladores.
Estoy viendo que se está generando un ecosistema político que a muchos, como yo, no nos gusta. Un ecosistema político construido a partir de dos extremos antagónicos que se retroalimentan, que se necesitan, que uno no podría vivir sin el otro, porque unos apuestan al futuro o al presente y los otros apuestan al pasado, y a la vez cada uno de ellos sale a combatir esos argumentos. “No volvamos al pasado”, dicen unos, con este presente o ese futuro que tampoco la Argentina va a ser próspera, dicen otros. En definitiva, son idas y vueltas desde los extremos que yo personalmente lo tengo definido como dos modelos dentro del populismo.
El populismo siempre es uno solo. No hay clases de populismo. El populismo es uno solo, lo que pasa es que se muestra con distintas caras, pero siempre es uno solo. Y aquí yo creo que estamos viviendo una de las tantas caras del populismo, como la vivimos en el pasado con el kirchnerismo.
Pero vuelvo al ecosistema político: me parece que esta construcción no es solo un problema teórico. Esta construcción está dejando afuera de esos dos techos a argentinos que no comparten los extremos, que va más allá del siperismo. Ahora, muchos colegas suyos están usando, esta idea del siperismo. “Nos gusta Milei, sí, pero…” o “nos gusta el kirchnerismo, sí, pero…”. Yo creo que es más profundo. Yo creo que hay que pensar cuál es el modelo definitivo de salida, cuál es el modelo al cual la Argentina tendría que apostar para tener progreso y prosperidad con estabilidad.
Y me parece que es un debate muy interesante, e inclusive es un debate que hay que adosarle el ingrediente electoral. Obviamente estamos a un año y casi medio de las próximas elecciones y es inevitable que todo esto tenga un análisis también electoral, pero va mucho más allá de lo electoral. Es una cuestión de fondo, es una cuestión de modelo cultural, social, económico, democrático que uno pretende para la Argentina.
Pero vuelvo a lo más pedestre: en esa configuración de este nuevo ecosistema de dos extremos, yo entiendo que hay espacio, hay lugar, incluso hay necesidad, es imprescindible que exista una representación política de esa enorme cantidad de argentinos que, insisto, no se sienten representados por ninguno de los dos extremos.
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—¿Estamos a tiempo para construirla o no?
—Es un gran debate. ¿Desde dónde se construye, con quiénes se construye, cómo se resuelven las disputas? Es todo parte del desafío, pero yo creo que los partidos políticos, los sectores, las personas individuales que intenten hacia el año que viene tener otro tipo de representatividad tienen que hacer el esfuerzo de tratar de construir algo diferente a lo de los extremos.
—Usted fue el gran constructor de esa alternativa en aquel 2015, en aquella previa reunión en Gualeguaychú, y usted fue el factótum de la construcción de la amalgama de una alianza que permitió ganarle al kirchnerismo. Dicen algunos analistas que Milei puro tiene entre 30 y 35% de votos, que más o menos se vienen demostrando a lo largo de las distintas elecciones, que el peronismo está en su piso en alrededor del 30% si fuera unido y ni que hablar si fuera separado. Por lo que, por primera vez, dado que otras encuestas demuestran que el 65% de la población está en contra de Milei, queda un 40% para esa alternativa que no esté en ninguno de los dos populismos, o la tan famosa inventada tercera posición. Ahora sí hay posibilidades de que la tercera posición sea mayoritaria. Y usted decía: “El tema es con quién armarlo”.
La pregunta inevitablemente viene al PRO. Usted fue el que le dio vida a Cambiemos transformando al PRO, que era un partido de derecha, en un partido de centro, llevándolo hacia el lado del radicalismo. ¿Qué posibilidades ve usted hoy de este PRO más corrido a la derecha, siguiendo los humores de la época, de que pueda volver a correrse al centro para integrar ese sector que represente esta tercera vía?
—No lo sé y se lo digo con toda y absoluta sinceridad porque no sé cuál va a ser la suerte que va a correr el PRO.
Por eso es que en esta primera etapa, junto a un grupo de amigos del radicalismo, nos estamos abocando mucho más a tratar de recomponer, recuperar, darle relevancia al propio radicalismo para después pensar en los que están al lado. P
Pero la verdad es que no sé qué va a pasar con el PRO. Tengo para mí que uno de los objetivos del gobierno, así como el objetivo electoral central es fortalecer la polarización y tratar de arreglar con los gobernadores y con todos los aliados para que haya una sola fórmula encabezada por Milei el año que viene. Tengo la convicción de que dentro de ese plan global, de ese master plan que tiene el gobierno, está el de ir por el PRO, o absorber al PRO, o hacerlo desaparecer, o qué sé yo, todas las cosas que uno se imagina cuando alguien va por otro. Entonces yo hoy no me animaría a decirle qué va a pasar con el PRO, porque eso lo tendrían que responder las propias autoridades del PRO.
Ahora bien, sí le podría decir que el radicalismo tiene que salir en algún momento a recuperar su identidad nacional, su dimensión nacional, para ir en busca de aliados. En este mundo de coaliciones y en esta debilidad sustancial que tienen los partidos políticos en la Argentina, a nadie se le ocurriría decir que un solo partido pueda cometer semejante desafío.
Dentro de ese mundo, ¿estará el PRO o no? No lo sé.
—¿Quiénes podrían ser los aliados de ese radicalismo reunificado? Me animo a plantear lo que es el socialismo santafesino, que siempre ha sido un aliado del radicalismo durante mucho tiempo. Me animaría a decir un peronismo extraño como el peronismo cordobés en una provincia radical. Se autopercibe radical, pero vota un peronismo, el famoso peronismo blanco. Creo que dentro del PRO quedan sectores socialdemócratas, que de haber una unión de una parte del PRO con La Libertad Avanza se sentirán incómodos. ¿Cómo imagina usted qué sectores serían potenciales aliados de ese radicalismo recuperado?
—Esta es una muy buena pregunta, porque uno a veces cae en la trampa, yo también caigo, y quizás en este ratito de charla he caído en esa trampa de circunscribirlo a lo que serían las organizaciones políticas tradicionales, sus sellos, sus símbolos y sus nombres.
En ese sentido, uno diría que debería confluir con esa parte del PRO institucionalizado, pero que se aleje del gobierno, con la Coalición Cívica, con el socialismo, con ese peronismo que usted ha definido.
Pero la verdad es que, circunscribirlo a los sellos, a los nombres o a los símbolos, queda bien para ubicarse, pero yo no sé si queda tan bien como para construirlo en la práctica esto, porque está tan diluido todo y tan anarquizado.
A mí me interesaría más plantearlo como un desafío para todos aquellos protagonistas y sectores y organizaciones que entiendan que la Argentina merece o necesita una representación diferente a la de los extremos.
En esa frase, que parece teoría pura, pero que en realidad es una frase importante, yo englobo evidentemente a fuerzas federales, a fuerzas nacionales que tienen historia, partidos, a organizaciones, a redes.
En definitiva, creo que es un desafío colectivo, plural, muy importante, mucho más en la sustancia que en los nombres y apellidos que puedan estar. Aunque, tampoco soy un ingenuo. Sé que en algún momento de ese camino, más temprano que tarde, porque la política es de carne y hueso, habrá que encontrar alguien o algunos que vayan a una PASO, por ejemplo, que puedan presentar de carne y hueso a este colectivo.
—La primera misión del nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, es eliminar las PASO, y lo ha hecho de manera expresa con 16 gobernadores en una foto y con declaraciones públicas en cada uno de los reportajes que viene dando en estos últimos días: eliminar las PASO, eliminar las PASO, eliminar las PASO.
—Ese es el objetivo del gobierno. El gobierno sabe que la herramienta más eficaz que se tiene hoy en la política para construirle una alternativa es la PASO, junto con el balotaje.
La PASO y el balotaje son dos cartas imprescindibles para construir una alternativa opositora. La PASO permite dirimir las candidaturas, que al fin del camino son nada más y nada menos que la piedra a sortear. Entonces, una PASO permite dirimir candidaturas al estilo de lo que fue Cambiemos en el 2015.
Y el balotaje es un escenario interesantísimo para romper la polarización, porque si usted llega al 2027 con dos opciones, como dirían en los aviones, pasta o pollo, en este caso Milei versus Kicillof, el sistema político está rengo y se pierde la oportunidad, vía balotaje, de ir hacia un escenario de acuerdo que hace muchísimo tiempo no se da en la Argentina.
Yo me imagino el año que viene, al revés, en vez de dos, pasta o pollo, compitiendo tres o cuatro opciones. Supóngase dentro del no peronismo dos, y dentro del peronismo otras dos.
Convengamos que, aunque no nos guste o aunque algunos teóricos no lo acepten, la Argentina sigue siendo división entre peronismo y no peronismo. A mí a veces hasta me cuesta aceptarlo, pero supongamos que el año que viene usted tiene esas cuatro opciones en lugar de dos.
Ninguna de ellas llega a ganar en primera vuelta como para ser ungida en primera vuelta. Y entonces, a partir de ahí, nace un escenario de segunda vuelta muy interesante. Yo creo que eso hay que explorarlo.
El gobierno, usted lo ha dicho bien, en el segundo día de Santilli, el primer día ayer lo dedicó, según lo que estoy leyendo, a ir al Senado para conseguir los votos para eliminar el subsidio de Zona Fría. Gran dolor de cabeza para algunos gobernadores que van a tener que decidir de qué lado se ponen.
En segundo lugar, creo que ahí arranca la segunda gira o la segunda parte del plan: ir a recorrer gobernación por gobernación para ofrecerles el menú. ¿Y cuál es el menú del gobierno? Muy sencillo: te dejamos que desdobles la elección en la provincia, no te ponemos un candidato competitivo de tal manera que vos puedas reelegir o poner un sucesor propio, pero eso sí, tenés que aceptar que se eliminen las PASO, que vayamos en una boleta única con Milei a la cabeza y te damos la posibilidad de colectoras en tu provincia para que pongas tus legisladores nacionales, que como toda colectora suman a la boleta única presidencial.
Ese es el menú. Santilli va a recorrer el país con eso. Está claro, lo ha manifestado.
—¿Podrá juntar las mismas voluntades de la foto del martes con 13 o 14 gobernadores?
—Sería muy interesante llamarlos uno por uno y que usted les pregunte a los gobernadores.
—Estamos haciéndolo. Esa era la tarea que ya hacía Santilli como ministro del Interior. La tarea de un jefe de Gabinete es administrar el gobierno, la del ministro del Interior es la relación con los gobernadores.
—Administrar el gobierno, que usted bien lo ha dicho, que sería el título o la categoría sobre la cual uno piensa una jefatura de Gabinete, es pensar en ganar en el 2027.
El gobierno tiene un problema de credibilidad y de confianza, no solamente adentro sino afuera de la Argentina.
La gente se pregunta adentro y afuera: “¿qué garantías tenemos nosotros de que este es un proyecto, este es un modelo sustentable en el tiempo, que va a ser más de un mandato?”, es decir, que además de los cuatro años después vienen otros cuatro años con el propio Milei, con las propias reglas de juego.
Entonces el gobierno no puede llegar al 2027 a que esto se resuelva por el azar o por la voluntad soberana de la gente expresada ese día.
El gobierno quiere arreglarlo hoy, quiere mostrarlo hoy, quiere cerrar hoy con los gobernadores, quiere eliminar las PASO hoy, quiere cerrar el acuerdo de Milei único candidato hoy. Y de esa manera salir con esa papeleta adentro y afuera del país a decir: “acá está, este es el reaseguro de los próximos cuatro años”.
Y esa es una razón de gobierno, no es una razón electoral, es una razón de gobierno.
El que no lo entienda así está mirando otra cosa.
—Maravilloso. Lo dijo de la manera más clara y didáctica posible. Hoy la razón del gobierno, más que la administración del día a día, es poder garantizar su reelección el año próximo, y eso le ordena el gobierno.
Hoy tenemos al jefe de Gabinete haciendo la tarea de ministro del Interior.
MV