En una profunda conversación con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190) Facundo Manes, presentó su nuevo libro, Vulnerables, una obra coescrita junto a Mateo Niro que aborda el impacto emocional de las nuevas tecnologías en el ser humano. Lejos de las luces del marketing político tradicional, Manes propone una mirada disruptiva en tiempos donde el éxito se mide bajo la lupa del narcisismo digital y la aparente infalibilidad.
Para el científico y legislador, la clave de la etapa histórica que viene no radica en esconder nuestras fragilidades, sino en abrazar la vulnerabilidad como una fortaleza humanizante y una herramienta indispensable para construir resiliencia.
Sin embargo, el diálogo no se quedó únicamente en el plano filosófico y médico. Fiel a su estilo reflexivo pero punzante, el fundador del espacio Para Adelante trazó un paralelismo directo entre la psicología humana y el ejercicio del poder en la Argentina.
Manes analizó los peligros de los "proyectos narcisistas" en los sucesivos presidentes y dejó una dura radiografía sobre la degradación institucional del Congreso, detallando la crudeza y desprotección que vivió en carne propia tras saltar del protegido mundo de la ciencia al barro de la política electoral.
Facundo Manes es diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. A lo largo de su mandato integró el bloque Democracia para Siempre y lanzó su propio espacio político denominado Para Adelante. Si bien fue una figura destacada de la Unión Cívica Radical, más tarde se alejó de la estructura partidaria tradicional para construir una alternativa por fuera de las coaliciones principales.
Facundo, un gusto grande hablar con vos y felicitaciones por tu nuevo libro, Vulnerables: el impacto emocional de las nuevas tecnologías y el ser humano. Quiero compartir con la audiencia que hace unos años fuiste la persona que más libros vendió en la Argentina, así que supongo que debe generar mucha expectativa. Contanos por qué ahora Vulnerables y, obviamente, después sigo con el tema Adorni y la política, pero primero quiero escucharte sobre tu libro.
Gracias, Jorge, siempre un placer hablar contigo. Vivimos en una paradoja moderna. Más allá de la gente que vive en la pobreza, más allá de la gente que vive en guerra, en general, en términos materiales, hoy tenemos antibióticos, tenemos tecnología, tenemos un confort material que ni un rey hace 500 o 1000 años se hubiese imaginado. O sea, vivimos en términos materiales una gran parte de la humanidad mejor que nunca, pero nos sentimos peor que nunca. Es una paradoja moderna: hay grandes prevalencias de problemas de salud mental, de depresión, de abuso de sustancias, de ansiedad, de insomnio, de estrés. Así que la paradoja es que vivimos mejor, en gran parte de la población, en términos materiales, y nos sentimos peor. Ese es uno de los mensajes del libro, donde tratamos de explicar por qué. El otro mensaje es que vivimos en una época donde hay liderazgos y un concepto del éxito basado en ser invulnerables. Yo creo, y con Mateo Niro —el coautor del libro— creemos que la vulnerabilidad es una herramienta fascinante y que ahí hay mucho poder; hay un poder en la vulnerabilidad. Queríamos transmitir la vulnerabilidad no como un defecto o como una debilidad, sino como una fortaleza que nos hace justamente sentirnos más humanos, que es un poco lo que creo que va a primar en la etapa que viene, en esta etapa de la inteligencia artificial lo humano va a prevalecer.
Te escucho y lo primero que me viene a la mente es la era del narcisismo, ¿no? Donde, en realidad, lo contrario a la vulnerabilidad es la invulnerabilidad, que es propia del narcisismo, de quererse invulnerable. Los superhéroes son invulnerables; Superman era invulnerable. ¿Hay una relación, en ese malestar contradictorio en el que se tienen cada vez más bienes materiales y cada vez menos satisfacción, con que el problema es creerse invulnerable cuando realmente uno es vulnerable, o todo humano es vulnerable?
Somos, por suerte, somos vulnerables. En la vulnerabilidad hay una posibilidad enorme de compasión, de comprender... pobre el que se sienta invulnerable. Yo, a diferencia de lo que piensan muchos, creo que la invulnerabilidad no existe. Todos somos vulnerables y hay que aprovechar esa vulnerabilidad para que nos dé el camino a la compasión, a conocernos a nosotros mismos. Creo que hay una gran fuerza en la vulnerabilidad. No me parece que nadie sea invulnerable; me parece que hay un esfuerzo para parecer invulnerable, y ese es un esfuerzo que se transmite a través de las redes sociales, de los conceptos culturales modernos. Pero yo veo un gran privilegio en la vulnerabilidad, y la vulnerabilidad es una herramienta que nos permite también aceptar el dolor. Yo, como médico, también te puedo decir esta parte: las situaciones extremas de dolor o adversidad pueden abordarse con experiencias de aceptación, compasión, altruismo, que nos permiten entender en profundidad nuestra vulnerable condición de seres humanos. Negar eso es un esfuerzo enorme y nos lleva a mayor insatisfacción.
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Hacia eso iba. Probablemente parte de esa insatisfacción es creerse invulnerable y, por lo tanto, como es un imposible, siempre va a generar una frustración.
Exactamente, exactamente, Jorge. Y también te digo que hay un capítulo del libro que creo que te va a interesar. El libro lo escribimos con Mateo Niro, y hay una parte en la que hablo de la vulnerabilidad de entrar en política, que a muchos les va a resultar interesante. En el pico de mi carrera como neurólogo y científico a nivel internacional, no es que fui designado como ministro de Salud de un intendente, gobernador o presidente que te respalda. Me metí en una campaña electoral casi contra todos en ese momento: contra el peronismo y para ganarle la interna al PRO en la provincia de Buenos Aires, nada menos. Lo que aprendí es que, a diferencia de la medicina y de la ciencia —donde la evidencia, los datos, el prestigio, las universidades y los papers científicos te protegen—, en la política no te protege nada. Ahí cuento la vulnerabilidad que significó para mí pasar de un ambiente protegido por la evidencia, por la ciencia, por las universidades y por los títulos, a un ambiente donde vale todo. Así que creo que también hay una exposición personal en un capítulo del libro que va a resultar interesante para todos los que quieran meterse en política desde afuera.
Más allá de la política misma, es decir, asumir el desafío. Entiendo, por carácter transitivo, que podrías decir que el éxito no te hace crecer y el fracaso sí; el fracaso te enseña. Adam Smith decía que la recesión es inevitable porque el ser humano, en el éxito, tiende al reposo, y que un poco de insatisfacción hace bien para desarrollar capacidades que, sin ella, a lo mejor no buscaríamos superarnos.
Exacto. Y la resiliencia. Me parece que un aspecto importante que los jóvenes van a tener que fortalecer en esta etapa de inteligencia artificial va a ser la resiliencia. La resiliencia no es evitar los problemas; es atravesar situaciones adversas y salir fortalecido. Un joven hoy, que va a vivir 90 o 100 años, va a tener que reinventarse en su vida varias veces. Personas como vos o como yo, aunque nos reinventamos —vos empezaste de una manera, Perfil tomó otro camino, te convertiste en el CEO de un imperio mediático; yo empecé como científico y médico, y ahora también le agregué una dimensión política—, nos hemos reinventado. Hoy un joven en su vida se va a tener que reinventar varias veces, no solamente dos o tres veces como nosotros. Y para eso hay que ser resiliente, porque va a tener fracasos, va a tener setbacks, va a tener adversidades. Ahí está la vulnerabilidad: aprovechar la vulnerabilidad es una fortaleza.
Facundo, a esas personas —y voy a entrar directamente en la política— que dijiste "pobre si se siente invulnerable", mi pregunta es si ese es un problema que tiene nuestro presidente. Como es imposible serlo, finalmente se enoja con mucha gente, casi con todo el mundo, porque lo que recibe no está a la altura de lo que él supone que tendría que ser. Es decir, se percibe invulnerable y descubre su vulnerabilidad.
Ese es el problema que tienen muchos presidentes, y ese es uno de los problemas que tenemos en Argentina, donde los presidentes se sienten dueños de la Argentina y sienten que su época va a ser la mejor y se va a prolongar, y todos terminan igual: mal. Creo que es uno de los problemas de la falta de respeto institucional de la Argentina. Muchos llegan a la presidencia, y la fuerza que les da llegar a la presidencia es su frustración personal o sus debilidades en algunos aspectos; buscan en la presidencia, en mi opinión, resarcir algunas debilidades de su vida, en vez de llegar con ganas de tener consensos y proyectos a largo plazo. Yo creo que la Argentina vuelve a estar, más allá de Milei, ante una gran oportunidad porque tenemos otro campo, que es la energía y la minería en paralelo, que por primera vez creo que nos puede tener cerca de evitar el problema de la restricción externa que ha signado muchas décadas de la Argentina. Pero si no aprovechamos esta posibilidad, como no aprovechamos otras, se puede perder esta gran oportunidad.
Si un presidente confunde al país con él o con ella misma, estamos en problemas. Creo que lo que nos falta hacer a los argentinos es entender que el presidente, o el Poder Ejecutivo, es un actor, pero los otros poderes importantes son el periodismo, la justicia y el Poder Legislativo. Lamentablemente, eso no funciona en Argentina. Funciona el periodismo en algunos casos, por eso el presidente está tan obsesivo con ustedes, porque, como vemos, el Parlamento da lástima, es una vergüenza. Yo sufrí mucho en el Parlamento, lo cuento un poco en el libro, porque vi gente que votaba en contra de sus convicciones. En los cuatro años que estuve como diputado, vi gente que, si entró por un espacio como el radicalismo, no podía votar en contra de la universidad pública, de los jubilados, de la ciencia. Y se votaba por lo que decía el gobernador, que arreglaba algunas cosas que nadie sabía, o por el cargo en la próxima elección, porque ese diputado o diputada tenía ganas de seguir existiendo en la política. Entonces, la sociedad ve que el Parlamento está muy desprestigiado, la justicia está intervenida e influenciada por la política, y lo único que queda más o menos como un electrón suelto es el periodismo; por eso se la agarran con ustedes. Pero sin esas instituciones, este país va a seguir siendo un proyecto narcisista de los presidentes, más que un proyecto de nación.
Facundo, impresionante. Impresionante convertir nuevamente esa experiencia en un libro que trasciende totalmente a la política y que va, otra vez, a la dimensión humana. Voy a leer...
Yo creo que lo que viene después de esto es lo humano, Jorge. No sé cuánto tiempo va a tardar, pero después de la crueldad, y en la era de la inteligencia artificial, lo más importante es lo humano.
Sé que recibo el libro la semana próxima, así que propongo lo siguiente: de acá a 15 días —me das una semana para leerlo— hacemos una nueva conversación. Lo quiero asociar con el ser para la muerte en la vulnerabilidad y la filosofía, pero acá en el piso y dentro de quince días, ¿te parece?
Me parece bárbaro y, aparte, yo sé que lo vas a leer porque sos un gran lector. Hay muchos que dicen "voy a leer tu libro", pero vos lo vas a leer, así que encantado.
Así va a ser. Nos vemos pronto entonces acá. Muchísimas gracias.