En un cruce tan apasionante como necesario entre la ciencia dura y el debate público, la reconocida bioquímica y biotecnóloga argentina Raquel Chan —líder del equipo que desarrolló la célebre tecnología transgénica HB4 de tolerancia a la sequía— analiza los prejuicios que aún giran en torno a los cultivos modificados genéticamente.
A lo largo de esta conversación en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Chan desmitifica la idea de lo "natural" en nuestra alimentación diaria, explica cómo la edición génica responde a los desafíos urgentes del cambio climático y detalla los rigurosos procesos de control que hacen a estos alimentos tan seguros como necesarios. Asimismo, la científica ofrece una mirada crítica y tajante sobre la situación del desarrollo científico y tecnológico en el país, advirtiendo sobre las consecuencias irreversibles de la fuga de cerebros y la falta de inversión estatal en la investigación básica.
Raquel Chan es bioquímica y especialista en biotecnología vegetal. Es investigadora superior del CONICET. Dirige el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral en la ciudad de Santa Fe. También es profesora titular de la Universidad Nacional del Litoral. Su trabajo revolucionó la agricultura global gracias al descubrimiento de genes que permiten desarrollar cultivos antisequía de trigo, maíz, arroz y soja, mejorando drásticamente la resiliencia de las plantas frente a las condiciones climáticas adversas.
Muy buenos días, un gusto hablar con usted, Raquel. Es muy interesante que usted es defensora de la seguridad de los alimentos transgénicos, incluso, si no entiendo mal, hasta tienen virtudes de las que carecen los que no lo son. Me gustaría que, de la forma más didáctica posible, nos pudiera explicar por qué.
Bueno, buenos días. Un gusto estar con ustedes. ¿Por qué? Porque tienen tantos controles de seguridad que terminan siendo más seguros que cualquier otro alimento. O sea, hay una percepción pública un poco negativa sobre los alimentos transgénicos o los alimentos que provienen de cultivos transgénicos. En realidad no hay alimentos transgénicos, sino que vienen de cultivos. Estos requieren de muchísimo control por parte de muchos organismos del Estado acá, y en otros países por organismos paralelos o parecidos, que requieren controlar todos los alérgenos que tienen, que no le hagan mal a los animales —hacen experimentos de alimentación de animales—, que al ambiente no lo cambien más que los cultivos de los cuales provienen. Y terminan siendo mucho más seguros para la salud, probablemente, que el choripán que compramos antes de ir a la cancha. Eso sin duda, y que otras cosas que tienen bastante menos control.
¿A qué atribuye usted que, por ejemplo, en países europeos hubiese ciertas limitaciones y penalidades a los cultivos transgénicos?
Yo creo que es una cuestión política de la cual no estoy súper empapada, pero tiene que ver con una competencia entre Estados Unidos y Europa en la cual Estados Unidos fue el primer país en liberar, hace ya más de 30 años, si no 40, la soja RR o el maíz Bt. De alguna forma, en Europa los partidos llamados ambientalistas ganaron mucho poder y se oponen a cualquier modificación de los cultivos. Pero acabo de terminar una entrevista con una periodista de un medio agrícola francés y me comentaba que ya aceptaron la edición génica —les llevó seis años más que a todos los demás países que ya la habían aceptado—, y no sé si no van camino a cambiar esto porque están perdiendo muchísimo de sus cultivos por el cambio climático. Realmente las técnicas convencionales han quedado un poco atrasadas o lentas para conseguir cultivos más resilientes a los cambios, que este año en Europa han sido terribles. Digamos, con la subida de temperatura hubo un montón de muertos, y por supuesto miramos a los seres humanos, que es lo que más importa o lo que importa realmente, pero los cultivos también han sufrido. Esta mujer, la periodista, me decía que se les murieron todos los cultivos de maíz por las olas de calor que ha habido en Francia. Estoy hablando de Francia, ¿no? En algún momento yo creo que van a cambiar. Mientras, nosotros tratamos de adaptarnos a ellos y, dado que son muy negativos todavía con respecto a este tipo de cultivos, estamos tratando de desarrollar cosas por edición génica o de otra forma para que sean más fácilmente aceptados.
En el caso de los productores, puedo entender el tema material que hay detrás de cierta creencia. Ahora, en el caso de los ambientalistas, por lo que usted menciona, en el fondo no había un respaldo científico, era más un prejuicio mítico o cierta ignorancia científica. ¿O entiendo mal?
A ver, es un tema complejo. Como el primer transgénico que salió fue el resistente al herbicida Roundup Ready, que se llama la soja RR y otros cultivos RR, ahí es donde ganó más imagen negativa lo que es transgénico, porque eso venía de la mano de tirar el herbicida. Después, lamentablemente, esa mala percepción se aplicó a cualquier transgénico. En el caso nuestro, es un gen de girasol, que es una planta que comemos, pero cuando uno la pone en otra planta pasa a ser un transgénico porque uno le está dando un gen a una planta receptora que no estaba en la planta que lo recibe. Y entonces todo es tratado de la misma forma: es transgénico. Los ambientalistas yo creo que estuvieron muy en contra del uso masivo del herbicida que fue la primera tecnología transgénica que salió, sin la cual yo creo que nuestros productores no producirían, pero eso es discutible y hay que mejorar un poco los sistemas de aplicación y los sistemas de control, eso sin duda. Pero creo que de ahí nace la mala percepción y el antagonismo que presentan los partidos ambientalistas a esta cuestión.
Raquel, ¿puede haber algún componente que trascienda a los cereales producidos con semillas transgénicas, que tenga que ver con algo que trascienda al alimento y que tenga que ver con que cualquier intervención sobre la naturaleza haya algo religioso, que parezca pecado?
Bueno, hay grupos... A ver, hay que diferenciar a la gente que es antitransgénico de la gente que es naturista, de la gente que es vegana y de la gente que es vegetariana; son distintas dietas. De hecho, se están haciendo plantas transgénicas con proteínas animales porque hay gente que es vegetariana o vegana, pero eso no quiere decir que sea antitransgénica: quiere comer proteínas animales que no están en los vegetales y que tienen determinadas propiedades y aminoácidos que no tienen las proteínas vegetales. Entonces, lo de los naturistas... Eso ya es porque no existe nada hoy de lo que comamos que sea realmente natural. Es como una fantasía que tiene alguna gente de decir "como natural" o "yo como orgánico". Puedo contar una anécdota al respecto si hay tiempo, pero lo que tenemos hoy en la mesa todo ha sido modificado. No ha sido modificado con ingeniería genética, pero ha sido modificado por cruza, selección y mutaciones que se producen a lo largo de la evolución debido a la luz ultravioleta y otros componentes ambientales. O sea, voy a dar ejemplos muy clásicos: el maíz, el choclo que nos comemos nosotros en la sopa o en la ensalada. Obviamente es maíz, pero esa planta no existía.
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Esa planta es hija del teocintle, que es su madre, una planta parecida en su fisonomía pero que tiene un choclo con tres granos muy feos, marrones, que nadie compraría en el mercado. La mutación, la cruza y la selección hicieron que en México tengamos la planta de maíz. La planta de maíz no es natural, como no lo es el brócoli ni la coliflor. Hay un montón de plantas que comemos hoy que no estaban. Hace 100 años eso no existía. Eso fue obtenido por cruzas, selección y mutaciones, no con ingeniería genética. Con ingeniería genética se han obtenido otras cosas, pero hay como una fantasía de que las cosas son naturales. Lo natural... Yo siempre digo: no es que me encanta la naturaleza, obviamente defiendo el ambiente y creo que nuestros productos defienden el ambiente porque fijan más dióxido de carbono por planta, y eso es algo que necesitamos hoy en día con el cambio climático. Pero hay como una fantasía de que lo natural es bueno. Lo natural no es siempre bueno: el veneno de serpiente es natural, el COVID fue natural —creo yo que no fue creado en un laboratorio— y las enfermedades infecciosas son naturales; no todo lo natural es bueno. Sí hay cosas naturales que son buenas, y en cuanto a los alimentos, los que compramos hoy en el súper y en la verdulería no son alimentos naturales. Es una fantasía pensarlo. Están cultivados y han sido mejorados por años y años —siglos diría— de prácticas agrícolas de cruce y selección. En la cruza y selección, las plantas son organismos sexuales mayoritariamente y se junta un padre con una madre igual que nosotros y nacen hijos. Nosotros no descartamos a los hijos feos, somos seres humanos y los queremos a todos por igual, pero los agricultores toman la planta más linda y la vuelven a cruzar con otra que sea linda hasta obtener una que sea más tolerante, que sea más esto, que sea más lo otro, y van descartando las hijas que no sirven. Eso, a lo largo de 500 años de agricultura, hace que tengamos lo que tenemos hoy en día en la mesa. ¿Es claro lo que estoy explicando?
Es muy claro. Me gustaría ver si hay algún paralelismo para ampliar más la explicación de lo que Darwin aprendió en el mercado de animales en Londres y que luego en su viaje le permitió comprobar cómo las cruzas que los propios productores agropecuarios producían para mejorar los animales que luego vendían podían ser una continuidad de lo que la propia naturaleza fue haciendo.
Vayamos a algo más simple. Vayamos a los perros, que son animales de compañía que muchísima gente adora. Los perros, la mayoría de los que la gente quiere comprar, no existían en la naturaleza: son perros generados por cruzas y selecciones. Por eso digo que lo natural es bastante fantasioso o naïve, creer que es natural. Lo cual no quiere decir que esté en contra de las cosas naturales, digo que ya en el supermercado no están, y que si estuvieran no las comprarían. Difícilmente las comprarían porque no son las más atractivas. O sea, los agricultores han mejorado el aspecto de los vegetales para que sean de colores más lindos, para que sobrevivan más tiempo a la poscosecha, para un montón de características que hacen que hoy uno encuentre productos de mejor calidad para alimentar. Por eso también, si lo quiero relacionar con algo mucho más notorio, es la calidad de vida. O sea, la gente vive más años ahora en gran parte gracias a la medicina, mayoritariamente gracias a los avances de la medicina, y también a que tiene una alimentación mejor. Hoy se saben un montón de cosas gracias a la ciencia: que es bueno comer esto, que es malo comer mucho de esto, que es mejor esto de acá, que es mejor un poco de allá. Y también los alimentos tienen, por suerte, mucha mejor calidad.
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Raquel, el caso de la tecnología HB4 es un ejemplo emblemático de la articulación virtuosa entre el sistema científico público —en este caso el CONICET y la Universidad del Litoral— y la industria privada. Me gustaría, en estos momentos en que hay desinversión en el desarrollo científico, alguna reflexión suya sobre las políticas públicas que son necesarias para que se repitan logros como el que usted consiguió.
La verdad es que estamos en un momento malísimo. No me gusta usar la palabra "complicado", porque complicado es cuando uno tiene algo difícil y lo resuelve. Es un momento malo, no complicado. Por supuesto que fue necesario, en el caso nuestro y en un montón de casos que yo conozco y que podría nombrar, investigaciones de mucha calidad. Porque en nuestro país tenemos investigadores de muchísima calidad y grupos de excelencia que se han desarrollado con apoyo del Estado, apoyo que ahora está prácticamente ausente, y sin eso las empresas privadas no suelen invertir en el estado de desarrollo muy primario, fundamental o básico, que es el que da origen a las aplicaciones. Este es un modelo que existe en todas partes del mundo, no importan los gobiernos de qué signo sean, si de un lado o del otro: son los Estados, a través de sus universidades o de sus organismos como el CONICET o equivalentes, los que financian la investigación básica fundamental que da origen después a los convenios con empresas, las cuales suelen invertir pero en etapas posteriores, no en las etapas primarias. Es mucho riesgo en la etapa primaria; eso lo hace el Estado en forma universal.
Raquel, usted utilizó una diferencia entre malo y complicado: uno se resuelve y otro no. Como tiene componentes que trascienden al tema que estamos hablando pero pueden ser útiles para muchos otros campos de la vida, me gustaría si puede ampliar ese concepto de la diferencia entre lo malo y lo complicado, lo resoluble y lo no resoluble.
Bueno, nada. Yo lo corrijo un poco porque la gente suele decir: "Estoy complicado", y estamos usando mal la palabra "complicado". Complicado puede ser el problema, pero lo complicado para mí, si uno quiere, puede empezar a resolverlo. No digo que lo pueda resolver, pero puede intentar resolverlo. Este es un momento malo donde hay una política de Estado donde el Estado no tiene que existir y no tiene que apoyar la ciencia y la tecnología, ni la educación, ni la salud, ni nada, cosa que escuchamos todos los días en distintos programas y leemos en distintos diarios. Eso no es complicado, es malo. O sea, yo creo que para lo que es la inversión en ciencia es muy malo. Estamos perdiendo muchísima gente, eso es lo más doloroso. Porque falta de plata hemos tenido en muchas épocas, pero perder a la gente como la estamos perdiendo ahora, que se está yendo... Creo que yo no lo he vivido y tengo muchos años de profesión. Es algo miserable. Es malo.
Malo y no complicado. A ver si yo le puedo colocar esta interpretación y usted me corrige: lo complicado depende de uno solucionarlo; lo malo trasciende a uno las fuerzas.
Exacto. Lo complicado uno puede intentar solucionarlo. No sé si depende de uno, pero uno con otra gente o en forma colectiva puede intentar solucionarlo. Malo es que no está en nuestras manos. En este momento no está en nuestras manos: hemos protestado de todas las formas posibles y parecemos no ser escuchados. Lo que estamos perdiendo como país en ciencia... Venimos de un Mundial donde estamos tan orgullosos de nuestra Selección y de su actuación, que ha sido tan unificadora del pueblo argentino. Pero es notorio que estamos perdiendo un montón de científicos de los cuales también deberíamos estar orgullosos, y los estamos perdiendo sin reacción.
Quiero felicitarla y agradecerle muchísimo, incluso por esta hermosa entrevista. Muy gentil.
Muchas gracias, Jorge. Ha sido un placer.
MEG/MSS