Gabriel Merino, investigador adjunto del CONICET, advirtió que el conflicto en Medio Oriente debe leerse como parte de una “guerra mundial híbrida fragmentada” en la que Washington busca recuperar el control energético y monetario frente al avance chino. “Estados Unidos hace la guerra y la pierde, China no la hace y la gana”, señaló en diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Gabriel Merino es doctor en Ciencias Sociales y licenciado en Sociología por la Universidad Nacional de La Plata. Se desempeña como investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales. Además, es profesor en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Coordina el grupo de trabajo en CLACSO sobre China y el mapa del poder mundial y dirige proyectos sobre la transición del poder global y América Latina. Entre sus últimos trabajos publicados se encuentran los libros "China en el desorden mundial" y "Nuestra América, Estados Unidos y China".
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Nos encontramos ahora en el medio de una especie de prolegómeno de una posible tercera guerra mundial. Hay una escalada en el Golfo con el ataque de Irán a todos sus vecinos que plantea algo bastante distinto a lo que se imaginó originalmente, que podía ser un conflicto de corto alcance, y obviamente a China esto la involucra también directamente. La provisión de petróleo de Irán era uno de los mayores destinos de sus exportaciones, la mayoría iban a China. Me gustaría un análisis suyo de lo que está sucediendo allí en Medio Oriente con ojos chinos.
Es difícil mirar con ojos chinos, pero intentaremos. Me parece importante señalar que vivimos desde 2013-2014 lo que yo llamo una guerra mundial híbrida fragmentada. Obviamente, hay un foco en Ucrania, pero un foco clave es Oriente Medio. Desde 2018, cuando Estados Unidos se retira del pacto nuclear con Irán, que habían firmado China, Rusia, Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos, ahí ya empieza parte de esta guerra híbrida con Irán, sobre todo con guerra económica. En 2020 vimos el asesinato del general (Qasem) Soleimani. Entonces ahí hay una tensión.
Ahora, si uno quiere introducir una mirada china, tiene que decir que esa región se viene reequilibrando estratégicamente en términos políticos y estratégicos de forma profunda, mirando hacia China, Rusia y Eurasia. Vemos un reequilibrio de poder importante. Irán hace un acuerdo clave con China en 2021 por 400.000 millones de dólares. De alguna manera, China rompe con ese acuerdo el bloqueo económico estadounidense o la guerra económica estadounidense y además se beneficia de comprar petróleo más barato, sancionado, e inicia un proceso de grandes inversiones en Irán.
Pero además vemos que Irán entra a los BRICS. No solo Irán, sino también Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que está con un pie afuera definiendo si es miembro pleno o miembro socio. Egipto es otro jugador importante de la región, y, un poco más abajo, Etiopía. En ese proceso entran tres o cuatro países de Medio Oriente. Arabia Saudita es un proveedor más importante incluso que Irán en términos de petróleo.
No solo eso, sino que además se firma, el ingreso de Irán a la Organización para la Cooperación de Shanghái, y esto también es un impulso de China. Nosotros desde acá no le prestamos mucha atención, pero es una organización de cooperación en seguridad económica que tiene como objetivo combatir tres grandes males: el separatismo, el terrorismo, el fundamentalismo religioso, que lanza China y Rusia en 2001 con los países de Asia Central y a la que después se incorporan Pakistán, la India y ahora Irán.
Está dentro de ese esquema, de alguna manera, ese triángulo tan temido por (Zbigniew) Brzezinski, el pensador geopolítico estadounidense que decía, en 1997, en El gran tablero mundial, que lo peor que les podía pasar era que se formara una coalición de agredidos entre China, Rusia e Irán, porque quedarían fuera del tablero euroasiático, que es el gran tablero geopolítico mundial. De alguna manera eso se fue conformando en estos últimos años, a lo que hay que sumar otro jugador clave como la India.
Estamos en la niebla de la guerra, pero estamos viendo algunas cosas interesantes. Irán, en una de sus acciones fundamentales, cierra el estrecho de Ormuz, por donde sale el 20% del petróleo mundial, pero por ahí también sale gas, fertilizantes, no es solo petróleo. Ahora bien, una de las cosas que salió o que se publicó, que estoy tratando de chequear del todo, es que ese estrecho no está totalmente cerrado, que los barcos chinos pueden pasar. También hay que ver en qué medida funciona. Fue atacada en la guerra de doce días, hace algunos meses, infraestructura ferroviaria que une por tierra China e Irán y que es parte de la iniciativa de la Franja y la Ruta.
¿Atacar a Irán es atacar a China para Estados Unidos?
Sí, pero te voy a responder con una frase del canciller indio (Subrahmanyam) Jaishankar, que es muy lúcido. Dijo algo así hace cinco años: EE. UU. hace la guerra y la pierde, China no la hace y la gana. Es decir, el hecho de que esa guerra y ese ataque, que en parte es para afectar a China, sea algo que quiere el Estados Unidos de (Donald) Trump -y en esto se parece un poco a los neoconservadores de (George) Bush, aunque con diferencias-, para controlar el Medio Oriente, controlar el petróleo mundial...
Que el dólar sea la moneda de intercambio...
Sí. China está intercambiando en yuanes con Irán, con Rusia, pero también con Arabia Saudita. Desde 2024 se rompió ese esquema de exclusividad del petróleo saudí vendiéndose en dólares. Entonces toda esa región está cambiando. Estados Unidos ve que tiene volver a controlar esa región, que además es un nodo logístico mundial porque es la región central de Afro Eurasia. Además, ve que tiene que perjudicar a China, que se está beneficiando de su guerra económica porque aprovecha a los países a los que les hace la guerra económica, como Venezuela, Irán o Rusia, para comprar petróleo barato.
China es una inmensa plataforma industrial cuyo PBI industrial es mayor que la suma del PBI industrial de Estados Unidos, Alemania, Japón y Corea del Sur juntos. Y en términos reales es más todavía, porque eso es en términos nominales. No solo es eso China, sino que encima se beneficia con energía barata. Hace como el kung fu, aprovecha la fuerza del adversario para beneficiarse. Entonces ahí hay una intención. El tema es si esa intención le sale en forma positiva a Estados Unidos o si otra vez se le vuelve un boomerang.
¿Y ese boomerang no se da también por su cercanía con la Argentina? La Argentina de Milei se alía con los Estados Unidos, pero el beneficiario es China porque abre las importaciones y los dólares que le presta Estados Unidos finalmente van para comprar productos chinos.
Y esa es una de las grandes cuestiones de esta época. Esa guerra mundial híbrida y fractal que impulsa Estados Unidos, Occidente geopolítico, para frenar a los emergentes y sobre todo frenar a China, termina siendo un boomerang. Argentina lo describía con total claridad. Pasamos a un modelo más neoliberal de apertura de importaciones y ahí aparece China y dice: "Mejor para mí". No es que China no se beneficie también del otro modelo, porque un gran problema para el norte global es que China ya no hace productos terminados baratos, hace lo que antes hacía el norte global, maquinaria avanzada, tecnología de punta. Entonces, si vos querés hacer sustitución de importaciones, yo te vendo las máquinas e insumos; si querés hacer neoliberalismo, hacemos neoliberalismo y yo paso a hacer la galletita directamente.
Estados Unidos tiene poco para ofrecer frente a eso. En el tratado desigual que se firmó con Argentina le dice: "Yo te dejo importar a Estados Unidos 100.000 toneladas de carne cuando le conviene a Trump". Ahora, a China le vendemos más de 500.000 toneladas. Estados Unidos tiene en este declive relativo menos zanahorias y más garrote, sobre todo el Estados Unidos de Trump, y China tiene al contrario una caja muy llena de zanahorias.
China respaldó la soberanía de Irán frente a las tensiones con Estados Unidos y el Golfo
Hay una discusión de fondo entre el soft power y el hard power, y que China utiliza el soft power y Estados Unidos el hard power del garrote. ¿Finalmente el soft power termina siendo más poderoso que el garrote?
Algo de eso hay, porque si hay algo importante para analizar estas transiciones de poder mundial es qué pasa con la economía mundial. No es casualidad que estemos viendo de forma profundamente acelerada una transición económica mundial hacia Asia-Indopacífico. En la última década, la mitad de lo que creció el mundo lo explica China, India y el sudeste asiático. En esa región, donde está el 50% de la población mundial, están las principales tasas de crecimiento y proyecciones a futuro.
Ese poder material se traduce en un soft power o en un poder hegemónico que puede no solo generar negatividad, es decir, coerción, represión, garrote, sino en su forma más eficiente, generando positividad, como tasa de crecimiento, inversiones y más comercio. Además, eso siempre tiene una traducción hard power. Te doy un dato: si China produce hoy 230 veces más barcos que Estados Unidos, eso también tiene implicancias estratégicas ¿Qué distancia hay en términos militares? Ya un informe del Congreso de Estados Unidos de 2020 decía en números que la Armada china los superó en cantidad. Y en el Pacífico occidental, tiene un peso fundamental, porque ahí ya se dicen perdimos la hegemonía del Pacífico occidental, de esa región. Y lo está diciendo un informe del propio Estados Unidos.
Ahora, también hay que entender que China tiene otra concepción estratégica más profunda, distinta a la occidental y a cómo construye poder Occidente. China ya de por sí no tiene pretensiones territoriales. Y esto lo señalaba hasta (Henry) Kissinger en su famoso libro sobre China, en el que recomendaba no hacer una guerra fría contra China porque puede ser catastrófico, especialmente para los Estados Unidos. No tienden a reforzar su acumulación y su influencia económicas y global mediante el uso de la fuerza militar.
No hay una universalización. Para China, el universo es China.
Exacto.
¿Cuánto de esto tiene que ver con que en las religiones occidentales monoteístas todas tienen una idea de diablo, del mal al que hay que destruir, porque si no nos viene a destruir, mientras que en la idea confuciana esa negatividad no existe? ¿Y cuánto de eso lleva a que ellos no sean militares aguerridos, sino que planteen esquemas más defensivos como la muralla, o hayan tenido una marina en el Renacimiento con la que hubieran podido conquistar todos sus países vecinos y nunca la usaron?
Eso tiene que ver con la influencia cultural, en sentido amplio de la palabra, que tiene que ver incluso con aspectos materiales, como ser grandes sociedades agrarias en valles fértiles inmensos donde se tiene que construir un poder estatal fuerte para defender eso frente a las invasiones bárbaras, y los procesos culturales, ideológicos, filosóficos que se desarrollaron ahí. Ellos entienden el juego de contrarios como parte de cualquier unidad. Se parece mucho a lo que después era la dialéctica hegeliana y marxista. Hay toda una revisión de cómo Oriente influyó fuertemente, y China en particular, en aspectos ideológico-culturales en Occidente. El libro de John Hobson sobre los orígenes orientales de Occidente es muy bueno en muchos aspectos, hasta incluso cómo desde China se influyó para el desarrollo de la revolución industrial inglesa.
No hay en China una idea de un mal absoluto al que hay que destruir. Incluso no hay una idea de un mundo que se puede controlar en su totalidad. Esa idea occidental de que hay un mundo que se puede controlar en su totalidad o un tiempo en que se progresa y que hay una modernidad, por ejemplo, y que vamos de una negatividad a otra, no existe.
No hay Fukuyama tampoco, no hay fin de la historia.
Claro. En todo caso, hay procesos cíclicos que tienen que ver con sus dinastías, que se reconstruyen y se resquebrajan. Hasta incluso Confucio no se propone como un creador de nuevos valores. Él dice: yo voy a recuperar lo que ya está. Ellos por lo general tienen también esa impronta. Entonces ahí hay otra concepción estratégica y otra concepción del poder. Nunca China va a jugar all in, como decimos acá. Nunca va a jugar todo a una posición, a una gran batalla, a una gran concentración de fuerzas. Va a tratar de obtener victorias relativas en tiempos largos.
Como una mente más comerciante y metafísica, ¿no?
Y defensiva en su concepción, muy pragmática. No hay una idea de más allá como la tenemos en las religiones monoteístas de origen semítico. Entonces eso ya te lleva a toda otra concepción, porque no hay un cielo a conquistar. El cielo, en todo caso, es el propio imperio cuando se reconstruye.
Irán en este contexto, desde el punto de vista de las religiones monoteístas parecería haber quedado en la época de la Inquisición, en el 1400, con una estructura teocrática opuesta a la de China, que ni siquiera tuvo nunca la confusión entre religión y poder. ¿Cuánto afecta culturalmente China a Irán? ¿Cuánto es afectada China por una eventual derrota de la teocracia iraní? ¿Cómo se lee este conflicto en clave china y cuánto China puede hacer para rescatar el actual sistema iraní? ¿Y cuánto podría significar para China una derrota del actual sistema iraní?
No por nada China promovió bajo su mediación la recuperación de los vínculos diplomáticos entre Arabia Saudita e Irán. Eso se mantiene aún en medio del conflicto, porque también hay una tensión dentro del mundo árabe suní.
¿Irán no bombardea Arabia Saudita y sí bombardea otros países del Golfo?
Sí, o fue más precavido. De hecho, se desentendió de lo de Aramco, dijo que fue un ataque de falsa bandera. Incluso porque Arabia Saudita tiene un problema con Emiratos Árabes Unidos, que lo vimos en Yemen, en el Cuerno de África y en Sudán, donde se enfrentaron fuertemente. Nosotros tendemos a homogeneizar desde acá y no es todo tan lineal. Arabia Saudita y China quieren que esa zona sea de paz. Hay una apuesta a que esa zona sea de paz, por la iniciativa de la Franja y la Ruta, por los vínculos. Los países del Golfo son socios muy cercanos a China.
Por otro lado, China va a tratar de defender su posición en Irán. No fue casual el llamado del canciller chino al canciller iraní diciendo que van a hacer todo lo posible para defender a Irán y para seguir fortaleciendo sus vínculos en pleno conflicto. También es interesante ver que Irán está atacando sobre todo bases y activos militares estadounidenses en esa región. Hay un problema en Dubái, pero se está concentrando en esas bases.
Yo creo que China tiene esta contradicción: no puede soltarle la mano a Irán y no creo que lo vaya a hacer. Irán viene desde 2021 estableciendo vínculos muy fuertes con China, pero también con Rusia. Cinco días antes de que asuma Trump, firma Irán un acuerdo estratégico integral con Rusia, y Rusia era un gran enemigo histórico de Irán en su momento. Entonces hay todo un entramado. China no quiere romper eso, pero por otro lado necesita una región de paz y mantener un vínculo muy fuerte con las petromonarquías del Golfo.
Si uno mira los regímenes políticos estatales, es cierto que nosotros estamos mirando desde los lentes del Occidente geopolítico. Pero si miramos Irán y miramos otras petromonarquías, Irán incluso tiene mecanismos republicanos más parecidos a los occidentales que algunas de esas petromonarquías del Golfo. Entonces también eso es complejo para analizar desde nuestras latitudes.
Se podría decir que la mala imagen, más que por una teocracia que parece retrotraernos a la época del Medioevo, se da también por la asociación que se hace con Irán y la utilización del terrorismo fuera de su país como un elemento militar, algo que supuestamente produce escozor en cualquier país, porque una cosa es el enfrentamiento cara a cara y otra cosa es el terrorismo, ¿no?
Sí. Es una región compleja, porque hoy estamos viendo un presidente sirio que viene nada más y nada menos de Al Qaeda y de ISIS, y que es apoyado por Turquía y las repúblicas liberales occidentales. Es una región compleja, incluso los vínculos de algunas monarquías con algunos de estos actores.
¿Para aquello que el límite entre terrorismo y ejército regular?
Esto es parte de la guerra, lamentablemente, de la guerra mundial híbrida fragmentada que tenemos, que es una confusión entre lo convencional y lo no convencional, y cómo todo un conjunto de actores juega en eso. Es cierto, Irán tiene un conjunto aliado que lo estamos viendo ahora activo en Irak, que fue también otro tiro por la culata Estados Unidos. Después de la guerra en Irak termina un país de mayoría shiita, con grandes aliados para Irán en ese país. En Yemen es claro, y su capacidad de amenazar el estrecho de Babel Mandev. Obviamente Hezbolá, aunque en estos últimos tiempos se ha debilitado. Hamás no es un tradicional aliado iraní, aunque hayan podido acordar algunas cuestiones en los últimos tiempos, pero viene con otros vínculos justamente. De hecho, se hizo de garantía para las negociaciones y protección de la cúpula de Hamás en Qatar, que es aliado de Occidente en gran medida y que hoy es el proveedor de gas a Europa.
Volviendo a China, si algo tiene China a diferencia de Occidente, que llama régimen a los que son contrarios a sus intereses y no llama regímenes o tiene menos exigencias con los que son más aliados, es que no se mete en cómo vos te organizás en términos estatales, políticos, culturales. "Nosotros tenemos nuestra civilización confuciana y con un conjunto de tradiciones, está la civilización rusa, euroasiática, lo que fuera, están los indios. Acá hay una civilización islámica que se divide en su frente shiita, en su frente sunita, con distintos tipos de gobiernos y sistemas. Organícense como quieran. Y nosotros no vamos a utilizar el tema de valores, visiones, perspectivas para cuestionar o no cuestionar en el juego geoeconómico y geopolítico", dicen.
En todo caso, China utiliza otras herramientas. como los incentivos. "Yo tengo negocios para ofrecerte, inversión en infraestructura. Yo necesito eso, necesito el petróleo, necesito la Franja y la Ruta, necesito crear un clima de una gobernanza global alternativa en la que se sienten muchos más jugadores a la mesa. Entonces te ofrezco lugares en esa mesa", dicen. Eso es muy bien recibido por Irán, que siempre está como en el ojo de la tormenta de las acusaciones de Occidente. Es muy bien recibido por esas petromonarquías del Golfo, que son sistemas incluso más rígidos.
¿Encontrás alguna lógica secuencial entre primero Venezuela y después Irán respecto de China, de proveerse del petróleo de Venezuela para luego equilibrar el aumento de precio que vas a tener por entrar en Irán? ¿Hay una secuencialidad en que era lógico que primero fueran con Venezuela para ir después con Irán?
Hay algo, evidentemente. Uno no tiene la información directa de la mesa donde se toman las decisiones, pero claramente hay una ruta, que es el petróleo y recuperar el control del petróleo mundial frente a una amenaza, que es que la próxima gran batalla en la transición de poder mundial sea por el sistema financiero monetario mundial. Entonces, ¿qué es lo que Estados Unidos está haciendo? Bueno, hay que mantener el control de la energía. Y Venezuela es parte de eso, Irán es parte de eso.
Los dos aliados con China. Lo que pasa es que también nosotros tenemos en Occidente la cuestión maniquea. China es tan aliado con Irán como con Arabia Saudita. Digo esto, simplemente lo aclaro, sé que vos también lo entendés, pero para el público. Nosotros tenemos, a ver, pero en la cabeza de Trump uno y otro no lo ve así de esa manera.
Sí, lo ve así. Creo que también es para perjudicar el petróleo de China. A ver, es como para pensar: Trump sabe que es imposible que América Latina no comercialice con China, porque serían inviables nuestras economías si Brasil no le vende hierro, soja, además, a China. Aparte, no se lo compra Estados Unidos. Ahora, ¿qué quiere hacer? ¿Qué quiere imponer a la fuerza? No, porque ahora ya lo dijo, lo vamos a hacer a la fuerza, mediar esa relación. Es decir, yo le vendo con mis empresas y bajo mi esquema y con mis autorizaciones soja a China, o el petróleo venezolano, que lo dice explícitamente. Yo quiero mantener eso, y que sea en dólares. No le permito inversiones acá.
Ahora, ¿cuál es el problema? Lo vemos en Europa, aunque desde el centro, y en América Latina desde la periferia, que ese esquema lleva a un proceso de periferización, no solo pérdida de autonomía. Matías Kulfas señalaba que ya hay dos fábricas de autos eléctricos chinos en Brasil. El que tiene un poco de margen de autonomía y puede negociar se puede beneficiar de un esquema multipolar. El que queda subordinado en este esquema, encima a una potencia en declive relativo, que tiene menos para ofrecer, que ni siquiera, por ejemplo, en el gobierno actual es un aliado clave en la región, y no le abrió acero, aluminio, biodiésel, no le dio casi nada. Entonces, sí, una ayuda financiera clave para sostener un momento electoral, pero eso te lleva a un proceso de periferización, quedar atado en ese esquema. Y la gran pregunta, que me la hago también para Europa, es cuánto están dispuestos territorios como América Latina, Europa o Japón a pagar los costos de periferización que lleva quedar atado a un imperio en declive, que en el caso de Trump agudiza el aspecto agresivo y achica los márgenes de maniobra para nuestros países o para estas regiones frente a este orden multipolar.
Un ejemplo: Europa no solo perdió el gas barato ruso, y esto lleva un costo fenomenal para la industria alemana, el corazón industrial, que en un año perdió 5% de producción industrial, de agosto de 2024 a agosto de 2025. Ahora está perdiendo el gas de Qatar. Europa tenía, en el marco del acuerdo nuclear, una gran oportunidad de negocios en Irán. Vayamos a invertir en Irán, es una gran manera también de reequilibrar nuestras exportaciones, meternos en Medio Oriente. Bueno, cuando Trump dice te rompo el acuerdo nuclear y te rompo ese esquema, ya lo vimos en Irak en 2003, que también Francia y Alemania tenían enormes inversiones en Irak. Irak había anunciado Saddam Hussein pasar partes de las reservas del dólar al euro. Entonces es una pregunta abierta: ¿cuántos costos están dispuestos a pagar tanto Europa como América Latina como Japón en ese esquema de subordinación?
¿Cuánto le asignás a la verdadera posibilidad de que en algún momento haya un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y China?
Yo apuesto que vamos a seguir en un mundo de guerra mundial híbrida fragmentada, que ese es el formato de la guerra, no solo por algo que ya viene de la Guerra Fría, que es la destrucción mutua asegurada, por capacidades nucleares de disuasión, que actúa como gran elemento disuasivo, sino porque estamos en un mundo muchísimo más interdependiente. No son bloques separados. Hoy China y Estados Unidos siguen siendo grandes socios comerciales, pero a su vez hay guerra comercial y tecnológica. A su vez que hay cooperación, hay conflicto y enfrentamiento. Y eso es una dinámica general del sistema.
Hay un cambio cualitativo en el sistema mundial. Puede haber en un futuro una ruptura total y, en función de eso, armado de bloques separados. Puede ser. Hoy no es ese el escenario. Entonces hay muchos costos de guerra convencional abierta. China no quiere la guerra. Hay un elemento central: China no tiene un patrón de ascenso como fue el de Japón o el de Alemania, todo lo contrario. China asciende sin guerra y no quiere la guerra. Tucídides no sirve en este caso, o por lo menos hay que armar la trampa de otra manera.
En este formato de guerra mundial híbrida que tiene focos, yo creo que un foco clave y peligroso para China es Taiwán. Y fijate que en todos los pedazos clave del Rimland euroasiático hay conflicto: Ucrania, Medio Oriente, ahora Irán. En Taiwán no lo hay, pero lo hay en términos estratégicos. La ex primera ministra británica, cuando quería convencer a Trump de que apoye un paquete de ayuda a Ucrania, Israel y Taiwán, decía que no son distintas guerras, es la misma guerra: Taiwán, Ucrania y Gaza en ese momento. Y decían: pero si no hay guerra en Taiwán. Pero para esa concepción estratégica hay guerra.
Entonces estamos viendo iniciativas que chocan. Tenemos la Organización para la Cooperación de Shanghái, el BRICS que se expande. Yo lo que veo es que ahora estamos en un sexto momento de esta transición de poder que arranca en 2001, yo le llamo desorden multipolar. Hubo resultados muy negativos para Estados Unidos y el Occidente geopolítico. El avance chino demostró que la guerra tecnológica con China no dio resultado. En la principal plataforma industrial del mundo se está desarrollando una descomunal revolución tecnológica. En eso se parece al Estados Unidos de principios del siglo XX. Hay que ver si eso se puede frenar, pero es una transformación descomunal para la economía mundial.
Hoy por hoy el BRICS Plus, la expansión de los BRICS a dos regiones geopolíticas muy sensibles, Medio Oriente y el sudeste asiático, Indonesia, el gigante del sudeste asiático incorporándose a los BRICS, es un dato importante. Es una institucionalidad de este nuevo mundo multipolar que emerge, multipolar en términos relativos y asimétricos.
Y la globalización sigue viva. Esta idea de que el mundo se ha convertido en bloques y ha regresado, ha perdido, se ha desuniversalizado, en el fondo hay interligaciones entre todos los países que hacen que la globalización siga viva de otra manera.
La globalización está muerta como proyecto político estratégico de Occidente, la fuerza globalista que dice culturalmente. Pero materialmente, en términos del sistema mundial, el sistema mundial no está roto. Estamos viendo cuántos barcos pueden salir por Ormuz para ver si va a tener energía Europa, para ver si no es un desastre el gobierno de Trump, que se juega en gran medida qué pasa ahí en las próximas elecciones o qué va a pasar en el sudeste asiático. Ese sistema mundial, la globalización material, sigue viva.
Ese sistema que ya en el siglo XI al XIV se desarrolla, nosotros tendemos a verlo con centro occidental, pero en realidad ya hay un sistema euroasiático que tiene más centro en China en ese momento. Hasta el siglo XVII el centro económico más clave era China. En el siglo XV empieza a meterse Europa occidental, sobre todo de la mano de Portugal y España. Pero lo que sí se rompió, y por eso la distopía de Occidente es que, si nosotros desde el siglo XV o XVI en adelante veníamos con un ascenso de Occidente, en el siglo XIX con una hegemonía de Occidente en este sistema mundo moderno capitalista, eso ya no es más así. Estamos yendo definitivamente a un mundo más estrictamente posoccidental en ese sentido y con otra estructura material.
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