La reciente victoria de la Selección Argentina frente a Inglaterra no solo desató la euforia deportiva en el país, sino que reabrió un profundo e inevitable canal de memoria histórica y geopolítica, coronado por el emotivo mensaje de los jugadores: "Las Malvinas son argentinas". Para reflexionar sobre este cruce de emociones, Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), dialogó con el General Martín Balza. Veterano de guerra en las islas —donde combatió con el grado de teniente coronel como jefe del Grupo de Artillería 3—,
En una conversación íntima y analítica, el exembajador desmenuza los conceptos de liderazgo y cohesión encarnados por Lionel Messi y Lionel Scaloni, desmitifica la idea de los soldados conscriptos como "los pibes de la guerra" para elevarlos al estatus de profesionales de gran templanza, y rememora una reveladora anécdota de su época como prisionero que explica por qué, tanto en el campo de batalla como en el césped, el motor argentino siempre ha sido el sentimiento.
Martín Balza es un militar en situación de retiro, veterano de Malvinas con el grado de teniente coronel, desempeñándose allí como jefe del Grupo de Artillería 3. Ejerció como jefe del Estado Mayor General del Ejército entre 1991 y 1999. Tras pasar a la situación de retiro con el grado de teniente general, se volcó a la diplomacia y se desempeñó como embajador argentino ante Colombia entre 2003 y 2011, y en Costa Rica entre 2012 y 2016.
— General, Jorge Fontevecchia lo saluda. Muy buenos días y muchas gracias por su predisposición de siempre para con nosotros. Tenía especial interés en hablar con usted, un héroe de Malvinas, alguien que como nadie vivió esa guerra allí, en nuestro propio territorio. ¿Qué sintió ayer cuando vio el partido? ¿En algún momento encontró una metáfora de lo que allí sucedía? Luego, cuando terminó el partido, se desplegó la bandera de los jugadores de la selección: "Las Malvinas son argentinas". El triunfo de ayer de la selección frente a Inglaterra colocó nuevamente en la agenda mundial el tema de Malvinas. Lo escuchamos con mucha atención y respeto.
— Bueno, por principio, estoy seguro de haber experimentado lo que experimentó todo el pueblo argentino. Pero hay algo que profundamente me impactó: ver en ellos capacidad en lo que hacían, coraje, liderazgo y modestia. Si usted me permite, muy brevemente: la cohesión se dio también allí. La cohesión es la acción, en términos generales, que resulta de compartir un ideal común entre los integrantes de una organización o de la selección de fútbol. Pero para que exista cohesión se exige conocimiento mutuo, tiempo para lograrlo y adiestramiento en conjunto. Eso es lo que logró el director técnico de nuestro seleccionado de fútbol. Esa cohesión, por supuesto, la transmitió al marco de los jugadores. No soy un experto en fútbol, aunque me gusta y sufro mucho a veces con mi equipo, pero no con la selección; con la selección sufro como todos los argentinos. Esa cohesión la logró el director técnico en el equipo con el mejor jugador de fútbol que tenemos y, quizás, uno de los mejores o el mejor jugador de fútbol del mundo, que es Messi. Eso se trasladó y la cohesión se evidenció en el partido. Ahora, hay algo que, si usted me permite, relacioné también. Y no voy a decir nada raro. Es un partido de fútbol con todas sus implicancias, pero no hay que trasladarlo a la guerra de Malvinas. La guerra no debe trasladarse ni a todos los ingleses ni a los británicos, porque una cosa son los que concibieron la guerra por parte de la señora Thatcher —quien necesitaba una guerra por su prestigio caído y no vaciló, la necesitaba como la necesitaba Galtieri, porque se despedazaba la dictadura y, de haber tenido éxito la ocupación de las Malvinas, era prorrogar la dictadura—. También hubo un apoyo en esa guerra porque también le convenía a los Estados Unidos. Por eso digo, la guerra es una cosa muy compleja; tenemos que apartarla del fútbol. Y siempre digo algo que me impactó, y usted me lo recuerda: se ha ampliado mucho la palabra "pibes", "los pibes de Malvinas". Yo tengo otra opinión.
— Cuéntenos.
— Me guío por lo que vi. Me guío por los litoraleños, esos correntinos, misioneros, chaqueños y formoseños que yo tuve la oportunidad de mandar, y por otros de otras unidades que vi. No eran "pibes de la guerra", no eran "los chicos de la guerra": eran señores de la guerra por el comportamiento que tuvieron en todo sentido. Por eso, es minimizar a los soldados llamarlos así. En mi opinión —y respeto todas las opiniones—, fueron señores de la guerra.
— Casualmente eso le quería preguntar, General. Ayer, al terminar el partido, el director técnico se refería al origen no privilegiado de la mayoría de los jugadores. Yo siempre recordaba que usted hablaba de "mis correntinos", que eran señores que se comportaron como tales, jóvenes de 18 años que hacían la conscripción, en su gran mayoría también de orígenes no privilegiados. Hago una comparación respecto de esa templanza, de esa actitud aguerrida, de esa convicción que casualmente hablaba de ese origen, podríamos decir, de base constitutiva de la cultura argentina. ¿Vio algo en esos señores de la guerra que a usted le tocó comandar —esos señores de la guerra de 18 años— reflejado en estos jugadores de veintipico de años que comandó Scaloni?
— Quizás vi muchas cosas y en el momento no las interpretaba; algunas las he tratado de decir. A esos mal llamados "pibes" —pido disculpas porque es una opinión personal— yo los llamo señores de la guerra porque los británicos también tenían soldados de 17 años. Es decir, que la capacidad de un hombre en el combate no está dada por la edad, está dada por el adiestramiento que tiene. Ellos tuvieron soldados de 17 años, pero entrenados. Acá hubo unidades muy entrenadas con soldados de 18 y 19 años, y otras en las que, lamentablemente por la irresponsabilidad de Galtieri y todo su séquito, los mandaron sin la instrucción adecuada. Pero hubo unidades de soldados instruidos. Una fue la mía, porque tenía un sistema de incorporación diferente; entonces, los soldados estaban instruidos. Pero ayer, cuando escuché con esa modestia, esa simpleza, esa sinceridad y esa honestidad intelectual al director técnico, volví a lo que le dije: la cohesión y el ejercer un liderazgo. Creo que en la vida, en cualquier institución, ya sea la presidencia de un club de fútbol o la presidencia de la Nación en cualquier país, se necesita capacidad y se necesita liderazgo. Liderazgo es decir, la mejor voz, militarmente, yo siempre decía que la mejor voz de mando es el ejemplo personal. Las palabras pueden convencer, pero los ejemplos arrastran, que es muy distinto. Y eso lo lograron el director técnico y ese conductor del seleccionado, Messi: la cohesión en compartir un ideal. Ya con lo que han hecho, quedan en la historia. Es mi opinión.
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— Yo recuerdo, General, que en la época de las Malvinas se planteaba que nuestros soldados estaban luchando por la patria y que los ingleses eran soldados profesionales, entre comillas, que no tenían un sentimiento de pertenencia como el que tenían los argentinos. No sé si usted ayer notó que algunos comentaristas ingleses decían que los argentinos tuvieron el plus de que el partido no era solo un partido, mientras que para los ingleses sí lo era. No sé si usted notó alguna diferencia respecto de esa motivación cuando la causa por la que uno pelea es una causa que se siente en el corazón, a diferencia de cuando simplemente se cumple profesionalmente con una misión.
— Sí, es difícil quizás compatibilizar los dos aspectos, pero les cuento una anécdota. Estando prisionero de guerra —estuve un mes prisionero—, conversé con oficiales y con algunos soldados británicos, y me quedó grabado, por lo que usted me pregunta, lo siguiente. De la conversación salió el tema de Malvinas y un soldado me dijo, palabras más, palabras menos (hace ya más de 40 años de esto): "Yo no sé si vinimos a esta guerra a defender estas islas, que yo no las conocía ni sabía que existían, y no sé si son suyas o nuestras. Pero yo estaba en..." —no me nombró un país que me suene a Suecia, pudo no ser Suecia, me nombró un país europeo—, "...estaba en tal país europeo, me ordenaron venir y acá estoy. Soy un soldado y tuve que venir". Entonces le dije que sí, que quizás en el caso nuestro fue distinto. Porque las Malvinas para el británico, para los ingleses —en este caso particular del partido de ayer—, no son un sentimiento. No son un sentimiento. Es algo que supera el sentimiento: es un contexto político de dominación del Atlántico Sur con el triángulo que tienen los británicos y norteamericanos en el Índico (la isla Diego García, la isla Ascensión y Malvinas). Controlan los dos grandes pasos oceánicos, del Índico al Atlántico y del Atlántico al Pacífico, y la proyección a la Antártida. Es un tema netamente político. El soldado británico me transmitió eso: vinieron porque les ordenaron venir y porque eran soldados. Muy distinto es el caso de los nuestros, que pelearon por un sentimiento.
— Jorge Fontevecchia: Y que probablemente ese sentimiento es el que usted vio ayer también en la cancha de fútbol, diferente al que tenían los ingleses, y que en determinadas circunstancias hace la diferencia. No necesariamente en todas las guerras.
— No, no. Y se puso de manifiesto. Pero insisto en la capacidad de liderazgo y de cohesión que lograron Messi en el equipo y, por supuesto, el director técnico.
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— General, agradecerle como siempre su predisposición para con nosotros. ¿Quiere decir algo más? Perdóneme.
— No, le agradezco. Si usted me permite, muy cortito por todo lo que he escuchado.
— Diga.
— Una vez más digo que la guerra es un renunciamiento a las más escasas pretensiones de la humanidad. Y con respecto a Malvinas —que recién hemos recordado el mes pasado en un aniversario más—, todos los muertos de Malvinas, argentinos y británicos, deben seguir viviendo no solo en la turba y en el mar austral, sino también donde la verdadera humanidad mantiene su alto valor. Por eso, quizás esta noche, terminado el partido, la alegría que nos dieron estos hombres es extraordinaria. Compartí y sufrí como todo el pueblo argentino. Pero la verdadera humanidad mantiene su alto valor. En la guerra hubo muertos, aproximadamente, según ciertas cifras, más de 300 muertos británicos y los 649 nuestros. Al pueblo argentino le pido una oración, cualquiera sea el credo que tengan, por todos los caídos y por los políticos que los llevaron a la guerra. Muchas gracias.
— Muchas gracias, General. Muchas gracias a usted, General Balza.
MEG