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MODO FONTEVECCHIA
Estado del arte de la economía

Guido Zack: “No hay una economía con dos velocidades, hay dos economías, una que crece y la otra que cae”

El economista sostuvo que el crecimiento "no termina derramando a un bienestar en la población" porque los sectores que caen son "los principales generadores de empleo". Además, cuestionó la apertura económica con un tipo de cambio bajo y costos elevados para las empresas.

Guido Zack
Guido Zack, economista. | Linkedin Guido Zack

"No estoy de acuerdo con que la economía vaya a dos velocidades", afirmó Guido Zack en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190). Para el economista, la Argentina atraviesa una realidad distinta: "es una economía dual, dos economías en una, con algunos sectores que crecen y otros sectores que caen". Además, sostuvo que el problema es que "estos sectores que caen son los principales generadores de empleo" y, por eso, "el crecimiento leve que está teniendo la economía argentina no termina derramando a un bienestar en la población".

Guido Zack es licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires, doctor en Análisis Económico y magíster en Análisis Económico Aplicado por las Universidades de Alcalá y Complutense de Madrid. Es profesor de la Universidad Nacional de San Martín, en donde también coordina el Centro de Investigaciones Macroeconómicas para el Desarrollo de la Escuela de Economía y Negocios. Actualmente se desempeña como director de Economía en Fundar, una organización dedicada al diseño de políticas públicas para el desarrollo de la Argentina.

Nos gustaría, si nos puede hacer, de la manera más didáctica posible, una síntesis de claros y oscuros, de cómo está la economía argentina hoy.

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Estamos en un proceso en donde la inflación ha vuelto a empezar a bajar. Se espera que el próximo dato dé por debajo del 2%, que claramente es una buena noticia. Tenemos otra buena noticia por el lado del comercio exterior, con un superávit récord, gracias, en buena medida, a las exportaciones de energía de Vaca Muerta y una cosecha del agro que fue muy buena, con buenos precios internacionales también. Eso estabiliza el mercado de cambios. Eso por el lado de los claros.

Por el lado de los oscuros, uno empieza a ver una economía que, para mí, no va a dos velocidades. Yo no estoy de acuerdo con que vaya a dos velocidades porque la sensación de dos velocidades es que unos sectores crecen mucho y otros crecen poco. Y, en realidad, lo que pasa en Argentina es una economía dual: dos economías en una, con algunos sectores que crecen y otros sectores que caen. El problema principal es que estos sectores que caen son los principales generadores de empleo y, por lo tanto, el crecimiento leve que está teniendo la economía argentina no termina derramando a un bienestar en la población.

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La idea de que la destrucción viene primero que la creación. Lo que decía Arriazu respecto de que le preocupaba ver que, en el cambio de modelo económico, lo que primero se está registrando es la destrucción antes que la construcción. ¿Qué papel juega en esto? Si lo que se destruye es lo que tiene más empleo y lo que construye no, ¿cómo, finalmente, una cosa puede terminar afectando a aquello que se construye?

Yo no estoy de acuerdo con que suceda una cosa primero y después la otra. No tienen motivo para ser así, sino que hay una confección de modelo económico que hace que sea así. Y podría ser distinto. Porque hoy las empresas argentinas están enfrentando un tipo de cambio bajo y, por lo tanto, costos en dólares elevados. Pero todavía no bajaron los costos en pesos. Todavía tenemos costos tributarios elevados, costos burocráticos elevados, costos logísticos elevados y crecientes por la ausencia de obra pública, costos de financiamiento que, si bien han caído, todavía son mayores que los de nuestros competidores. Y, en ese contexto, apertura de la economía.

Es un contexto muy hostil para las empresas. Cuando uno pregunta a un empresario, lo que te dice es: "Yo quiero competir con el resto del mundo, estoy de acuerdo con la apertura. Ahora, no abramos la economía con la cancha inclinada a favor de las empresas". ¿Por qué? Porque los productos importados no pagaron Ingresos Brutos, no pagaron impuesto al cheque, y pagaron mucho menos costos que los que te acabo de detallar.

Entonces, esos cambios tienen que ir antes. O, si uno quiere abrir la economía en este momento, póngannos un tipo de cambio un poco más acorde a lo que es la productividad de la economía argentina. Ese es el motivo de la destrucción. Y se podría estabilizar la economía sin tanta destrucción. De hecho, otros países de la región lo han hecho.

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¿Qué le dicen aquellos que dicen que el tipo de cambio no lo puede poner el Gobierno? Que no puede ponerlo ni alto ni bajo. Que, finalmente, es alto o bajo dependiendo de condiciones que trascienden a la voluntad del propio Gobierno.

Estoy de acuerdo con eso, pero no es lo que ha hecho el Gobierno. El Gobierno, el año pasado, ha intentado pisar el tipo de cambio lo más posible. Y, de no ser por el FMI y después por la asistencia de Bessent y de Trump, de Estados Unidos, el tipo de cambio hubiera sido mucho mayor. Y, actualmente, algo parecido. Porque el Banco Central, efectivamente, está comprando dólares. Eso impulsa al alza la cotización. Ahora, la pregunta es si esa cotización es suficiente para todos los desafíos que tiene la Argentina.

Tenemos un Banco Central que todavía no tiene reservas, tenemos un Tesoro sin acceso a los mercados, tenemos un sector privado que ahorra en dólares. Todo eso es demanda de dólares que eleva la cotización. Y, en este mes, en las últimas semanas que ha aumentado el tipo de cambio, prácticamente todos los analistas veníamos anticipando que iba a haber un aumento.

La pregunta es: ¿por qué permitir la baja durante la cosecha y no aprovechar para acumular aún más dólares? El Banco Central todavía no tiene dólares. Entonces, tranquilamente, todos los meses que pasamos con dólares a 1.400 podríamos haber obtenido un dólar a 1.500, que es lo que tiene hoy, más o menos. Y eso hubiera implicado un Banco Central más fortalecido y con más dólares.

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¿Le parece que Argentina se encamina, por la aparición de nuevos sectores exportadores, a un dólar de equilibrio más bajo que el habitual? ¿Y que eso trasciende a si fuera Milei o Massa presidente?

Tener sectores exportadores tan importantes como Vaca Muerta y minería, evidentemente, genera un tipo de cambio más bajo. Ahora, lo que impacta principalmente en el tipo de cambio de la Argentina es la demanda privada de dólares. La respuesta a esa pregunta es: ¿vamos a aprovechar esos dólares que nos van a dar los sectores de hidrocarburos y minería para, finalmente, fortalecer la moneda nacional? Sí, vamos a terminar con un tipo de cambio más bajo del que estamos acostumbrados y, sobre todo, con menos volatilidad.

Si esos dólares de Vaca Muerta y minería no los utilizamos bien para generar los incentivos adecuados para que el sector privado ahorre en pesos, los dólares de Vaca Muerta van a caer en saco roto. Todo dólar que entre por Vaca Muerta, por minería, se va a ir a alguna caja de seguridad de alguna familia o a alguna cuenta en el exterior de otra familia, y no vamos a resolver el problema de fondo, que es la falta de una moneda que sirva para ahorro.

En ese punto, los argentinos compran 2.000 millones de dólares por mes. ¿Va a haber un momento en que ya no van a poder comprar más? ¿O, como usted dice, todo superávit fiscal se va a ir por la cuenta de capital de argentinos comprando dólares para ahorrar?

Todo sector privado ahorra y, de hecho, los argentinos hemos ahorrado un montón. La cantidad de dólares que tenemos en el exterior es prueba de eso. Con lo cual, ahorro siempre va a haber, aun con superávit fiscal, incluso con una economía que no termina de crecer del todo y una economía dual, en donde a muchas familias les va yendo cada vez peor, pero a otras pocas les va a ir cada vez mejor.

Bueno, esas familias tienen capacidad de ahorro y pueden seguir ahorrando en dólares, con lo cual eso no te lo quita ninguna política: la posibilidad de ahorrar en dólares. Por lo tanto, ni siquiera un cepo, porque siempre hay alternativas para seguir comprando dólares, aun en un contexto de cepo. Por lo tanto, la clave son los incentivos. Y los incentivos es cambiar esto que ha venido sucediendo durante décadas: que quien apostaba al peso se perjudicaba y quien apostaba al dólar zafaba, en algún punto, de los vaivenes de la economía argentina.

Y tenemos que encadenar muchos años en los cuales una apuesta al peso gane más que quien apuesta al dólar. Para eso necesitamos una tasa de interés real positiva. Para eso necesitamos un tipo de cambio sostenible en el tiempo, porque, cada vez que esperamos que el tipo de cambio pegue el salto, la reacción natural es agarrar todo dólar que esté dando vueltas por la calle. Tenemos que revertir eso.

Así como usted planteaba que no es que haya una economía a dos velocidades, sino que no es que unos crecen y los otros no crecen, sino que unos crecen y otros bajan, también es cierto que no siempre el dólar le gana al peso, sino que muchas veces el peso le gana al dólar. Por eso existe el carry trade. El punto es que pasamos de que el peso le gane al dólar mucho, luego de que el dólar le gane al peso mucho. Entonces, me parece que el problema más de fondo es ese erratismo.

Sí. Y, además, agrego: porque los períodos en los cuales el peso le gana al dólar son cada vez más cortos. Durante toda la convertibilidad, tipo de cambio fijo, una tasa en pesos más alta que la tasa en dólares: diez años de que el peso le ganó al dólar. No salió una persona a tiempo; todo lo que ganó en diez años lo perdió en un día.

Después, un período largo de quien apostó al peso ganó frente a quien apostó al dólar, que fue 2003-2011. Pero, de nuevo, si no se salió antes del cepo, se perdió todo lo que se había ganado antes. Y, desde ese momento, los períodos son cada vez más cortos.

Entonces, lo que necesitamos no es que el peso le gane al dólar uno, dos o tres años. Sino que, tendencialmente, uno sepa que, si está en pesos, tarde o temprano va a ganar más que si está en dólares. Por más que, en algún momento, quizás pierda un poquito porque ajusta el tipo de cambio al alza moderadamente, no como estamos acostumbrados en Argentina, sino con cierta moderación, como sucede en otros países de América Latina. Pero, en todos estos períodos de carry trade, si uno toma un período largo, quien apostó al peso, hasta ahora, se ha perjudicado. Y es lo que la política económica tiene que revertir.

Esa idea de que hay que cambiar la cultura, que quien apuesta al peso gana y que, alguna vez, los que apuestan al dólar pierdan. Eso se lo escuchó mucho a Arriazu decir que es necesario que los que apuestan al dólar pierdan para que cambie la cultura. Bueno, en la convertibilidad hubo diez años. Del 2003 al 2011 hubo ocho años. Si, en diez años no cambia la cultura, pareciera ser que no hay posibilidades de que esa sea una herramienta dentro de las posibilidades con que cuente un ministro de Economía. Porque, si la cultura necesita 25 años para que cambie, evidentemente está fuera de cualquier política económica que pueda manejar cualquier ministro de Economía o cualquier presidente.

Es algo que lleva tiempo. Puede que lleve más de diez años y las experiencias de otros países muestran que las mejoras van siendo paulatinas. No es que uno tiene que esperar diez años para que haya una mejora. Empieza a haber mejoras, pero para finalizar el proceso uno necesita tiempo. Y pongo un ejemplo. Hoy acabás de decir que los argentinos compramos 2.000 millones de dólares por mes. Hasta 2007, los argentinos comprábamos 2.000 millones de dólares por año.

Con lo cual, ese período largo de convertibilidad, de quien apostó al peso ganó frente a quien apostó al dólar, que se vio interrumpido por el colapso de 2001, pero que después, en 2002 y hasta, al menos, 2007, quien apostó al peso volvió a ganarle a quien apostó al dólar, hizo que los argentinos no compráramos tantos dólares.

Ahí hubo errores de política económica, como la intervención del INDEC, que estimuló mucho la compra de dólares, porque la intervención del INDEC, en última instancia, fue penalizar a quien había elegido la deuda en pesos en la reestructuración de 2005, porque estaba ajustada por inflación y no se perjudicó a quien había apostado por el dólar.

No queremos generar más esos incentivos. El efecto se va a ir viendo; ya tenemos un período de dos años y medio en donde en Argentina quien apostó al peso ganó más que quien apostó al dólar. Tenemos que seguir en esta línea, porque de a poquito vamos a dejar de ahorrar en dólares y eso es lo que va a hacer, finalmente, que podamos financiar inversión y crédito hipotecario, pero es con la recuperación de la moneda nacional

RM/MSS