La Justicia Federal de Córdoba confirmó la identificación de restos óseos de 12 víctimas de la última dictadura militar argentina, hallados en el excentro clandestino de detención La Perla. A partir del diálogo de Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) con Hugo Vaca Narvaja, juez federal y sobreviviente del terrorismo de Estado, el magistrado advirtió: “Removieron restos en el 79 y los llevaron a otro lugar” y reflexionó sobre los juicios.
El juez federal al frente del Juzgado Federal N.º 3 de Córdoba, Hugo Vaca Narvaja, desde noviembre de 2014, es hijo y nieto de personas asesinadas por la última dictadura militar y fue nombrado magistrado tras una larga trayectoria en causas por derechos humanos, habiendo actuado como querellante en juicios por crímenes de lesa humanidad como La Perla y Videla/UP1 antes de asumir su cargo. Como juez, también interviene en fallos relevantes en materia penal y de derechos civiles, y ha ordenado mejoras en condiciones de detención y otras decisiones judiciales de impacto social.
¿Cómo se siente esa identificación de 12 personas víctimas de la represión de La Perla?
No son los primeros restos ni los primeros identificados, pero sí en Córdoba, en ese lugar donde buscamos durante tanto tiempo la Loma del Torito, en La Perla. La verdad que ha sido muy satisfactorio después de varias búsquedas. Era la campaña número 12 el año pasado y, a partir del tercer día de las excavaciones, comenzaron a verse resultados: pequeños huesos, restos de huesos, lo que confirma la hipótesis de que en el año 79 removieron los restos de las personas asesinadas ahí en La Perla y los llevaron a otro lugar, probablemente en el norte de la provincia de Córdoba.
Me gustaría una reflexión de su accionar como juez y su herencia que su apellido marca de aquellos años 70.
La familia fue perseguida políticamente, es decir, por la dictadura cívico-militar. Nosotros tuvimos que exiliarnos en México durante siete u ocho años como consecuencia de la desaparición de mi abuelo el 10 de marzo de 1976 y la detención de mi padre el 20 de noviembre de 1975 durante el gobierno de Isabel Martínez. Son las dos víctimas dentro de la familia que nosotros tenemos. El resto, lo he escuchado un poquito ahí en la presentación: no nos consideramos víctimas, sino más bien sobrevivientes de la dictadura.
¿Cómo influyó todo ese recuerdo que lleva de manera inmanente con su vocación de juez?
No fue una decisión fácil. Primero, en la carrera tuve algunas diferencias en la elección: pasé por arquitectura, filosofía y biología, y después, algunos años más tarde, terminé estudiando Derecho. La magistratura vino con los años: fui abogado en la provincia, defendí 21 años al Estado provincial, trabajaba en la Procuración del Tesoro y, después de tres exámenes para la magistratura, finalmente accedí al Juzgado Federal número 3 de Córdoba, que tiene la Secretaría de Derechos Humanos. Esto tiene vinculación con la labor desarrollada en los juicios de lesa humanidad que se llevaron adelante en Córdoba, en los cuales pude trabajar junto con la doctora Marielva Martínez, que fue una de las abogadas señeras en llevar estas causas de lesa humanidad adelante en los años 80.
Me gustaría su visión sobre lo que hizo Alfonsín, primero con los juicios a los comandantes, luego su visión de que había que colocar un límite en los subalternos que habían recibido órdenes, excepto aquellos que hubieran cometido delitos de lesa humanidad. ¿Cuál es su visión de aquella justicia de la Cámara Federal de comienzos de la democracia y de la visión de Alfonsín respecto de qué había que hacer con la justicia, diferente a lo que se hizo en el resto de todas las dictaduras de América Latina?
Gracias a esa visión de Alfonsín y a todo lo que se ha construido en estos 43 años de democracia, podemos afirmar, yo diría que con seguridad casi absoluta, que la modalidad de las interrupciones de los estados democráticos de los que la Argentina sufrió seis en el siglo XX… y actualmente ya tenemos 43 años sin ningún tipo de interrupción. Creo que es una construcción que parte de la lógica de Alfonsín de llevar adelante el Juicio de las Juntas en el año 1985. Recientemente fue galardonado el tribunal liderado por Ricardo Gil Lavedra y Arslanián. Aquí en Córdoba se les otorgó un título honoris causa por parte de la Universidad Nacional de Córdoba y tuve la oportunidad de hablar con esos colegas.
Ante la pregunta de si ellos sentían o podían percibir la trascendencia del juicio que estaban llevando adelante, manifestaron que no: simplemente estaban cumpliendo con su trabajo, con un trabajo de magistrado sobre una causa, por supuesto, trascendente. Pero el trato hacia todo fue el que determinaba la ley. Es decir, lo que da la trascendencia es la historia, lo que pasa posteriormente y el análisis, de todos esos hechos y de estos reconocimientos posteriores. Años después, me parece absolutamente positivo y me sorprendió un poco la visión de ellos: no buscar ningún bronce ni pensar que estaban haciendo historia cuando la historia demostró que sí lo estaban haciendo de esa manera.
Respecto a la ley de obediencia debida y punto final, y la visión de Alfonsín de juzgar, pero al mismo tiempo poner un límite a los juicios y luego la reapertura de todos esos juicios a partir de que se declaró inconstitucional esa ley, me gustaría su análisis en evolución. Tenía razón Alfonsín en el 85 y en el 87, pero esa razón ya no era más válida en el año 2000. Pienso que ha tenido que ver con la coyuntura y, aparte, con la historia: tránsito del gobierno de Alfonsín, los alzamientos carapintadas, el malestar en las fuerzas armadas, unas fuerzas armadas que siempre se sintieron iluminadas, que siempre fueron la herramienta de sectores de poder para llevar adelante los procesos cuando entendían que las etapas democráticas estaban agotadas o no servían a sus intereses. Esta reacción ante el sometimiento a un estado de derecho y de justicia fue importante y, creo, en cierta manera condicionó ese gobierno de Alfonsín. No creo que hubiera sido la idea de él, pero evidentemente, en esta tensión con las fuerzas armadas hubo que dar este tipo de retrocesos, donde se ve perfectamente que militantes del radicalismo tuvieron que votar esas leyes agarrándose la nariz.
Aparte, lo que quedó demostrado después es que estas leyes de impunidad estaban fuera del ordenamiento que ha suscripto Argentina como Estado y los tratados internacionales de derechos humanos. Las condenas de la Corte Interamericana también son significativas y condicionaron el marco legal posterior cuando Menem indultó a las cúpulas militares, equiparándolas también con las cúpulas de guerrilleros. Esto iba a ser sometido a consideración de la Corte Interamericana. Por supuesto, a partir de la jurisprudencia de Barrios Altos en Perú, son delitos de humanidad que no resultan indultables ni pueden otorgarse beneficios a las personas que los cometieron.
Se dice de sectores que buscan erosionar el valor de Memoria, Verdad y Justicia, que el kirchnerismo se apropió de los juicios y de esta lucha. ¿Cómo fue avanzando un proceso de juicios interamericanos? Es decir, ¿cómo hubiera sido si otro presidente estuviera en el contexto del siglo XXI?
Reitero: tiene que ver con las coyunturas políticas y sociales y con el paso del tiempo. Yo siempre digo a las Madres de Plaza de Mayo: no las recibió Alfonsín en la Rosada, ni Menem tampoco, ni tuvieron una recepción por parte del Estado argentino en sus reclamos. Sin embargo, en la presidencia de Néstor Kirchner, las puertas de la Rosada se les abrieron de par en par, pudieron dialogar, hubo toda una política al respecto, un poco por las luchas internas y otro poco porque los genocidas eran requeridos de otros países, de Europa, Francia, España.
Creo que la decisión de juzgarlos aquí fue acertada, y en eso intervino la declaración de la Corte Suprema sobre la invalidez de estas leyes de impunidad. No creo que todo un proceso histórico se haya apropiado del criminalismo, no lo creo. Es motivo de las luchas populares, de los organismos, de la gente afectada por estas políticas de Estado, que, reitero, estamos viendo ahora con lo de La Perla y que ha impactado a muchísima gente.
¿Qué expectativa tiene desde Córdoba sobre las marchas de mañana?
Creo que va a ser una marcha muy grande. Volvemos a la historia: cuando volví en 1983 con 16 años participaba de las primeras marchas para repudiar lo que fue la dictadura el 24 de marzo, eventos donde comenzamos con 300 o 500 personas. Hoy, después de las políticas de Estado del 24 de marzo como día feriado y de haber difundido qué ocurrió durante la dictadura, recién lo escuchaba un poco con Ceferino Reato, que es uno de los que más describe al respecto.
Creo que es muy positivo en esta construcción de la sociedad en general, ya sea desde una postura de centro izquierda o de centro derecha, no importa, pero no se puede negar la realidad ni tapar el sol con una mano.
En Córdoba no hay una movilización en los últimos 10 años que baje de las 100.000 personas.
Es muchísima gente en la calle, y lo que más sorprende es que estas marchas están integradas por numerosos jóvenes que no tienen ninguna relación con aquella época, pero que han internalizado la gravedad de lo sucedido y muestran un compromiso militante, especialmente en las marchas del 24.
MV