lunes 03 de octubre de 2022
MODO FONTEVECCHIA ACUSADO DE CARICATURA OFENSIVA

Los estereotipos racistas arruinan la carrera de un rapero virtual

El artista-robot FN Meka había "firmado" un trato inédito con Capitol Records, pero su estrella se apagó en tiempo récord. Una historia de racismo y sensibilidad online.

FN Meka tenía todo para ganar: 10 millones de seguidores en TikTok, un catálogo de rap explosivo y videos donde presumía de sus autos de lujo y su inodoro de diamantes. Pero ni siquiera existía. El rapero que había llamado la atención de buena parte de la escena no era un héroe de carne y hueso sino una creación digital.

La tecnología que lo hizo posible analiza canciones populares e información extraída de videojuegos y redes sociales. A partir de eso, genera sugerencias para bloques de contenido lírico, coros, ritmos y melodías. Las canciones –entonadas por una voz humana sin identificarse- son el resultado de esas interacciones complejas. En Capitol Records, hogar de Paul McCartney y Katie Perry, valoraron la originalidad y creyeron que FN Meka estaba listo para dar el salto a la masividad.

La fantasía se derrumbó rápido: once días después de anunciar la incorporación de su nueva estrella, la compañía canceló el trato. Las redes sociales habían dado un veredicto el mismo día de la noticia, cuando se lanzó el video de “Florida Water”, una canción donde Meka canta la línea “niggas can't compete” (“los negros no pueden competir”), usando un término extremadamente delicado para la cultura estadounidense.

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Cuando escucharon la canción, los activistas del colectivo antirracista Industry Blackout estallaron: el rapero era una “caricatura ofensiva” y “una amalgama de estereotipos”. Entonces empezó a develarse más contenido preocupante, como una animación donde Meka es golpeado en la cárcel por negarse a ser un soplón, lo que potenció las críticas por la banalización de la situación de los negros en ese país.

Con una restricción creciente para acceder a sus videos y una cuenta de Instagram que se volvió privada, Meka empieza a volverse invisible. Mientras el caso dispara otro debate sobre la libertad de expresión, es buen momento para recordar que los algoritmos están lejos de la perfección y que también pueden tener sesgos de diseño. Después de todo, son una construcción humana.

JL PAR