El partido Propuesta Republicana se posiciona como un aliado estratégico del gobierno de Javier Milei, acompañando sus reformas sin asumir un rol opositor directo, mientras proyecta consolidarse como una alternativa política hacia 2027. Aún así, María Eugenia Vidal analizó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), los límites y desafíos de ese apoyo, marca diferencias con el oficialismo y deja definiciones contundentes, como su frase sobre Patricia Bullrich: “Está bien que se haya ido del PRO, ella no trabaja en equipo”.
La referente de Propuesta Republicana dentro de la coalición Juntos por el Cambio, María Eugenia Vidal, ganó relevancia nacional cuando fue vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2015, durante la gestión de Mauricio Macri. Luego fue elegida gobernadora de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2015 y 2019. Tras dejar la gobernación, en 2021 fue electa diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires.
Yo era de los que creía que, al revés de pensar que el PRO se estaba diluyendo, extinguiendo o siendo absolutamente cooptado por La Libertad Avanza, tenía enormes posibilidades hacia adelante.
El PRO tiene futuro. Para empezar, no solo porque lo tiene, sino porque hoy en la Argentina cumple un sentido: defender el cambio y que no haya una sola fuerza que lo sostenga —la del presidente Milei—, sino también una alternativa que permita consolidar la confianza y atraer inversiones para generar trabajo.
El problema que tuvimos cuando éramos gobierno, y que creo que hoy también enfrenta Milei, es que quien viene a invertir se pregunta si dentro de dos años todo va a cambiar, si puede aparecer un Axel Kicillof o alguien que represente al kirchnerismo y dar marcha atrás. Eso genera expectativa y frena decisiones, incluso en muchos argentinos a los que el Gobierno busca incentivar para que saquen los dólares del colchón, pero no lo hacen por miedo, porque han vivido una Argentina de péndulos donde todo cambia abruptamente. Por eso, sería un gran servicio al país que exista una segunda fuerza, ya sea que gane o quede en segundo lugar, pero que ayude a terminar con la incertidumbre sobre qué va a pasar en dos años, cuando cambie el presidente.
En la Argentina, muchos medios instalaron que la discusión era si Milei iba a ser reelecto. ¿Por qué? Porque parece no haber alternativa: ¿es Milei o el kirchnerismo? Y creo que el PRO tiene la tarea, junto a otras fuerzas, de impulsar que haya un segundo espacio que no sea el kirchnerismo. En cualquier caso, si quedara segundo y La Libertad Avanza fuera primera, en un balotaje tendría más chances de imponerse, porque sectores de centro —y aún más quienes se ubican lejos de la extrema derecha— preferirían votar al PRO antes que a La Libertad Avanza.
Sí, no me quiero anticipar tanto, pero lo importante sería que, sin importar quién ganara ese balotaje, el mundo y los propios argentinos empezaran a creer que se puede generar trabajo acá, producir y crecer sin que las cosas cambien de un día para el otro, con seguridad jurídica, con leyes que no cambian todo el tiempo, sin cepo, un país que se parezca más a nuestros países limítrofes. No estoy hablando de países muy desarrollados, sino de países que sostienen las reglas más allá de quién es presidente.
En el último discurso de Mauricio Macri, plantea que, independientemente de mantener el rumbo económico, hace falta corregirlo, porque hay aspectos de esta economía que todavía no se contemplan, como si el Presidente hubiera cumplido o estuviera llevando adelante el primer tomo de una larga enciclopedia en la que, por ejemplo, la palabra desarrollo aparece como una ausencia.
El Presidente logró frenar una estrepitosa caída de la Argentina, con 200 de inflación, todo lo que ya conocemos de diciembre de 2023. Creo que logró que salgamos de la montaña rusa en la que veníamos los argentinos —sin ir más lejos, cada vez que íbamos al supermercado— y traer alivio, traer tranquilidad. La estabilidad es eso: poder pararnos en un lugar durante un tiempo sin sentir que no podemos tomar ni una decisión económica.
Ahora, lo que nos falta es progreso, nos falta bienestar. Estamos tranquilos, pero sentimos que no nos alcanza para llegar a fin de mes. Hay mucha gente no solo buscando un trabajo, sino también un segundo. Eso también ha incrementado los números de desocupación. ¿Por qué? Porque el ingreso no alcanza. El ingreso, que es el que queda después de pagar los servicios, el transporte, la luz, esas cosas que no se pueden dejar de pagar, no alcanza para llegar a fin de mes. Y eso se refleja en la mora de las tarjetas de crédito, con tasas de interés altísimas.
Esa Argentina de hoy, donde cierran locales y empresas, no es una Argentina de progreso: es una Argentina estable, pero sin progreso. Ese es el segundo paso. No alcanza con un país solo estable, porque también se puede estabilizar un ingreso escaso, la pobreza o la desigualdad. Necesitamos recuperar un país que crezca y que ese crecimiento llegue a todos, no solo a las provincias mineras, petroleras, energéticas o del campo, sino a todo el país.
Y creo que esa es la segunda etapa de la que habla Mauricio, que no reniega de la primera. Ese mérito es de esta administración y nosotros se lo reconocemos. Es más, nos sentimos protagonistas de ese logro, porque sin el apoyo del PRO ese proceso no hubiera sido posible. La Ley Bases no hubiera sido posible, el RIGI no hubiera sido posible, ni tampoco un presupuesto. El PRO fue un pilar fundamental en los dos primeros años de debilidad parlamentaria e institucional para que el Gobierno pudiera llevar adelante ese proceso. Lo que hoy decimos es: eso está muy bien, no lo cambiemos, es lo correcto, pero no alcanza. Hay que hacer más.
Déjame ir al pasado para volver al futuro. Uno de los argumentos en la diferencia entre La Libertad Avanza y el PRO tiene que ver con las formas, con el republicanismo, con el respeto a determinadas costumbres, inclusive, en algunos casos, con el respeto constitucional. Y uno de los argumentos de La Libertad Avanza, o de sectores de La Libertad Avanza, es: bueno, pero sin estas formas no se hubiera hecho posible, como no le fue posible al PRO, justamente por cuidar las formas. En otras entrevistas a otros líderes del PRO como vos, muchos me marcaron: no, nosotros creemos que no es que en las formas esté el problema, sino, al contrario, son las formas las que luego le van a dar garantía jurídica y continuidad a esto. Tu reflexión sobre si es cierto, como dice La Libertad Avanza, que las ideas no pudieron avanzar en la época de Macri porque ustedes eran tibios, para decirlo de alguna manera, o si, al revés, estas formas que lleva adelante el gobierno —de ideas que son parecidas— son contraproducentes porque finalmente alejan.
Primero, darle el crédito a quien más se lo merece. Así como creo que hubo una decisión política de este presidente de iniciar esta etapa de estabilidad, que hubo una gran tarea de Toto Caputo y que hubo un apoyo sin el cual no se hubiera podido hacer, del PRO, los protagonistas, los verdaderos protagonistas de la estabilidad son los argentinos, que acompañaron este proceso de ajuste como nunca antes en la historia y muchísimos de ellos lo siguen acompañando. Hoy no les va bien, pero siguen eligiendo creer que les va a ir bien, y ese acompañamiento de la sociedad es histórico: una sociedad que aprendió que el kirchnerismo le había mentido, que no era repartiendo lo que no había la manera en que iba a crecer, que no era que alguien le había quitado algo, sino que no había nada para repartir de verdad y que emitir y generar inflación tenía un costo alto.
Pero tuvo que pasar el gobierno de Alberto Fernández para que los argentinos terminaran de entender eso y acompañaran el proceso como lo están haciendo. Y creo que Mauricio —yo lo dije—, sin Macri no hubiera habido Milei, porque creo que Mauricio sembró la semilla del cambio en Argentina en muchos sentidos. Él fue el primero en hablar de que no era tolerable en un país el déficit fiscal. Fue el primero en dar la pelea de que los servicios públicos había que pagarlos lo que valían. Y, para muchos argentinos, era muy difícil acompañar y entender. Hoy esos argentinos defienden eso y dicen: “Sí, ya sabemos que este camino no nos lleva a un buen lugar”.
Entonces, creo que Milei es en parte esa maduración y esa evolución de la sociedad, más allá de las formas. A mí las formas de este gobierno no me gustan: no me gusta el insulto, no me gusta la agresión. Siempre defendí que para ser firme no hace falta gritar ni descalificar y, en donde ejercí el poder, eso estuvo demostrado. Nunca tuve que insultar a ningún narco ni a ningún policía bonaerense para combatir la corrupción o el narcotráfico.
Sí me parece muy importante lo institucional, sobre todo en esta etapa que viene, donde lo que se juega es algo tan frágil como la confianza, porque al final del día necesitamos que muchas personas confíen en el país para generar trabajo, y eso supone poner parte de su patrimonio en una fábrica, en un campo, en un kiosco, sin importar la magnitud, en darle trabajo a otro. Y ese es un acto que uno no hace por un tiempo corto: uno apuesta, y para apostar tiene que creer en el rumbo, en las leyes, en la justicia.
Si la Argentina no logra esa confianza en las instituciones, no importa cuán fuerte sea el programa económico. Hay una parte de la fortaleza de lograr lo que viene que no es económica, que no depende de Toto Caputo: es tener leyes e instituciones fuertes y también fuerzas políticas racionales. Por eso es tan importante el rol del PRO en 2027, y el de otros políticos que decidan ser alternativa de Milei, para garantizar su rumbo y no sea él solo quien tenga en sus espaldas sostenerlo, porque sabemos que estos rumbos tienen costos, son costosos políticamente, no son caminos fáciles. Independientemente de que se ponga la mejor voluntad, tiene que haber más de una fuerza que diga “es por acá” y no que la alternativa sea Axel Kicillof, que sabemos que no comparte nada de este rumbo.
Me vino a la memoria Alfonsín, uno de los reportajes que le hice cuando él ya había dejado de ser presidente. Y él me decía que las condiciones no estaban dadas en los 80 para hacer algunas de las reformas que incluso él creía necesarias en los 90; que cuando intentó privatizar el 30% de Aerolíneas con SAS, una compañía escandinava —dado que los escandinavos además tienen fama de ser socialdemócratas y todo lo contrario a hipercapitalistas—, creo que a Terragno, que en esa época llevaba adelante el ministerio que tenía esa tarea, le tiraban huevos, y que la sociedad no había aceptado esas ideas en los 80 y en los 90. ¿Encontrás un paralelismo con que, al mismo tiempo, la sociedad actual o la del 2023 fue un tiempo de incubación necesaria de determinadas ideas y consideró que esas ideas eran potables y no lo eran en 2015? Por más que, si Milei hubiera sido presidente en 2015, tampoco las hubiera podido aplicar.
Yo creo que los insultos por sí mismos no garantizan el resultado de ninguna política pública, independientemente de cuál sea. Sí, creo que las sociedades cambian de idea, evolucionan. Tampoco quiero no hacerme cargo de que tampoco pudimos implementar muchas de nuestras ideas por fallas propias. Tampoco hay que responsabilizar a la sociedad de todo. Sí creo —y ahí siempre en tus conversaciones aparecen cosas interesantes—, les recomiendo a quienes nos están escuchando que lean un libro de Juan Carlos Torres, Memorias del Quinto Piso. Excelente. Y cuenta un poco eso: cómo el plan de Sourrouille, que venía con un sentido más ortodoxo, más de ajuste, más de estabilizar, con bastantes similitudes a las discusiones que hoy tenemos, terminó trabándose por las dificultades de los sindicatos, del peronismo, de la propia sociedad que no quería ir en esa dirección. Así que algo de lo que Alfonsín dice es cierto, pero siempre está la restricción de su tiempo.
Ahora, que quede claro: ¿los insultos o la agresividad son parte de la solución o son parte del problema? Es decir, eso sería, intuyo, uno de los elementos que el PRO vendría a decir: “No, los insultos no generan seguridad jurídica, son parte del problema, no son la herramienta de la solución”. ¿O lo entiendo mal?
No, sin duda no son parte de la solución. Yo no creo que sean parte de la solución, los insultos nunca. Sobre todo cuando, como vimos últimamente, se insulta a empresarios cuando estás pidiendo que inviertan en la Argentina. ¿No es un mensaje contradictorio? No se va a Nueva York a pedir al mundo que invierta en nosotros mientras se insulta a empresarios argentinos. Es un mensaje que sorprendió a muchos de los que fueron ahí: les llamaba la atención un presidente hablando en contra de empresarios mientras explicaba por qué había que invertir en la Argentina. No creo para nada que los insultos sean la solución, pero también quiero decir que el PRO tiene diferencias más profundas, no solo es un tema de formas, porque si no nos quedamos en lo superficial.
Yo creo, por ejemplo, que Nacho Torres, que es gobernador de Chubut, una de sus primeras dificultades serias fue Comodoro Rivadavia. Es una ciudad que ha vivido del petróleo, se formó al lado de los pozos petroleros. Resulta que las cuencas del petróleo en Comodoro están maduras. YPF, que era uno de los principales inversores y operadores de Comodoro Rivadavia, decidió en el gobierno de Milei vender esos pozos, dejar esos pozos. Eso significaba muchísima gente que se quedaba sin trabajo en una ciudad que vivía de eso.
¿Qué hizo el gobernador? “Bueno, esto es un tema de mercado, YPF se va porque ya no es rentable, el mercado va a resolver”. De hecho, se involucró, fue al lugar, habló con los sindicatos para revisar los convenios, habló con el gobierno nacional para bajar las retenciones al petróleo, él mismo bajó impuestos en su provincia y promovió que nuevas empresas compraran esas cuencas maduras que todavía tenían algunos años más de explotación. ¿El mercado lo resolvió? No. Tampoco hubo un Estado que fue a repartir subsidios. Dijo: “¿Qué podemos hacer desde el Estado provincial, desde el Estado nacional, desde los sindicatos, desde el sector privado? ¿Cómo hacemos para que este negocio sea rentable y se sigan sosteniendo los puestos de trabajo?”. Y lo logró. Hoy hay nuevas empresas instaladas en Comodoro Rivadavia y esos puestos de trabajo ya no están en peligro.
Entonces, yo creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura. El Gobierno cree que toda la inversión en infraestructura debe hacerse en manos de privados. Y voy a poner un ejemplo que me tocó a mí como gobernadora: la Cuenca del Salado, una obra de regulación del agua que debería haberse terminado en 2022 si se hubieran cumplido los plazos. No se terminó. El gobierno de la provincia no puso los fondos suficientes, el gobierno nacional ni de Alberto ni de Milei tampoco. Ahora, esa obra es imposible que la hagan los privados, porque es inviable que se pongan de acuerdo cientos o miles de chacareros o dueños de campos de 50 municipios para invertir en eso. Es una obra que tiene que hacer el Estado, pero se paga sola. ¿Por qué? Porque el día que se termine recupera 2 millones de hectáreas productivas en Argentina, que hoy no producen y que van a pasar a producir.
¿Cuál es la lógica? ¿Tiene que invertir el Estado o el privado en una obra que después se paga sola? Yo creo que el Estado tiene un rol en la infraestructura, en la generación de empleo. Creo que el Estado tiene un rol en la educación, que hoy está en el subsuelo en la Argentina. Yo tengo una ONG que se llama CEMOS, que no es partidaria, que hoy le está enseñando a entender lo que lee a 2000 chicos en comunidades pobres de todo el país y les enseña matemática. ¿Por qué? Porque la mitad de los chicos de Argentina no entiende lo que lee. En la época de la inteligencia artificial, donde queremos que manejen Gemini, los chicos no entienden lo que leen. ¿Cómo van a poder escribir un prompt? No lo van a poder hacer.
Yo tengo diferencias con La Libertad Avanza. Yo creo no en un Estado chico, sino en un Estado eficiente, en un Estado que provea servicios públicos que el privado no va a tener nunca interés en hacer, incluso para el desarrollo económico con esa mirada. Cuando en la época de Mauricio Macri el privado —porque fue el concesionario privado— renovó 40 aeropuertos. Yo me bajé la semana pasada en el aeropuerto de Jujuy: no tiene nada que envidiarle a cualquier aeropuerto moderno del mundo. Y Jujuy es un destino turístico clave de la Argentina que, además, a pesar de todas las dificultades del turismo, viene creciendo sistemáticamente.
Cuando miro eso, digo: esa inversión genera muchísimo empleo, porque para que haya turismo primero tiene que poder llegar al lugar, tener conectividad, tener vuelos. Entonces, yo pienso en un país con mirada productiva, con mirada de desarrollo del trabajo, que no es un país de subsidio, que no es un país deficitario, que no es un país que emite, que no es un país inflacionario: es un país más normal.
Se podría decir que la diáspora del PRO se acabó, que quienes se fueron ya lo hicieron y, por el contrario, ahora podría haber personas que vuelvan a acercarse. Pongo el caso Horacio Rodríguez Larreta y esas conversaciones para que regrese. Además, conozco tu relación con él, entonces me parece que sos, a lo mejor, la persona ideal para poder hablar de esto.
La verdad es que con Horacio seguimos siendo amigos, pero desde que se fue del PRO hablamos poco de política, porque no estamos siempre de acuerdo. Creo que lo mejor del PRO no es lo que se fue y puede regresar, sino lo que están haciendo. Lo digo porque soy presidenta de la Fundación Pensar del PRO y tenemos un programa con la Universidad de San Andrés, la Universidad Torcuato Di Tella y la Universidad Austral de formación de líderes de menos de 40 años, profesionales en todo el país. Y tengo que decirte que es uno de mis mayores orgullos, porque cuando miro esa generación —muchos vienen del sector privado, otros tienen trayectoria en lo público—, esos van a ser los futuros gobernadores, presidentes, intendentes, diputados y senadores. Porque hay algo que el PRO siempre sostuvo: la idea de equipo y de gestión. La gestión y el equipo importan.
Para poner un ejemplo, creo que Toto Caputo y su equipo en Economía lo muestran claramente. Toto no llegó solo al ministerio: llegó con una serie de funcionarios que lo habían acompañado en otras administraciones, la nuestra fundamentalmente. Santiago Bausili, presidente del Banco Central, Diana Mondino, hoy canciller de la Argentina, no nacieron de la nada: surgieron de un equipo que acompañaba al ministro de Economía y que se había formado en nuestro gobierno. Toda esa gente, Pablo Lavigne, secretario de Comercio, es muy valiosa y, además, había aprendido a trabajar en conjunto; no es que se conocían el primer día, ya sabían qué esperar del otro. Y eso fue clave en el programa económico de este gobierno. Tal vez no aparece en los títulos, pero creo profundamente en eso y el PRO sigue construyendo equipos, sigue apostando a esa lógica.
Ahí estamos frente a la diferencia entre un empresario y un asesor, o un consultor. Milei plantea que después de determinado período no le van a ver más el pelo y que se lleva la batalla cultural para que espontáneamente se generen alternativas, pero no crea un partido político orgánico como es el PRO. Entonces, me parece que detrás del PRO hay una lógica de constructor, de alguien que arma algo que lo trasciende, mientras que un consultor es más bien un cuentapropista. Entonces, me pregunto: ¿en esa construcción de cuadros no reside la diferencia fundamental del PRO con La Libertad Avanza?
Sin duda, el PRO ha podido construir equipos para gobernar distintos lugares del país. Y el otro día lo dijo Mauricio: como buen ingeniero, tiene una cabeza de constructor. Esto de los equipos lo tuvo claro desde el primer día y eso permite que hoy gobernemos intendencias en todo el país. Si uno mira —y le recomiendo a la gente que lo haga— intendencias como la de Esteban Allasino, en Luján de Cuyo, Mendoza, que es un modelo de gestión, eso es parte del equipo del PRO. Si uno observa las gestiones en la provincia de Buenos Aires o la propia Ciudad de Buenos Aires… Hoy, hablando de inteligencia artificial, mencioné Gemini porque todos los alumnos del sistema público porteño tienen acceso a esa herramienta en las escuelas.
Somos un espacio que permanentemente construye equipos y forma líderes. ¿Por qué? Porque no pretendemos quedarnos para siempre en el mismo lugar y porque quiero que haya PRO aun cuando yo no esté o haya decidido no hacer más política. Tiene que haber otras Marías Eugenias, otros Horacios, otros Jorges, otros Mauricios que nos trasciendan más allá de quienes estamos hoy.
¿Existe la posibilidad de que regrese al PRO y que haya unas PASO o una interna en la que participe?
No participé en ninguna discusión del PRO sobre esto hasta hoy. No lo hablé ni con el jefe de Gobierno ni con Mauricio, no estuve en reuniones donde se haya tratado ni tampoco con el propio Horacio. Él tomó la decisión en la última elección de irse del PRO. De hecho, las últimas veces que lo escuché fue muy crítico con el espacio.
Además, también es cierto —y lo hemos hablado mucho en el PRO, incluso antes del acto. Lo planteó Rogelio en la última reunión y coincido— que en este contexto, donde parece que no hay escucha suficiente del Gobierno sobre lo que la gente vive en su día a día, que se le hace muy cuesta arriba, que quiere creer, seguir apoyando al Presidente y sostener el rumbo, pero le resulta difícil… se complica que la política tenga una vida paralela discutiendo el 2027. Hay que discutirlo, pero no puede ser la prioridad frente a la gente. Hoy la gente la está pasando muy mal.
Me gustó mucho lo que hizo Jorge la semana pasada, cuando bajó los impuestos a los sellos para quienes estaban endeudados con tarjeta de crédito. En eso tenemos que estar: pensando todo el tiempo cómo aliviar. Si bien no depende de nosotros la macroeconomía, sí podemos, desde los lugares que gobernamos, reducir la carga impositiva y mejorar servicios.
¿Te gustaría que volviera Horacio al PRO?
No es un tema de si me gusta a mí o no. Creo que el PRO tiene que decidirlo y él también. Se tienen que dar ambas cosas: que el partido lo debata y que él quiera hacerlo. Y, para ser honesta, hoy no participé en ninguna reunión donde se haya planteado, ni con Horacio ni con el PRO.
Entonces, pasemos a otro carácter que integraba antes… no sé si integraba es la palabra correcta. Durán Barba siempre dice que Patricia Bullrich no era el PRO y que, entonces, no sería alguien que se fue, sino que nunca formó parte. ¿Te quedó un sabor amargo con Patricia Bullrich y la actitud que tuvo con el PRO? ¿Cuál es tu mirada hacia el pasado y su proyección a futuro como eventual candidata?
Creo que está bien que se haya ido, porque no tenía la mirada de equipo del PRO. Claramente, alguien que siendo presidenta del partido decide irse después del balotaje, acordando su lugar en el Gobierno sin hablar con el partido ni con nadie más, ni ver cómo el PRO lo iba a encarar como equipo, tiene una lógica distinta. Entonces está bien que se haya ido, porque no era —en eso coincido con Jaime— del PRO.
Las explicaciones no me las tiene que dar a mí, sino, en todo caso, a sus electores, a quienes la acompañaron en ese 24%, muchos del PRO convencidos que esperaban que siguiera siendo parte del espacio. Incluso no cuestiono que haya sido ministra de este gobierno; me parece que fue valiosa con Mauricio y también con Milei. No es esa la discusión, sino si era una decisión del partido o individual. Y creo que, como presidenta del PRO, con una responsabilidad tan alta, debería haberla compartido con el partido. Pero ya pasó. Creo que hizo un buen trabajo como ministra y hará un buen trabajo como senadora. Al final del día, los políticos estamos sometidos al voto de la gente: es la sociedad la que define si estuvo bien o mal lo que hicimos.
¿Y Mauricio Macri debería ser candidato a presidente en 2027?
Creo que él puede elegir. Los políticos solemos ser mejores cuando estamos fuera del poder; es notorio: cuando uno ya aprendió todo lo que tenía que aprender es cuando ya no está. Creo que Mauricio aprendió todo lo que tenía que aprender. Sería un gran presidente, pero es una decisión muy íntima, porque implica entregar la vida durante cuatro años, literalmente, y hay que estar dispuesto a eso. Si no lo está, está bien que no lo haga.
Pero, por supuesto, como parte del PRO me encantaría que eso sucediera.
¿Hubiera sido el candidato que la Argentina necesitaba en 2023 o la Argentina no estaba preparada?
Sí, sin duda. No puedo, con el diario del lunes, anticipar el resultado, porque tal vez la idea de cambio radical hubiera triunfado de todas maneras con Milei. Pero creo que hubiera puesto al PRO en el balotaje.
¿Y vos vas a ser candidata en 2027?
Hoy no está en mis planes. Estoy muy abocada a lo privado. Cuando terminé mi mandato armé mi consultora y, al mismo tiempo, estoy por asumir un cargo universitario. Mi energía está puesta ahí.
Arranca el "operativo clamor" en el PRO para que Mauricio Macri juegue en 2027
Pero eso no significa dejar la política. Como presidenta de Pensar y como parte del PRO, sigo trabajando para que haya un país mejor y no me rindo. No bajo los brazos, así que van a seguir viéndome empujando en lo público.
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