En un tipo de cambio real multilateral que acumula una apreciación del 7% en lo que va del año y se sitúa en niveles similares a los de 2017, la moneda local se encuentra un 11% por debajo del primer trimestre de 2026, lo que encarece el costo de vida frente a vecinos como Brasil o Chile. Ante este escenario, y en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el economista Marcelo Capello advierte sobre los riesgos de volatilidad electoral y la necesidad de liberar el cepo, proyectando que el desarrollo de los sectores extractivos traerá estabilidad definitiva al asegurar que “en 2028 con energía y minería el dólar será más bajo de forma permanente”.
El economista Marcelo Capello es presidente de la Fundación Mediterránea y del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL). Su formación académica incluye una licenciatura en Economía por la Universidad Nacional de Córdoba, institución en la que también se desempeña como docente e investigador, especializándose en temas de federalismo fiscal y finanzas públicas. Además de su labor académica, ha ocupado cargos en la gestión pública, incluyendo su paso por la Secretaría de Hacienda de la Municipalidad de Córdoba y funciones de asesoramiento en organismos nacionales y regionales.
Su informe de esta semana muestra que el tipo de cambio real multilateral en abril se ubicó 28% por debajo del promedio histórico entre los años 2000 y 2026, es decir, durante el primer cuarto del siglo XXI. Además, Argentina resulta más cara que Brasil en el 80% de los productos y más cara que China en el 90% de los productos. Me gustaría una reflexión sobre este punto y si esto está marcando un problema estructural del plan económico.
El tipo de cambio real, o sea, el poder adquisitivo de una moneda extranjera en Argentina está relativamente bajo. Como bien decías, es un tipo de cambio casi 30% por debajo del promedio de 26 años entre 2000 y 2026.
También hay que aclarar que ese promedio refleja una economía argentina donde todavía no estaban plenamente vigentes Vaca Muerta ni la minería. Por lo tanto, tampoco hay que pensar que a futuro Argentina va a necesitar el tipo de cambio de los últimos 25 años. Pero evidentemente estamos bastante lejos de ese nivel.
A futuro es probable que Argentina no tenga un tipo de cambio demasiado alto, más bajo que el histórico, aunque probablemente más alto que el actual, que luce excesivamente bajo. Por ejemplo, el tipo de cambio actual, en términos reales, es solamente 2% mayor al que había en noviembre de 2023, el mes anterior a que asumiera el actual presidente. Hubo una fuerte devaluación de la moneda y ahora prácticamente volvimos al punto de inicio.
Sí hay que decir que es un tipo de cambio bastante superior al de la convertibilidad. Cuando terminó el uno a uno, un peso un dólar, en diciembre de 2001, estaríamos ahora con un tipo de cambio 22% mayor que en aquel momento. Entonces, estamos con un tipo de cambio relativamente bajo. No tan bajo como el de fines de la década del 90, ni tan bajo como el que, por ejemplo, quedó al final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pero sí muy bajo en términos históricos.
Al mismo tiempo, comentabas la repercusión que tiene este tipo de cambio y, en general, otras características de la economía sobre los precios. Ahí aparece precisamente el trabajo de IERAL, que compara desde el año pasado qué viene pasando con los precios en Argentina respecto de otros países. Los medimos en dólares, por supuesto, para poder compararlos. Y sí, por ejemplo, en alimentos, en la mitad de los casos Argentina está más cara y en la otra mitad más barata. Medimos 10 productos en 10 países. Pero, por ejemplo, respecto de Brasil, Argentina está más cara en ocho de esos diez productos. Con respecto a Chile, en seis productos estamos más caros y en cuatro más baratos. Con México ocurre algo similar. En cambio, estamos bastante más baratos en alimentos y bebidas respecto de países desarrollados como Estados Unidos, Francia y Australia, donde normalmente el costo de vida es un poco más alto.
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Entrevistamos a un colega suyo que nos decía que existe un riesgo de volatilidad cambiaria en el año de las elecciones, mucho más si Estados Unidos pierde a Donald Trump y se puede imaginar que no exista la misma ayuda frente a una corrida cambiaria electoral que sí existió en 2025. También planteaba que, si no se devalúa a tiempo y no se corrige esa diferencia, puede existir una corrida cambiaria que finalmente arruine todo el plan de estabilización económica. Este precio del dólar, 30% por debajo del promedio de un cuarto de siglo, ¿a usted le hace pensar que existe ese riesgo o el hecho de que sea casi 30% inferior permite que sea manejable?
Lo que digo es que, a partir de fines del año que viene y especialmente desde 2028, cuando ya estemos exportando gas licuado y aumenten también las exportaciones mineras —mientras la producción petrolera ya viene creciendo hace algunos años—, es difícil que Argentina tenga un tipo de cambio muy alto. El tema es la transición hasta llegar a ese momento. Lo que recién planteabas: el resto de este año y, sobre todo, los años previos a la elección del año que viene son un desafío.
Me parece que en la profesión hoy mayoritariamente se piensa que sería un buen momento, este año y antes de las elecciones, para terminar de liberar el cepo y dejar flotar totalmente la moneda. Probablemente suba en alguna medida. Yo creo que tampoco sería una suba tan dramática, de manera de llegar al 2027, el año electoral, con un dólar un poco más alto. De todas maneras, yo creo que estaría dentro de las actuales bandas, aun cuando se eliminen.
Y de esa manera, por supuesto, si seguimos acumulando reservas —porque ahí está la clave—, se disminuyen los riesgos para que el año que viene no tengamos tantos sobresaltos, como ocurrió el año pasado hasta que apareció la ayuda de Estados Unidos.
¿Plantea que, a partir de 2028 y progresivamente hacia 2029 y 2030, las exportaciones que va a generar la mayor actividad de Vaca Muerta, sumadas a las exportaciones que progresivamente va a ir agregando la minería al complejo agropecuario, van a hacer que Argentina pueda tener un tipo de cambio más bajo porque, en realidad, exportaría mucho más? Es decir, habría más oferta de dólares, para ponerlo en términos concretos. Sin embargo, economistas más cercanos al kirchnerismo ponen mucho énfasis en la deuda. Dicen que es impagable porque, si bien es pequeña en términos del porcentaje sobre el producto bruto, al tener un solo acreedor —que es el Fondo Monetario Internacional— y al estar mayoritariamente nominada en dólares, mientras que en Brasil la deuda en dólares representa un porcentaje pequeño y la mayor parte está en moneda local, los vencimientos concentrados hacen imposible pagarla. Las exportaciones de Vaca Muerta y de la minería podrían ayudar a afrontar esa deuda. ¿Cuál es su visión respecto de en qué punto el desarrollo de la minería y la energía, que podrían eliminar las restricciones externas históricas de Argentina, se cruza con el problema del endeudamiento?
Sí. Por un lado, si Argentina mantiene el equilibrio fiscal, el nivel de endeudamiento no sube. Si hay equilibrio fiscal, la deuda no aumenta y, si además el PBI crece, la deuda baja en términos de producción. El último año tuvo esas características.
Con equilibrio fiscal no debería haber problemas con la deuda en moneda local. Después está el tema de la deuda en moneda extranjera. Si bien la deuda con privados no es alta, sí está nominada en dólares. Pero justamente con esos dólares provenientes de las exportaciones de petróleo, gas y, en el futuro, cobre y litio, el flujo de divisas para afrontar esos pagos debería estar asegurado. Si hay superávit, con ese superávit se compran los dólares necesarios para cumplir con esos vencimientos. Me parece que no va a haber tantos inconvenientes con el endeudamiento.
Hay que mantener el equilibrio fiscal y, con las características que estamos describiendo sobre el mercado cambiario, me parece que especialmente a partir de 2028 eso podría funcionar de esa manera. Es más, yo creo que nunca en las últimas décadas Argentina estuvo tan cerca de resolver el problema de su endeudamiento sin cambios disruptivos, sin defaultear y sin reprogramar. Y la deuda con el FMI, si uno va acordando con el organismo, es sobre la que menos problemas deberíamos hacernos, porque es la más fácil de reprogramar. Lo mismo ocurre con la deuda con otros organismos internacionales.
No me preocuparía tanto por esa deuda, sino en todo caso por la deuda con privados.
Otro de los riesgos que se mencionan es que la continua caída de la recaudación obligue al Gobierno a profundizar cada vez más el ajuste para mantener el equilibrio fiscal. Eso podría derivar en una especie de explosión social: que la sociedad deje de apoyar al Gobierno, deje de respaldar este tipo de políticas y también las exigencias del FMI. Entonces, si surgiera un gobierno producto de una sociedad cansada de esta política económica, ¿cómo jugaría esa deuda frente a una administración que quisiera aplicar un programa distinto al que impulsa el Fondo Monetario?
Creo que ahí está el mayor riesgo de esta economía y de este modelo. No solo por lo fiscal que comentabas, sino también por las características de la macroeconomía. Es un modelo que probablemente concentre su crecimiento en determinados sectores, como energía y minería, además de la agricultura tradicional argentina. Pero también va a estar muy concentrado regionalmente.
Entonces, es probable que Argentina tenga, como este año, crecimiento de la producción, pero al mismo tiempo un aumento del desempleo. Es decir, que crezca la actividad en algunos sectores y especialmente en algunas provincias, pero no tanto en el sector industrial o en determinadas ramas industriales. Y que eso particularmente no ocurra en los grandes aglomerados urbanos.
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Yo creo que el caso más problemático va a ser Buenos Aires, donde puede crecer —y ya está creciendo— el desempleo. Si es un modelo que, en promedio, puede mostrar crecimiento, pero con diferencias regionales y sectoriales muy marcadas, eso sí puede generar tensiones sociales.
Además, lo que recién comentabas sobre la caída de la recaudación y la necesidad de ajustar más el gasto público agrega leña al fuego. Socialmente eso se puede complicar y también puede impactar desde el punto de vista electoral. Es decir, que empiece a surgir como alternativa para las elecciones del año que viene una propuesta económica que ahuyente las inversiones y genere un círculo vicioso.
MV