Ricardo Pignanelli, secretario general de SMATA, volvió a plantear una estrategia para sostener la actividad y el empleo en la industria automotriz argentina: atraer nuevas inversiones y lograr que las empresas que buscan desembarcar en el país también produzcan localmente. En diálogo con Jorge Fontevecchia en Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el dirigente sindical repasó su experiencia con Toyota, General Motors y Renault, y explicó por qué considera fundamental mantener encendidas las luces de las fábricas.
Pignanelli sostuvo que el camino para enfrentar los problemas de la industria pasa por el diálogo entre trabajadores, empresas y Estado, y anticipó que el próximo desafío será negociar con las automotrices de China que buscan ingresar al mercado argentino. Su objetivo, según explicó, es que esos nuevos proyectos no se limiten a importar vehículos, sino que puedan incorporarse a las plantas existentes y contribuir a aumentar la producción y las exportaciones.
Ricardo Pignanelli es un dirigente sindical que se desempeña como secretario general del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor, SMATA. Es uno de los gremios industriales más influyentes del país. Ejerce este cargo desde marzo del año 2012, tras una extensa trayectoria que comenzó en las bases trabajadoras de la industria automotriz.
Un gusto hablar con usted. Vamos a marcar que Ricardo Pignanelli fue la persona que ya en el pasado había hecho acuerdos con los propios japoneses, allí en Tokio, con Toyota, para lograr que se pudiera fabricar en la Argentina vehículos que se vendían a toda América Latina. Y ahora nos vuelve a sorprender porque vuelve a hacer lo mismo, pero ya no con los japoneses. Si no entiendo mal, ahora no sé si la palabra es con franceses o argentinos. ¿Cómo le va, Ricardo? Jorge Fontevecchia lo saluda. ¿Otra vez volviendo a demostrar la capacidad del sindicalismo, en el caso de SMATA, de poder encontrar viabilidad para generar fuente de trabajo?
Viste, cuando el Estado se retira, a veces lo peor que podemos hacer es no sentarnos a conversar, ¿no?, y tratar de solucionar los problemas. Vos qué decias: "Las luces de la fábrica prendidas", Jorge. Eso es fundamental. Me lo enseñó mi viejo allá por el año 78. Mi viejo laburaba en General Motors en la planta San Martín.
Sí, sí, la planta de San Martín, que hoy es la Universidad de San Martín. Como buen ejemplo de las luces que se apagaron.
Claro, y el viejo, un hombre de campo, con tercer grado, pero una sabiduría terrible, cuando se va en el 77, ¿te acordás? A él lo habían echado en el 71, por achicamiento. Ya estaba al principio de que General Motors se iba. Entonces, lo encuentro en un almacén, que habíamos puesto para salir adelante, lagrimeando. Y como todo pendejo en esa época, empiezo a decir: “No llores por esa fábrica”, por... con malas palabras, ¿viste? Se decía: “Esa fábrica de M, esa fábrica HDP”. Entonces, el viejo me paró y me dijo: “Escuchame, Beto”, y dice: “Si yo me tuve que ir, me tuve que ir. Pero si la fábrica seguía con la luz prendida, por ahí te tomaba a vos”. Entonces, esa fue una enseñanza muy grande para mí, Jorge.
Clarísimo.
Porque me estaba diciendo algo muy profundo. Bueno, gracias a Dios después entré en Mercedes-Benz ese mismo año. Y gracias a Dios, estoy haciendo lo imposible para que General Motors tampoco se vaya. Por eso aposté en General Motors también a un producto nuevo. Que esperemos que llegue. Cuando llegue, bueno, tendremos más laburo. Y en Renault no hicimos más ni menos que lo mismo. No me asusta la discusión en la evolución. ¿Me entendés?
Sí.
No me asusta para nada. Sí tengo bien claro que tengo que hacer lo imposible para que la fábrica no apague la luz. Y tengo que hacer lo imposible para que mi compañero mantenga el mejor poder adquisitivo. ¿Sí? El banco de horas que todos hablan, Jorge, se discutió en 1996 con Toyota cuando vino al país.
Exacto.
Y se discutió de una forma bien. Era para la época de crisis o para cuando no llegaban por los problemas de las autopartes que se fabrican afuera, no llegaba el vehículo. Pero fue una buena discusión. La fuimos arreglando en el tiempo y, bueno. Los muchachos... si hace dos o tres días que no llegó el barco, la fábrica le para y después le devolvemos la hora. Si es de la semana, devolvemos una y nos contabilizan 1,5. Y si la devolvemos un sábado, una contabiliza dos. Entonces, la cuestión es discutir. Y discutir creo que al menos me dio resultado. Y en esta época es cuando más hay que discutir. Y hay que discutir sin el soporte que tendríamos que tener. Pero bueno, yo creo que gané el respeto de mucha gente. Así como sé que también hay mucha gente que me ha puteado. Pero bueno, yo creo que lo que estoy haciendo es lo correcto, Jorge.
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No lo dude, Ricardo. Por lo menos en mi caso se ganó también mi respeto. Y me parece que esa frase de su padre, que las luces sigan prendidas, es fundamental y que lo guía como una propia luz en su caso. ¿Cómo hizo? Porque primero estaba el tema de convencer a los japoneses. Después a los norteamericanos. No sé si ahora a los franceses. ¿Qué diferencia encuentra con los ejecutivos de empresas de distintos países o los ejecutivos argentinos a la hora de llegar a esta posible comprensión, más allá de su propia capacidad?
Mirá, José siempre me decía una cosa, José Rodríguez: “No hay empresarios buenos ni empresarios malos. Hay empresarios”. Por supuesto, entre los empresarios va a encontrar gente que se presta al diálogo. Y el diálogo es lo que nos va a sacar adelante. Tenemos un problema en el país. Y por falta de diálogo. Vos no podés hablar con un sordo, con alguien que no quiere hablar con vos.
Esta falta de diálogo, Ricardo, ¿usted la percibe a nivel del presidente y del Gobierno?
Del Gobierno. Falta de diálogo. ¿Me entendés? Porque si hubiera diálogo, hay muchas cosas que se podrían haber arreglado sin que sean tan traumáticas. Mirá, Jorge. Los extremos nunca traen soluciones. Yo creo que la solución está en el diálogo. Y te digo más: ahora viene algo más difícil. Quizás lo estamos practicando. Es discutir con los chinos.
¿Cómo es?
Porque vos nombraste a todos y ahora... Y bueno, con los chinos, por ejemplo, estamos tratando que los chinos que se vengan a radicar entren en Giorgi con la fábrica que tenemos ahí en el país. Y yo creo que esa es la solución.
Ah, o sea que en lugar de que estén en Brasil, como ya hay una planta en Brasil y en Argentina, usted quiere que estén en la Argentina.
No, algunos chinos ya empezaron a venir a la Argentina. Y están yendo a muchas terminales a decirle que quieren tener un modelo nuevo. Tenemos que ponernos en la cabeza, Jorge, que la solución nuestra es exportar. Y nosotros habíamos llegado a un buen margen de exportación. Si lo que viene es para exportar, y es un 70 por ciento, ahí vamos a generar trabajo y vamos a entrar en equilibrio. Pero guarda que no es el tema de la industria automotriz. Acá tenemos un problema en todo el sector industrial, Jorge.
Exacto, Ricardo, no puedo menos que felicitarlo, como siempre, cada vez que hablo con usted. Lo de su padre evidentemente le dejó una sabiduría y usted lo vuelve a hacer otra vez. Espero que tenga suerte con los chinos y lo vuelva a hacer con los chinos. Y ahí lo volvemos a llamar otra vez, si le parece.
Ojalá. Pero yo los quiero en Giorgi con la fábrica que hay.
Está bien.
Porque vos te imaginás una fábrica acá solamente de China que te haga un millón y medio de autos.
Bueno, sí, mucho más que lo que hoy se produce en total. Sería impresionante.
Claro. Entonces, bueno, yo cuando vienen los escucho. Por supuesto, se reúnen con las empresas. Por ejemplo, la Amarok Patagonia, que va a salir, que es hermosa. Ella fue un consorcio con Volkswagen en el proyecto y en un año la vamos a tener en la calle.
O sea que el título sería: Ricardo Pignanelli ahora va, después de los japoneses, norteamericanos, franceses, ahora va por los chinos.
Pero el tema es: es mejor negociar que te invadan.
Obviamente. Ricardo, nuevamente, muchas, muchas gracias por su tiempo y disposición, siempre para con nosotros. Vuelvo a felicitarlo. Y entonces, ni bien tengan noticias de los chinos, nos avisa y volvemos a comunicarnos con ustedes. ¿Le parece?
Bueno, gracias, Jorge.
LMM