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Clima social

Por qué cae la imagen de Milei: crisis, promesas incumplidas y conflictos internos

El consultor Gustavo Córdoba advierte que el malestar económico y las promesas incumplidas erosionan el respaldo que alguna vez fue circunstancial y hoy muestra señales de agotamiento.

Javier Milei
Javier Milei | CEDOC

La aprobación del gobierno de Javier Milei registra una caída sostenida, con números que bajaron del 48% a comienzos de 2026 a menos del 37% en los últimos meses, mientras el rechazo ya supera el 60% en distintas encuestas. El consultor Gustavo Córdoba advierte en Modo Fontevecchia, por Net TV, que la crisis económica y las expectativas incumplidas explican el malestar, y alerta que sin una mejora del poder adquisitivo el oficialismo arriesga su futuro.

El consultor político y analista de opinión pública en Argentina, Gustavo Córdoba, es director de la consultora Zuban Córdoba & Asociados, una firma que realiza encuestas y análisis de clima social y político, con fuerte presencia en medios de comunicación. Sus informes se centran en la opinión pública, la valoración de gobiernos y las tendencias electorales.

Una nueva encuesta vuelve a mostrar el empeoramiento sostenido del presidente Milei. Creo que ya dos terceras partes, alrededor del 65% de la población, desaprueba la gestión libertaria.

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Creo que para hacer el análisis adecuado hay que decir que estamos en un contexto en el cual la crisis económica es la principal variable que impacta en la credibilidad y en el apoyo al gobierno. Creo que la elección de octubre haya sobregenerado expectativas económicas en gran parte de la sociedad argentina, que siete meses después de esa elección no se han visto cumplidas. En ese escenario, los escándalos y las crisis mal gestionadas por el gobierno, tanto lo de Adorni como lo de los créditos hipotecarios, nos hacen pensar que, para decirlo en criollo, hay una situación de sobrellovido, mojado, es decir, el contexto crítico de la economía se ve agravado.

Ese 65% es un número casi coincidente en la industria de la opinión pública. Todos manejamos ese dato, algunos con un punto más, como Shila Vilker o Atlas Intel, que tienen cifras similares. Otras consultoras también muestran este número.

Lo que refleja este malhumor social y este clima negativo es la incapacidad del gobierno de llevar adelante una agenda de reformas, que se vio trunca, quizás por la guerra o por la falta de cohesión interna. Hoy se ven grupos dentro del gobierno disputando responsabilidades. El impacto en la opinión pública es real y concreto.

En otro gráfico se observa cómo en octubre la desaprobación rondaba el 63%, baja a menos del 50% en diciembre y vuelve a subir hasta el 65% en abril. Permitime una conjetura: el gobierno venía perdiendo aprobación antes, pero las elecciones de octubre le permitieron recuperarla. Esto remite al “carro del ganador”, donde la gente adapta su opinión a lo que percibe como mayoría. ¿Puede ser que haya ganado por miedo más que por adhesión?

Sí, yo lo denomino “voto pánico” y coincido. Hubo un doble error de lectura: de la sociedad, que esperaba una recuperación económica más rápida, y del propio gobierno. Antes de octubre se evaluaban cambios de gabinete y de políticas. Sin embargo, el gobierno interpretó el triunfo como un voto premio y no como un resultado ajustado con apoyo externo, como el de Donald Trump. Eso llevó a no hacer cambios en políticas ni en la forma de gobernar.

Hoy vemos una desconexión con la realidad social. Hay un dato clave: el 75% de los argentinos dice estar igual o peor que hace un año. Apenas dos de cada diez sienten que mejoraron. Este indicador explica el malestar, el 65% de rechazo al gobierno y el problema de falta de narrativa para salir de este momento.

Una pregunta que me parece también que podría hacerse cualquier persona que nos esté mirando, que es: “Pero bueno, tenía una pésima imagen o desaprobación en octubre cuando gana las elecciones…”. Él lo desaprobaba el 63% en octubre, baja a menos del 50 en diciembre, y al 65% ahora en abril. Entonces uno dice: “Pero, ¿y cómo? Cuando estaba peor ganó las elecciones”. Entonces, ¿quiere decir que habría una diferencia entre aprobación presidencial y voto, si es que no hay una alternativa? Finalmente, aunque la gente lo desapruebe, puede terminar votándolo. ¿Creés que puede seguir sucediendo o inevitablemente la persistencia en la desaprobación presidencial genera alternativas de voto para que termine coincidiendo la desaprobación con el no voto?

Es imposible de descartar que ocurra nuevamente. Ahora te diría que la naturaleza de la elección del año próximo es totalmente distinta a una elección legislativa. Intervienen otros factores, hay una territorialidad mucho más profunda que se pone en juego, y todo el mundo entiende que cuando se vota un ejecutivo es distinto a una elección legislativa. Dicho esto, yo creo que el contexto que tuvo Milei es único e irrepetible en ese momento. El apoyo un extremis de Donald Trump diciendo que si no ganaba Milei se llevaba los dólares creo que fue el momento del cambio.

Y hoy Trump, para problemas de Milei, está ocupado en otros temas, quizás más relevantes que apoyarlo a Javier Milei. Y creo que hay un elemento que vamos a tener que empezar a evaluar en el análisis, que son todo lo que ocurre fuera de las fronteras de la Argentina, porque la manera en la que Trump salga de esta guerra es determinante para que Milei tenga oxígeno político de corto plazo. Pero la elección de noviembre va a ser muy determinante para las aspiraciones futuras de Javier Milei. ¿Por qué? Porque todo parece indicar que Trump tiene un escenario muy complejo.

Tiene en el Partido Demócrata un volumen electoral cercano al 50% y los republicanos apenas superan el 42 o 43%. Es decir, si vemos con los ojos de hoy la elección de noviembre en Norteamérica, yo veo solamente problemas para Javier Milei, porque Donald Trump es el único actor de la política mundial que hoy está apoyando al gobierno argentino.

Independientemente de lo que nos pase adentro, vamos a tener que prestar atención.

Más allá del afuera, existe una especie de síndrome de agosto de 2019, cuando después de las PASO en las que Macri perdió y Fernández ganó por una diferencia todavía mayor de la que luego ganó en primera vuelta, se dio por descontado que en diciembre iba a asumir de vuelta el peronismo. De un día para el otro el dólar pegó un salto, la bolsa pegó un salto en sentido contrario, la inflación se aceleró, la crisis se multiplicó. Y creo que esa especie de síndrome, lo que se llama "riesgo kuka", está en el inconsciente colectivo. ¿Podrá ser que el año próximo en las elecciones pueda repetirse esto de que la mayoría lo desaprueba, pero el temor a que el regreso de un candidato que podría con su triunfo hacer que el dólar pase de 100 a 2000, y la inflación pegue un salto, el riesgo país pegue otro salto porque los inversores vendan los bonos, termine generando el mismo efecto de octubre, aunque se trate de una elección muy distinta, una presidencial y ejecutiva, que una legislativa?

El mileísmo o los libertarios dependen de la propia gestión, tienen la centralidad. Fijate que la salida de la elección de octubre los encontró con este panorama: más diputados y senadores que los que tenían previamente, el apoyo de Trump que era fijo, aumentó el poder relativo respecto de los gobernadores, eso se ve hasta el día de hoy incluso. Cristina Fernández presa y la oposición absolutamente desgastada o fragmentada. El panorama era óptimo para Milei.

Yo lo que creo es que hay que empezar a sopesar las frustraciones que tienen los votantes de Milei. Nosotros te voy a adelantar algo que lo vamos a publicar seguramente durante la semana próxima: le preguntamos al 57% de los que votaron a Milei si lo seguían apoyando o no. Casi te diría 25 de esos 57 puntos hoy dicen que no lo apoyan.

Le preguntamos por qué dejaron de apoyarlo. De ese 25% de voto nacional que perdió Milei de la segunda vuelta hasta hoy, el 30% dijo que lo dejó de apoyar por la crisis económica, un 20% por incumplimiento de promesas y un 15% por la corrupción del gobierno. Entonces ahí tenés un primer análisis de un comportamiento electoral que no sé si lo vamos a tener tal cual el año próximo, pero en el actual contexto de crisis, con el mal manejo y la improvisación del gobierno en el caso Adorni, no parece que esto vaya a cambiar demasiado. Y hay que agregarle que quizás en algún momento la oposición argentina se despierte de su letargo y arme alguna estrategia. Pero independientemente de eso, la centralidad la tiene el gobierno y eso es lo que se vota en una elección presidencial.

Te voy a citar dos ejemplos cercanos: desde la recuperación de la democracia hasta acá, dos presidentes tuvieron sendas reelecciones, Carlos Menem y Cristina Fernández, ambos del mismo partido pero con modelos económicos quizás opuestos. Ambos recuperaron poder adquisitivo en su primer mandato.

Entonces, te diría: si Milei tiene tiempo hasta octubre, debería cambiar plan económico, debería cambiar gabinete, debería cambiar razonablemente algunas expectativas. Pero si no lo logra, va a tener seguramente el mismo destino de Mauricio Macri, de Alberto Fernández y otros presidentes que han terminado con un solo mandato.

Estaríamos en el síndrome del tercer año, el caso de todos los presidentes que no renuevan.

Y la economía es lo que manda. Fijate que la agenda hoy de los argentinos no es política, es económica. El 70% dice que entre los cinco primeros problemas está la economía, llegar a fin de mes, el sueldo, la inflación, el aumento de los costos fijos para vivir, mientras que la corrupción queda en cuarto lugar.

¿A qué me refería? A que el síndrome del tercer año de un presidente que no puede ser reelecto dispara un proceso en el que cada vez está peor, porque esa pérdida de poder y de expectativa retroalimenta su caída.

Sin dudas. Y además es muy loco porque falta tanto para la elección presidencial. Tres semanas en la Argentina es ciencia ficción, imaginate octubre del año próximo. Hoy todo el mundo en el microclima de la política habla de los presidenciables y la sociedad está muy fría en ese análisis. No estamos viendo que la gente esté preocupada por si Milei es reelegido o no, o si la oposición tiene o no alternativa. El que tiene la centralidad y el que está obligado a dar respuestas, a que la economía funcione para todos y no para un sector, es el gobierno de Milei.

¿En qué dirección cree usted que va el país con el gobierno de Milei? En el momento en el que gana la elección de octubre la mayoría de la gente, por arriba del 60%, consideraba que la dirección del gobierno era equivocada. Y esto habla también para el PRO. Cuando vos ponés la dirección, Milei habla del rumbo y Macri también habla del rumbo diciendo que es el correcto. Quizás acá la discusión es entre rumbo económico y aplicación de ese rumbo. Si el rumbo es incorrecto, el problema no es cambiar el gerente, sino cambiar el rumbo.

Nosotros lo que evaluamos es la gestión de expectativas. Y ahí está la falla del gobierno.

En los momentos de crisis nadie puede ser su propio vocero. Espert lo fue, Adorni lo fue, y recientemente el presidente Milei asumió esa posición de ser su propio vocero. Se confunde comunicación gubernamental con comunicación de crisis, y se expone a no tener una figura de recambio frente a un error. El gobierno pide paciencia, que los resultados son lentos, pero la narrativa está en un lugar incómodo. Nadie explica lo que pasa, lo que se hace o lo que se piensa. No hay conferencias de prensa abiertas, ni por Karina Milei ni por Adorni.

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No hay figuras de poder que expliquen lo que ocurre. Todo lo que no se dice lo terminan diciendo los demás: la oposición o los medios. Y eso vuelve el panorama aún más dramático.

MV