A contramano de las comparaciones habituales con líderes como Javier Milei o Jair Bolsonaro, el periodista peruano Juan Carlos Ortecho planteó que Keiko Fujimori responde a una lógica distinta dentro del mapa político regional. “No la vas a encontrar en declaraciones estridentes, mediáticas, efectistas; es muy conservadora en su discurso”, explicó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), y subrayó que, a diferencia de los outsiders, fue “formada en espacios de política tradicional” tras haber crecido en el Palacio de Gobierno. En ese sentido, la definió como una figura de “populismo de centroderecha” y aseguró: “No la veo cerca a un Milei ni a un Bolsonaro”.
Juan Carlos Ortecho es periodista de Perú que cuenta con más de 20 años de experiencia en dirección de medios de comunicación escrita, televisiva y radial, y gestión de comunicaciones. Es maestro en escritura creativa por la Pontificia Universidad Católica de Perú y licenciado en Letras en Eastern Illinois University.
Quiero decirle, como prólogo de lo que le vamos a preguntar, que se coloca en la Argentina últimamente a su país, a Perú, como una especie de ejemplo macroeconómico, y nos genera además enorme interés la política de su país, porque nos sorprende cómo tanta estabilidad económica tiene como correlato tanta inestabilidad política y, paralelamente, encontramos ciertos, no sé si llamarlos paralelismos, entre la hija de Fujimori tratando de revalidar la historia de su padre en los años 90, con nuestro presidente Milei tratando de poner en valor la historia de Carlos Menem en los 90.
Creo que la diferencia es en el sentido que muy bien has comentado, la situación de Keiko Fujimori, que ha salido por lo menos votada como primera en la primera vuelta de elecciones que se realizaron ayer, unas elecciones que tuvieron bastante polémica y que todavía se vienen discutiendo. Ya lo comentaremos en lo sucesivo.
Creo que hay una diferencia fundamental en que el país que recibió el padre de Keiko Fujimori fue un país con una guerra interna, con un saldo terrible de más de 60.000 muertos, una hiperinflación, mientras que el país que recibe el próximo presidente de Perú, sea Fujimori o cualquiera de sus contendientes, es un país que tiene 30 años de un crecimiento económico, en realidad en cifras macro, porque el grueso de la población todavía no tiene acceso a temas tan fundamentales como salud, educación de calidad, pero un modelo económico que ha persistido en las últimas tres décadas y que el establishment peruano, por llamarlo de alguna manera, tiene toda la convicción de que debería continuar.
Por lo tanto, creo que hay una diferencia fundamental en eso y, más bien, en esta última, recordemos que es la cuarta vez que se presenta Keiko Fujimori, ahora se ha alejado un poco de la figura del padre, que siempre era una sombra sobre su candidatura, y más bien tiene otros bemoles y se está postulando junto a otra candidatura, por primera vez, que está más a la derecha de ella, que se trata del alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, que ha quedado segundo en muchos sondeos. Así que creo que hay algunas diferencias, no solamente con lo que pasó en el 1990 con su padre, sino con lo que ha pasado con ella en las tres elecciones anteriores que perdió.
¿Y qué cambió para que las veces anteriores ella no pudiera acceder a, no sé si una tan expectante posibilidad de ser electa?
Creo que en las veces anteriores, y que todavía de hecho es una realidad, hay un voto antifujimorista muy, muy fuerte, especialmente en los sectores más alejados, las provincias del Perú, un sector de la izquierda, por supuesto, y que ahora en esta nueva elección de 2026 hay un número importante de votantes de entre los 18 y 25 años. Prácticamente 5 millones de los 25 millones de electores hábiles son jóvenes para los que ya no les suena algo que sucedió en el siglo XX, hace 35 años.
De hecho, Alberto Fujimori falleció hace poco más de uno o dos años y esa presencia constante de si iba a ser indultado, de lo que sucedió, de la memoria del pueblo en algunos aspectos sobre algunas violaciones a derechos humanos cometidas por su padre, no han dejado de ser un factor, pero ya no están en la discusión del debate político como lo han estado en las otras candidaturas y las otras elecciones.
Otra cuestión de índole sociológica y general, que tiene que ver con el nepotismo, que obviamente con el padre fallecido se diluye y debió haber sido de más importancia en las veces anteriores que Keiko se presentó como candidata a presidente. Teníamos en Estados Unidos padre e hijo presidente en la familia Bush. Tenemos en Brasil ahora que el hijo de Bolsonaro, del expresidente de Brasil, de acuerdo al último sondeo de Datafolha, hasta incluso podría ganarle a Lula en un balotaje. En la Argentina normalmente tenemos esposos, como los matrimonios Kirchner, tenemos hermanos en las gobernaciones, pero no tenemos hijos. Quizás sea por nuestra propia inestabilidad política que haga tan difícil la persistencia de una generación a la otra. Pero, ¿cómo se toma en Perú el tema de que sea hija de un expresidente? La relación del nepotismo padre-hijo, ¿tiene algún peso negativo, positivo?
Ha tenido un peso negativo para los que votan en contra de ella siempre. De hecho, continúa siendo así. Pero tiene un peso positivo para aquellos que recuerdan, mucha gente de mi generación, yo tengo 56 años, vivió en carne propia lo que fue el terror y el descalabro de los años 80. Entonces, el nombre Fujimori tiene un valor prácticamente de marca política y, es como que Keiko Fujimori tiene un 20% aproximadamente de una base dura que siempre va a votar por ella. De hecho, por eso ha pasado siempre a la segunda vuelta, al balotaje.
Para esa gente, el apellido Fujimori tiene un valor político; es prácticamente una marca política. Es probablemente el único partido político que tiene estructuras más o menos sólidas, presencia en todo el país y, por lo tanto, el apellido es una marca política que tiene mucho valor en ese 20%.
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Habrá que ver ahora, porque lo único seguro después de la elección de ayer es que ella va a pasar a segunda vuelta. Hay tres y hasta cuatro posibles contendores. Creo que a ella le va a convenir, para sus intereses políticos, que quien pase a segunda vuelta con ella sea Rafael López Aliaga, alcalde de Lima, que está más a la derecha que ella, más bien tiene las formas y toda la misma dinámica política de estos nuevos presidentes que han salido en Argentina, Bolsonaro en Brasil, Orbán en Hungría, Trump en Estados Unidos. Rafael López Aliaga se acerca más a eso.
Entonces creo que el votante de izquierda y el votante de los sectores que no son de Lima Metropolitana, que normalmente han votado contra ella, se va a ver frente a esta disyuntiva: sigo con mi antifujimorismo, sigo rechazando todo lo que significa Fujimori, o voto por alguien que está más a la derecha que ella. Entonces creo que ahí ella va a tener una oportunidad mayor que en las anteriores tres elecciones que perdió.

¿Qué pasó en Lima para que primero y segundo, el segundo, esté todavía a la derecha de Fujimori?
Creo que la inestabilidad política trae estos vientos nostálgicos de mano dura y también la economía que la macroeconomía ha caminado bien. Perú vive 30 o 40 años de crecimiento sostenido. No ha ido de la mano con otros temas como los de seguridad ciudadana.
Cuando se presentan esos factores, entonces el electorado tiende a mirar hacia los Bukeles, ejemplos en Centroamérica. De hecho, los fines de semana a veces que voy al sur de Lima, sorprendentemente hay unas pintas en las paredes que dicen Bukele, sin que esto tenga ninguna afiliación política directa, sino de gente que simplemente pinta “necesitamos un Bukele”, como antes, en la época del padre de Keiko Fujimori, decían “necesitamos un Pinochet”.
Entonces, cuando hay problemas de inseguridad e inestabilidad política, creo que el electorado tiende a buscar estos ejemplos de mano dura y de candidaturas de derecha, muchas veces conservadora y extrema.
Si tuviera que explicar para un extranjero, para legos, ¿cuál es la ideología de Keiko? ¿Qué es lo que representa? ¿Qué tipo de derecha? ¿Cómo se diferencia ella de estos ejemplos que usted mencionaba, Orbán, Trump, Milei o el propio hijo de Bolsonaro? ¿Cómo la podríamos comparar? ¿Cómo podríamos imaginarnos qué es ella de diferente de estos extremos?
Creo que ella representa un populismo ahora de centroderecha, que ha sido formada en otra escuela, no en la escuela de los outsiders. Si bien ella es hija de un outsider, creció en Palacio de Gobierno, formada en espacios de política tradicional. A ella no la vas a encontrar en situaciones de declaraciones públicas estridentes, mediáticas, efectistas; es muy conservadora en su discurso. Sí hay un ingrediente importante de populismo porque precisamente tiene apoyo en sectores populares, quizá los más conservadores, pero no la veo cerca a un Milei en el sentido de sus formas políticas. No la veo cerca ni a un Bolsonaro ni a un Trump.
Trump, por ejemplo, hace dos o tres días estaba poniendo en redes sociales que iba a desaparecer una civilización en 24 horas, una civilización de 4000 años, Keiko Fujimori más bien intenta mantener formas más tradicionales políticas y, si la tuviera que catalogar en el espectro político, la pondría de centroderecha, incluso acercándose más al centro que en sus primeras incursiones en la política.
RM/ff