Lejos de una posición alineada con el oficialismo de Javier Milei o con el peronismo, la Unión Cívica Radical debate su reconstrucción como una alternativa política independiente en la Argentina, con el objetivo de recuperar relevancia nacional a partir de una agenda de equilibrio macroeconómico y proyección de futuro. A partir de la entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), el exintendente Facundo Suárez Lastra sostiene la necesidad de “impulsar una alternativa” desde el radicalismo, cuestiona la falta de definiciones del PRO frente al Gobierno y advierte sobre los límites de una eventual alianza con el kirchnerismo como respuesta a la actual polarización política.
El abogado y dirigente político argentino de la Unión Cívica Radical, Facundo Suárez Lastra, fue intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre 1987 y 1989, durante la presidencia de Raúl Alfonsín, y años más tarde ocupó distintos cargos en la política porteña y nacional, entre ellos legislador de la Ciudad, secretario de Justicia y Seguridad durante la gestión de Aníbal Ibarra y diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires entre 2017 y 2021. Suárez Lastra pertenece a una histórica familia radical: es hijo de Facundo Suárez, quien fue funcionario de los gobiernos de Arturo Illia y Alfonsín. Además, tuvo militancia universitaria en Franja Morada y ocupó distintos espacios dentro de la UCR y del Frepaso antes de integrarse a Juntos por el Cambio.
Los sectores del radicalismo se reúnen para presionar por una alternativa radical democrática de cara a 2027, que no sea kirchnerista ni tampoco mileísta. Allí, lo vemos a usted junto a Ernesto Sanz, Mario Negri y Jesús Rodríguez. Cuéntenos un poco el plan que ustedes tienen para llevar adelante un regreso, podríamos decir, del radicalismo a su fuente.
Estamos hace tiempo conversando. Somos gente que viene trabajando junta en política desde hace años, los que convocamos esta reunión. La convocamos porque entendemos que falta diálogo en la política y nosotros mismos, los que convocamos, charlamos mucho y conversamos mucho entre nosotros. Vemos que las fuerzas políticas están discutiendo poco, hay pocos espacios de conversación.
Se nos ocurrió convocar a dirigentes del radicalismo de todo el país, siempre con respeto a los gobernadores y a quienes ejercen las autoridades partidarias. Ninguno de nosotros tiene un cargo formal en el radicalismo, pero estamos muy interesados en profundizar una reflexión que tiene mucho más que ver con cómo hacemos para que el radicalismo contribuya a que haya una alternativa en la Argentina más que con cómo salvamos al radicalismo.
Muchas veces el radicalismo lo hizo históricamente y creemos que ahora también puede hacerlo. No para que sea una alternativa radical en sí misma, sino para que desde el radicalismo podamos convocar y generar una alternativa.
Nosotros no nos conformamos, no nos parece bueno para la Argentina que los argentinos tengan que optar entre Milei y su proyecto o el peronismo, en la versión que tenga, que está muy confusa por ahora, con Kicillof como el mejor posicionado, pero muy confusa.
Y creemos que, como a vos que te gustan los filósofos, como decía Sócrates en algo que recuerdo haber leído últimamente, para trabajar por un cambio había que concentrarse no en las luchas contra el pasado, sino en los objetivos del futuro. Y me parece que un futuro deseable para la Argentina no puede tener la mirada económica tan limitada que tiene el proyecto de Milei ni tampoco esa cosa tan nostálgica de un pasado que no tiene viabilidad futura y que expresa hoy el peronismo.
En ese sentido, los movimientos que está haciendo Mauricio Macri de tomar distancia de Milei y de La Libertad Avanza, ¿podrían llegar a construir la posibilidad de un puente nuevamente entre el PRO y el radicalismo? Yo recuerdo a Ernesto Sanz, que mencionaba recién, diciendo que se comió un sapo con Macri para luego darle muchos candidatos, intendentes y gobernadores al radicalismo. Visto en retrospectiva, es cierto: el radicalismo hoy tiene muchos más puestos ejecutivos territoriales, tanto en intendencias como en gobernaciones, que los que tenía en aquel momento, en la primera década de este siglo. ¿Es posible una alianza estratégica con un PRO que se corra de Milei?
A ver, tiene que correrse de Milei y expresar diferencias un poco más de fondo. Yo creo que Macri no está siendo claro. A mí me gustaría que lo fuera.
Él parece decir: “Estoy en un todo de acuerdo con lo que hace Milei en Economía. Tengo algunas diferencias y ya fue el turno de Milei, ahora venimos nosotros”. Pero sin explicitar muy claramente cuáles son esas diferencias.
Yo creo que puede haber coincidencias importantes en términos de pensar un orden macroeconómico ordenado, valga la redundancia, para la Argentina. Pensar el equilibrio fiscal y la lucha contra la inflación como objetivos ineludibles. No se puede ser ligero con el tema inflacionario en la Argentina.
Muchísimos países han tenido hiperinflaciones, muchísimos países desarrollados y también nuestros vecinos. Ahora, 70 u 80 años de altísima inflación, solamente nosotros.
Y si no nos hacemos cargo de que una propuesta de futuro tiene que ser absolutamente rigurosa en el cuidado de la lucha contra la inflación y los equilibrios que requiere eso, no creo que haya ninguna posibilidad de expresar algo interesante hacia el futuro.
¿Hay espacio para acordar con alguna gente del PRO? Yo diría más con votantes y electorados, porque no creo que ni Macri ni el radicalismo tengamos votos cautivos. Cada uno expresa, en determinados momentos, cosas, políticas y deseos de la población.
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No creo que ninguno tenga un voto propio, y menos ahora, que las identidades políticas están tan diluidas. Entonces, a mí me interesa mucho más la coincidencia que podamos tener en cómo expresamos un modelo distinto que la suma de partidos.
Porque, en el fondo, si no expresamos algo claro, no vamos a representar nada y no vamos a lograr romper esa polarización entre Milei, que busca la polarización con el peronismo, y el peronismo, que busca la polarización con Milei. Y eso deja a la mayoría de los argentinos huérfanos de representación política.
Al mismo tiempo, Kicillof llama a reuniones a los intendentes radicales y al campo nacional y popular. Si es difícil un acercamiento con la centroderecha no mileísta, que sería el PRO, ¿existe la posibilidad de un acercamiento con la centroizquierda que represente el peronismo, como por ejemplo el caso de Kicillof?
Yo creo que, en términos de confluencia electoral, no. No la veo y no me parece conveniente ni sana para construir una alternativa distinta en la Argentina. Pero sí creo en el diálogo entre las fuerzas políticas, entre los diferentes. Creo en el diálogo con aquellos que votaron o sintieron que Milei era un camino y que ahora tienen reservas, como muchísima gente. Uno lo ve a diario. Gente que dice: “Bueno, yo esperaba una cosa distinta”. Y ahora lo muestran las encuestas y los focus groups. Dicen: “Lo voté, pero ahora estoy disconforme”.
Hay una enorme cantidad de gente con la cual se puede conversar. Y yo creo más en la posibilidad —voy a decir una frase medio jugada— de que el problema es el peronismo, no los peronistas.
El problema es una cultura que retrae al pasado y no miles de dirigentes peronistas en todo el país que, puestos a conversar, pueden acordar no solamente cosas sensatas, sino darle solidez, viabilidad y previsibilidad a la Argentina del futuro. Si hubiera muchos dirigentes peronistas dispuestos a firmar con seriedad que van a jugar a favor del equilibrio fiscal, que no van a retroceder en cosas importantes que se puedan haber hecho y que requieren estabilidad para que las inversiones se perpetúen en el tiempo, me parece que estaríamos ante un logro.
Y me parece que la buena política, el oficio de la política, de la conversación y del diálogo, implica conversar con todos. Por supuesto que con Kicillof también, con los peronistas en general, pero no sumarse a esa lógica que muchos sostienen, según la cual hay una contradicción fundamental entre el mileísmo, que destruye a la Argentina, y la necesidad de juntar a todo el mundo en contra de eso.
Yo creo que eso es una trampa. Yo voté en blanco porque no pensaba que el país se caía en pedazos si ganaba Milei ni tampoco si ganaba Massa. Es lamentable, perdemos el tiempo. Y lo que estamos convocando nosotros es a que no sigamos perdiendo el tiempo, sino que armemos una alternativa distinta.
Usted fue jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, aunque en aquella época se lo llamaba intendente. Recuerdo perfectamente a radicales diciendo que el problema del radicalismo fue cuando perdió la Capital, que la Ciudad de Buenos Aires era la capital del radicalismo, no solamente de la Argentina. ¿Cómo ve al PRO en la Ciudad de Buenos Aires? ¿Parte de esta toma de distancia con Milei tiene que ver con defender lo que ahora es la capital del PRO, que es la Ciudad de Buenos Aires?
Yo creo que tanto el PRO en la Ciudad de Buenos Aires como los radicales en las gobernaciones que tenemos, si nos enfocamos solamente en defender lo que tenemos, es como mirar la baldosa y no mirar el patio.
Yo creo que el gran problema de la política argentina, y del radicalismo en particular, y también del PRO si se concentra solamente en la Ciudad de Buenos Aires, es haber perdido la relevancia nacional y la capacidad de expresar un camino distinto a los argentinos.
Entonces, yo tengo mucho respeto por los gobernadores radicales. Es más, sostengo en público y en privado, incluso frente a mucha gente que me cuestiona, que hay gobernadores que apoyan en exceso a Milei. Realmente, en sus provincias, son gobernadores progresistas, que tienen una concepción de apoyo a la empresa, a la producción y a un Estado muy activo, prestando servicios e invirtiendo en obra pública. Son gobernadores radicales.
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Pero han perdido la vocación de expresar una fuerza nacional. Y me parece que esa irrelevancia que ha ido adquiriendo el radicalismo no se resuelve solamente con buenos gobernadores, sino con una fuerza política capaz de expresar una idea distinta.
Y esta reunión de radicales también es un llamamiento a los gobernadores, a quienes les reconocemos las dificultades que tienen, pero de quienes aspiramos un aporte mayor.
Hay provincias como Santa Fe y Mendoza, que tienen recursos suficientes como para no depender del Gobierno nacional, y nos gustaría ver sus liderazgos sumados y liderando una alternativa distinta y posible, con experiencia de gobierno en la Argentina.
MV CP