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MODO FONTEVECCHIA
Garante republicana

Shila Vilker: “Bullrich es la Carrió de Milei”

La consultora analiza el escenario político y el repunte de la imagen del Gobierno en los últimos meses. Destaca el rol de la senadora dentro del oficialismo y el impacto del control de la inflación sobre el respaldo social a la gestión del Presidente.

Patricia Bullrich
Patricia Bullrich | Cedoc

La evolución de la imagen del Gobierno, el crecimiento sostenido de Patricia Bullrich y los posibles escenarios electorales hacia 2027 fueron algunos de los ejes centrales del análisis sobre la coyuntura política argentina. Ante ese marco, en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Shila Vilker sostuvo que la ministra ocupa un lugar singular dentro del oficialismo y sintetizó su rol con una definición contundente: “Bullrich es la Carrió de Milei”.

La investigadora, consultora en comunicación y analista de opinión pública argentina, Shila Vilker, es licenciada en Ciencias de la Comunicación y magíster en Comunicación y Cultura por la Universidad de Buenos Aires, y dirige la consultora Trespuntozero, especializada en estudios de opinión pública, comportamiento electoral e investigación social. A lo largo de los últimos años ganó notoriedad por sus análisis electorales y por la precisión de algunos pronósticos de la consultora durante las elecciones argentinas de 2023. De hecho, también ha sido docente universitaria, investigadora y conferencista en temas vinculados a comunicación política, opinión pública y comportamiento electoral.

Muy interesados en tratar de comprender cuál es su perspectiva sobre este fenómeno creciente de Patricia Bullrich. ¿Finalmente lo que aparece en las encuestas se puede trasladar a una eventual intención de voto, porque hoy aparece con casi 50% de aprobación en diferentes análisis de opinión pública cuando sacó solo el 26% de los votos? ¿Es posible imaginar que podría tener votos en esa proporción en un futuro?

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Es interesante el fenómeno de Patricia Bullrich porque lo que estamos viendo, más allá de que los valores puedan ser un poco más o un poco menos, es que viene estando sistemáticamente un poco por arriba de la imagen del Presidente. Vos hablaste de algo en torno a 50; nosotros tenemos un poquito menos. Pero lo más interesante es esa constancia.

Por supuesto que su imagen se mueve acompañando los vaivenes del propio oficialismo, pero siempre un poquito más arriba, conservando la adhesión de un votante más republicano, amarillo, tal vez un poco enojado con algunos de los devenires del Gobierno nacional.

Creo que las últimas dos o tres semanas han sido semanas donde ella ha tenido un protagonismo muy importante. Tiene una sensibilidad para captar por dónde pasa el momento político y para realizar hechos políticos. Su presentación de la declaración jurada fue una de las pocas acciones políticas concretas en una escena donde prácticamente no se escuchó ninguna voz política y donde no hubo diferenciación de actores para señalar a Adorni.

Entonces creo que ahí hay algo interesante. Además, llama doblemente la atención por ser parte del mismo Gobierno.

Yendo a tu pregunta, creo que acá hay una dualidad. Mientras Milei siga teniendo la oportunidad de una reelección, Bullrich le aporta, y le aporta mucho, incluso en este formato combativo, insurgente, desobediente o simplemente absolutamente autonómico que está manifestando.

Creo que hay algo positivo en eso, sobre todo porque empieza a aparecer como garante republicana del Gobierno. Un poco como lo que era Elisa "Lilita" Carrió en el gobierno de Macri, que era la garante moral. Ella empieza a ser una especie de garante republicana de un gobierno que transita los bordes, es medio border.

Creo que el caso de la jueza sirvió para poner en evidencia ese carácter republicano. Al mismo tiempo, trazando su camino, empieza a aparecer como figura de recambio.

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Yo creo que no hay lugar para una competencia.

¿Para una tercera vía o una escena de competencia?

Exactamente. Entonces, o suma porque es una figura de respaldo moral, o es recambio si el Presidente no llega del todo bien. Lo que nosotros venimos viendo en las últimas semanas es que el oficialismo, que había caído, que estaba en su peor momento y que había encontrado un piso, vuelve a recuperar terreno, vuelve a crecer.

Esto es lo que pasó en nuestras últimas dos mediciones. Lo vemos con claridad. No tenemos dudas de que, después de encontrar un piso, un colchón más allá del cual no caía, volvió a recuperar.

Nosotros hoy tenemos la gestión de gobierno en torno a 39 puntos. Llegó a tocar un piso de 33, o sea que hay una recuperación significativa. Y la pregunta es cómo sigue esta escena.

Este es un año curioso, porque el Presidente inauguró el año político con la apertura de sesiones hablando de la moral como política de Estado. Y la verdad es que fue un año marcado por los escándalos de corrupción. Yo te diría que dominaron fuertemente toda la escena de 2026, por lo menos hasta aquí.

¿Y esa mejora a qué se atribuye? ¿Simplemente al rebote, como aquel que hace dieta y después la termina y aumenta un poco, o hay algún motivo plausible? No sé, la inflación que baja un poco podría ser, el dólar que se sigue manteniendo. ¿Qué cambió desde el punto de vista del acierto o desacierto del Gobierno para haber crecido de 33 a 39, si no entendí mal? O sea, el 20% de su aprobación en dos meses.

Yo te diría que en los últimos meses. Nosotros vimos un mes en torno a 33 o 34, un pivoteo en torno a esos valores, después una medición de 36 o 37 y la última de 39. Ese fue el evolutivo reciente.

¿Qué cambió? Me hiciste reír con el ejemplo, pero es un poco como las dietas. Efectivamente pasa con los enojos. La gente se cansa de estar enojada. Así como se cansa de hacer dieta y rebota, se cansa de estar enojada y cambia el chip. Algo de eso pudo haber estado pasando. Yo creo que el control de la inflación es importante. Nosotros vemos que la evolución del Gobierno es sensible al número inflacionario.

Fijate que este año, antes de que explotara el caso Adorni, ya teníamos una inflación cercana a tres puntos. El Gobierno tuvo su mejor momento en diciembre de 2025. Y diciembre, enero y febrero, que son meses generalmente benévolos para el oficialismo, fueron meses en los que el Gobierno tendió a bajar.

Ahí la única explicación era una inflación de 3% con salario pisado; es decir, pérdida de poder adquisitivo.

También lo vimos en febrero y marzo de 2025, cuando explotó el caso $LIBRA. Nosotros medimos ese episodio y veíamos que no impactaba. Pero, ¿qué tuviste en febrero o marzo? Inflación de 3,7%.

O sea que si leemos la caída del Gobierno como un fenómeno sensible al crecimiento de la inflación, es posible que cuando la inflación baja el Gobierno recupere terreno.

Y eso te muestra que todavía la inflación, la estabilidad, sigue ordenando el vínculo entre Milei y la sociedad.

Sí, es el gran ecualizador.

Decías que había mucha relación entre los vaivenes de la aprobación del Presidente y los de Bullrich. ¿Esto podría hacer suponer que el destino de ella está atado al destino del Presidente y que no existiría posibilidad de que sea una figura de recambio si él no llegara con fuerza a buscar la reelección? Un poco lo que decía Durán Barba del PRO: que si le va bien a Milei la gente va a preferir a La Libertad Avanza, y si le va mal igual el PRO va a pagar el costo de haberlo apoyado.

Yo creo que hay algo de eso. Porque cuando hay demanda de cambio de signo, el cambio de signo es cambio de signo. Es difícil imaginar un cambio que sea lo mismo, pero parecido, como decía el poeta Lamborghini: lo mismo, pero parecido.

La demanda de cambio, cuando aparece, es una demanda concreta, al hueso. Hoy eso no está tan claro, básicamente porque el continuismo todavía tiene fortaleza.

Te voy a contar un poco lo que pasa con la imagen de Bullrich. En nuestra última medición, con un gobierno de 39 puntos y un Presidente también con 39 puntos de aprobación, Bullrich tiene 43 o 44. Es decir, está en torno a cuatro o cinco puntos por encima. Con un Presidente un poco más pinchado, con 36 de imagen, Bullrich estaba en 40.

Estamos hablando de algo sistémico: cuatro o cinco puntos más, pero acompañando el vaivén del Gobierno. Sensible a la recuperación o a la caída del Gobierno. Sistemáticamente más alto, pero acompañando ese flujo.

Entonces, yo creo que la suerte de Bullrich, por lo menos hasta hoy, está profundamente asociada a Milei, al Gobierno de Milei y al rumbo libertario. Hay que ver cómo sigue, porque la política es misterio y el futuro tiene algo de impredecible.

Yo te diría que eso define todo un barrio de sensibilidad. Lo que planteaba Durán Barba del PRO se puede predicar de Bullrich, porque es esa la zona donde ella tiene alcance, arraigo y donde expresa republicanismo.

El sector que no la quiere realmente es muy duro con Patricia Bullrich.

Sí, genera contraste.

Cuando uno mira las últimas elecciones en Colombia y Perú, lo que se percibe en ambos casos, además con balotaje, es que se llega al balotaje con una polarización absoluta. Diferencias de un punto. Lo mismo podríamos decir de las últimas elecciones en Brasil, en las que Lula, con todo el arco de centro que lo apoyó, de cualquier forma logró una diferencia mínima frente a Bolsonaro.

Sí, menos de un punto.

Menos de un punto. ¿Imaginás un escenario similar? ¿Que el orden político argentino en 2027 va a estar finalmente dentro del campo común que tienen Milei, el PRO y Patricia Bullrich versus el campo que tiene Axel Kicillof y cierta parte del panperonismo?

Es probable. Igual creo que hay distintos modos de llegar a esa polarización. Mirá el caso Perú. Ahí estamos hablando de centésimas de diferencia, pero llegaron después de un proceso de hiperfragmentación, donde la dinámica polarizante la impone el sistema electoral; no es que esté anclada o expresada en figuras.

Y creo que esa pregunta hoy vale para Argentina: si vamos a llegar a la escena electoral con una escena hiperpolarizada o con una escena de fragmentación. No está claro y cualquiera de las dos cosas puede pasar, porque todavía faltan cosas.

¿En la primera vuelta fragmentación y en la segunda vuelta hiperpolarización?

Eso es posible. Ahora, lo que digo es que la incógnita también es para la primera vuelta. Si se llega con un modelo hiperpolarizado de acuerdos. Por supuesto, en eso va a terciar mucho si hay o no hay PASO.

Es probable que, si no hay PASO, la escena que se presente, el tablero que se termine dibujando, sea un tablero de hiperfragmentación. Con esto que yo llamaba barrios, o si querés sensibilidades, polarización afectiva como trasfondo que termina ordenando la preferencia, eso está. Pero si no hay un candidato que active esa preferencia, el formato va a ser más parecido a nuestro 2003.

Todo parece indicar que va a haber PASO. En ese caso, quedaría la posibilidad de que las PASO fueran la hiperfragmentación, que la primera vuelta funcionase como segunda y la eventualidad de que la polarización se produzca allí, y si no directamente en la segunda vuelta. Ahora, cuando uno mira las elecciones de 2023, lo que encuentra es que la diferencia entre Patricia Bullrich, Milei y Massa en primera vuelta fue poca.

Hubo tres tercios.

Simplemente dos o tres puntos de diferencia hicieron que uno pasase al balotaje y el otro no. ¿Podría darse la situación inversa si se presentase una fragmentación? ¿Que la que pasase al balotaje fuera Patricia Bullrich por fuera de Milei? ¿O vos no ves ninguna alternativa de competencia entre Patricia Bullrich y Milei?

No. A ver, son cosas para las que todavía falta. Hoy son del orden de lo inimaginable. Son del orden de lo especulativo. Yo creo que hoy Bullrich todavía le hace un tremendo favor al Gobierno. Tremendo favor. Por esto que te planteaba.

La Carrió de Macri.

La Carrió de Macri. O sea, diluye dudas.

Yo creo que hoy es difícil. No lo medimos, no lo sabemos. Es del orden de lo especulativo, pero es una especulación que, por supuesto, se puede medir con hipótesis electorales. No lo tenemos medido, no lo sabemos.

Si vos me preguntás a mí qué creo, creo que hoy todavía Milei retiene el voto.

La retiene porque es la primera marca.

Milei sigue siendo la primera marca. Y, por otro lado, hay algo también muy semántico. Me voy por un camino un poco más de otro orden, que tiene que ver con cómo es la lengua política, cómo es el decir político.

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La voz del votante amarillo usa las mismas palabras, empezó a mirar el mundo de modo similar al de Milei, tiene las críticas republicanas, pero en general coincide con un modo de ver el mundo y un modo de decirlo. Usa las mismas expresiones, usa las mismas palabras, vive en la misma lengua. Y si vivís en la misma lengua, tenés muchas razones para acompañar con el voto.

Siguiendo con la idea de lo que es un triunfo cultural que trasciende al votante de Milei, y que el peronismo termina quedando en la votación más baja de su historia, y que esa es la situación a la que se llega el año próximo con una inflación baja y un triunfo cultural de la perspectiva del mundo que implanta Milei. ¿Queda la posibilidad de que el peronismo salga tercero y que, si hubiera tres tercios, el balotaje sea entre Milei y un Milei sin Milei, encarnado por una alianza entre Patricia Bullrich, el PRO, parte del radicalismo, un Juntos por el Cambio Reloaded? Y que entonces, en esa situación, vayan a un balotaje dos perspectivas de centroderecha, una republicana y una menos republicana, y que en ese caso terminen votando a Bullrich los peronistas.

No lo veo. Tiene que pasar una catástrofe de fragmentación en el peronismo, que tampoco está tan lejos; también es posible. Pero tenés un votante del peronismo que tiene un núcleo importante que lo vuelve la principal oposición.

Sí miraría con atención lo que pasa con el fenómeno Bregman. Nosotros le llamamos el factor Bregman. Porque también es cierto que, cuando medís a un año y medio de una elección es más fácil concederle el voto a figuras emergentes. Cuando se acerca el principio de realidad y el voto opositor ve la chance de ganarle a su adversario, es probable que se ordene detrás de una figura del peronismo. Y eso vale 35 puntos. El punto de arranque.

MV