El analista financiero Javier Timerman evaluó la estrategia del Gobierno frente a la deuda y aseguró que “de REPOs no se puede vivir”. Además, explicó que el riesgo país refleja la historia de defaults y la dinámica política local más que los indicadores económicos actuales. "Eventualmente se va a necesitar otro ciclo político para que el mercado realmente reaccione de la manera que debería reaccionar con los indicadores que tiene la Argentina y dejando de lado la historia", dijo en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190)
Javier Timerman es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Tel Aviv, con una maestría en Finanzas Internacionales por la Universidad de Columbia. Es analista financiero con más de 30 años de experiencia, gran parte de ella en Wall Street. Dirige el grupo financiero ADCAP.
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¿Cómo evalúa el mercado el reciente apoyo de los repos por 3.000 millones de dólares anunciado para el pago del vencimiento de deuda que tenía la Argentina? ¿Cómo lo evaluás vos mismo? ¿Argentina es solvente o no? ¿La tasa de interés pagada indica la posibilidad de regreso a los mercados en algún momento de manera más normal?
El pago de deuda con el repo demuestra claramente que, si bien la Argentina tiene indicadores que le deberían permitir acceder al mercado de crédito y no sería una historia, los rollovers que nosotros tenemos indican dos cosas. Una es que tenemos una historia complicada de nueve defaults y que el mercado dice que quiere esperar un poco. Y es una espera que va más allá de las necesidades económicas de la Argentina.
Y lo otro es que la reestructuración que se hizo en el 2020 nunca dejó cómodos a los acreedores, nunca logró reducir el riesgo país, y ahora se van acumulando vencimientos que son cada día más grandes. Esos vencimientos, en una situación donde la Argentina siempre atraviesa turbulencias políticas, etcétera, ponen a los inversores más cautos. Entonces, se necesita hacer este tipo de transacciones.
A mí me parece que, dentro de todo, son transacciones positivas, porque van mejorando. Un repo es algo como un pedido de garantía para darte plata. No es lo mismo que salir al mercado y emitir. Es como la persona que presta, pero pide una garantía a cambio. Son pasos que el Gobierno tiene que dar. Creo que eventualmente se va a necesitar otro ciclo político, con políticas más o menos pro mercado, racionales, algún tipo de políticas de Estado y reformas para que el mercado realmente reaccione de la manera que debería reaccionar con los indicadores que tiene la Argentina y dejando de lado la historia. De repos no se puede vivir.
El riesgo país es un indicador político y no económico. Como Argentina tuvo default y reestructuró la deuda con quitas, es como un castigo. No importa lo que haga hoy, eso tiene que ver con lo que hizo en el pasado. Y los analistas están midiendo riesgo, porque finalmente el riesgo país tendría que ser el riesgo a futuro. ¿Qué componente político tiene ese riesgo país?
Muchísimo. Me acuerdo que yo escuchaba muchas veces a Cristina (Kirchner) en sus discursos, incluso cuando fue vicepresidenta e incluso cuando no fue nada, decir que los déficits no son tan malos. Decía que había que mirar a Estados Unidos, que tiene un déficit, o nombraba países que tenían déficit y que, sin embargo, podían hacer emisiones en los mercados y el mercado les prestaba.
Es decir, todos los países del mundo.
Claro, exacto. Es una realidad, pero que no aplica a la Argentina. No aplica a la Argentina porque tenemos otro riesgo país, que es un riesgo país que yo diseñé, que es mi riesgo país. Digo que el verdadero riesgo país en la Argentina es la dificultad de los problemas que tenemos y la clemencia de demencia que tienen los políticos argentinos. Los políticos argentinos no comprenden la gravedad de los problemas argentinos porque están constantemente en peleas minúsculas, donde el interés nacional pasa por ellos y no por la solución de los problemas. Por eso tenemos constantemente esa actitud de enemigo.
En estos últimos tiempos me empezaron a aparecer en los algoritmos discursos de la presidencia de Ronald Reagan. Cuando llegué a Estados Unidos el presidente era Ronald Reagan, y como yo venía de ser un gran admirador de (Jimmy) Carter por todo lo que había hecho por los derechos humanos, y para mí Reagan era un monstruo. Era un monstruo por su política de derechos humanos y después era un monstruo también porque yo no estaba de acuerdo en ese momento con esas políticas económicas. Pero ahora lo escucho y veo un líder, una persona que, comparado con lo que es (Donald) Trump, por ejemplo, buscaba la unión, que hablaba con los demócratas y era cortés. Sería un demócrata hoy en día si Reagan fuese presidente.
El riesgo país que se vende afuera es esa capacidad que tenemos los argentinos de autodestruirnos, de hacer política un poco para destruir al adversario, porque el adversario en realidad no es un adversario, sino es un enemigo. Y eso funciona y hartó a los inversores. El riesgo país está medido por la capacidad que tiene el país de atraer inversiones a una cierta tasa de interés. Dentro de esa capacidad están los indicadores económicos, pero también está la dinámica política que hay en la Argentina. Un presidente como Alberto Fernández, cuando ganó las elecciones, prefirió que siga el caos, porque de alguna manera lo iba a beneficiar, cuando todo el mundo le decía que salga a tranquilizar. ¿Por qué? Porque los argentinos tampoco castigamos a un presidente.
También llegué a Estados Unidos cuando Reagan era presidente y pensaba que era un monstruo. Escuchándolo en 1982 valoraba su oralidad, su capacidad histriónica y me producía simpatía, incluso estando totalmente en contra de sus ideas. Carter nos salvó la vida. Tengo que agradecerle a la existencia de que la dictadura argentina haya demorado menos tiempo del que a lo mejor hubiera podido estar y, al mismo tiempo, tuviera algún tipo de limitaciones en cuanto al desarmado concreto de todo el sistema represivo en el año 79. Me tocó vivir en cuatro países diferentes y no encontré más virtud en los políticos de ningún país que en la Argentina. No encuentro mucha diferencia entre los políticos argentinos y los políticos brasileños. Puedo conjeturar que es simplemente una venganza de los sectores financieros, porque Argentina hizo default y renegoció una deuda con quita, y que entonces, para que ningún otro país en el mundo se anime, Argentina va a pagar con no tener acceso a los mercados de crédito por mucho tiempo, haga lo que haga.
Respecto a lo que mencionabas de otros países y respecto a lo que mencionabas sobre la conducta de los políticos en otros países, es verdad que el discurso se fue radicalizando muchísimo y que cosas que antes no pasaban ahora pasan, pero de alguna manera se mantienen las instituciones. La confianza es que gane Lula (da Silva) o gane (Jair) Bolsonaro, o vuelva Bolsonaro, se va a mantener una cierta coherencia económica, porque incluso los que apoyan a Lula también fueron opositores a Lula en su momento, etcétera.
Con la Argentina no existe tal confianza. Entonces, si bien sí es verdad que el discurso se radicalizó mucho en todos los países, siempre se piensa que hay un límite, incluso en países donde las discusiones son muy fuertes, como puede ser Israel, donde realmente hay una discusión fuerte entre la oposición y el gobierno, pero siempre se mantiene cierto límite.
Asumamos que (Javier) Milei se debilite, como se pensó que se había debilitado el año pasado. Los mercados colapsaron. Carlos Bianco decía que intervino directamente el presidente y el Tesoro americano para apuntalar una presidencia. Si a Milei le iba mal, no había plan B para el inversor. Después podemos decir si esto está justificado o no justificado, pero es muy difícil para los inversores pensar que la Argentina es un país donde, si a este gobierno le va mal, no hay plan B, no hay una alternativa. Eso es producto de que la oposición no logra establecer un discurso diferenciador del discurso del Gobierno, pero con ciertas políticas.
Al Gobierno tampoco le interesa, como le pasó a (Mauricio) Macri. Le interesa dialogar con una oposición, pero dialogar desde otro lugar, no negociar. Dialogar es sentarse a presentar una ley en la Casa Rosada y estar rodeado de los jefes de las bancadas. Es hacer un asado en Olivos e invitar a los jefes de todas las bancadas. Es mostrar un nivel de coherencia política, de diálogo político que nos exige nuestra historia. Vos me decís que en otros países no pasa, pero nosotros tenemos nueve defaults, y aplaudidos algunos. Eso hay que levantarlo como país, no como gobierno. Yo creo que eso es donde los argentinos no entendemos bien la diferencia entre un país y un gobierno. Y eso el mercado te lo cobra.
Yo conozco muchísimo el mercado. Siempre cuento dos anécdotas que reflejan mucho cómo el mercado mira a la Argentina. Una es que los traders siempre decían que si vos perdés plata en una inversión en Brasil, hiciste un mal trade, y que si ganás plata en Argentina, sos un irresponsable. "¿Cómo invertiste en Argentina? Te podía haber salido mal", decían. Eso es porque hay una historia que nos condena.
La otra anécdota que siempre cuento es que un banco japonés, Nomura, le tenía prohibido a los operadores comprar deuda argentina hasta dos semanas después de visitar la Argentina. ¿Por qué? Porque venían a la Argentina, veían que Buenos Aires era una ciudad hermosa, y decían: “No, pero esto no puede tener el riesgo país que tiene”. Entonces decían que tenían cuarentena de dos semanas para evitar compras apresuradas. Esa era un poco la historia que tenemos entre los operadores.
Creo que esto se va a revertir en algún momento y creo que es fundamental para el crecimiento. Lo importante es que se revierta lo suficientemente rápido para que no esté impactando constantemente en la política. Porque si no, el año que viene va a haber otro salvataje. Yo creo que Trump no va a ser tan fuerte después de las elecciones de mitad de término. Yo creo que la presidencia de Trump, en algún momento, después de las elecciones de mitad de término, va a sufrir mucho políticamente. El Congreso lo va a volver loco, va a empezar la campaña presidencial y él se va a poner más ansioso. Hasta el día de hoy muchos demócratas, cuando cuestionan a Trump por las diferentes cosas, lo cuestionan menos por Venezuela y más por haber salvado a la Argentina.
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Creo que el dilema es el siguiente: ningún país puede pagar su deuda. Al país al que se le pide que pague su deuda, finalmente se lo coloca en la condición de que, más tarde o más temprano, va a reestructurar. Entonces, o bajan el riesgo país o hacen que baje el riesgo país, o se van a jorobar ellos. No hay forma de que un país genere superávit para poder pagar, no los intereses, sino la deuda. Si se les pidiera a los demás países lo que se le pide a la Argentina, quebrarían todos. Vale aquello que decía Néstor Kirchner, que si el acreedor ve que el deudor se muere, no cobra. Si no baja el riesgo país, no va a quedar otra alternativa que reestructurar. Entonces van a ser los propios acreedores los que creen las condiciones políticas en la Argentina para que venga alguien anti mercado y diga: “Se acabó, default otra vez”. La única forma es que haya un entendimiento del mercado de que el mercado también es actor en la Argentina.
Eso ya lo dijo (John Maynard) Keynes hace mucho tiempo: los mercados pueden ser irracionales mucho más tiempo del que uno puede ser solvente. Pero la realidad es que el mercado no es una unidad, es un conjunto de factores, de psicologías, de experiencias, etcétera. Venezuela está en default desde el año 2017. Hasta 2017 fue un gran pagador, durante la época pre (Hugo) Chávez y post Chávez En 2017 deja de pagar porque el país, con los embargos y todo, y el mercado sufrió mucho por ese default, porque había mucha deuda venezolana en manos de inversores y de fondos. Sin embargo nunca hubo una actitud de ver cómo negociar de alguna manera. Entonces se manda a pérdida y te olvidás.
Hay algo que se llama riesgo sistémico. Si mañana Milei se vuelve loco, declara el default y rompe relaciones con Estados Unidos, no pasa nada. No causamos un problema al mundo. Eso no era así hace unos años. En algún momento, cuando fue la crisis de México, había miedo sistémico. Entonces lo que termina pasando es que pasás a ser irrelevante. Si no venía Scott Bessent a salvarte, El mercado no hubiese hecho nada si la Argentina entraba en default otra vez. No es que se hubiesen juntado. En la época de (Domingo) Cavallo, cuando fue el Tequila, yo me acuerdo que Cavallo llamaba a bancos y decían: “Muchachos, hay que ayudar afuera, nos tienen que ayudar”, y el mercado era chico y lograba muchas cosas. Pero hoy en día el mercado es de un tamaño tan inmenso y la Argentina es tan insignificante dentro de ese mundo que no va a funcionar de esa manera.
Entonces, el esfuerzo tiene que venir de la Argentina, lamentablemente. Es injusto, sí, puede ser que sea muy injusto, puede dar bronca. El otro día lo estaba escuchando a Toto Caputo, que tiene muchísima experiencia en los mercados también, y él decía algo que yo pienso exactamente igual. Él decía que si a mí el primero de enero de 2025, hace un año, le decían todo lo que iba a pasar, él creería que el riesgo país estaría en 300 puntos. Yo también. Estados Unidos, acuerdo con el Fondo, doble de ayuda por parte del Fondo de lo que se esperaba, acuerdo comercial con Estados Unidos de alguna manera, y sin embargo estamos más arriba que el primero de enero. Por eso digo que hay un problema nuclear, porque si eso no se modifica y, como vos decís, el mercado puede ser irracional mucho más tiempo del que uno sea solvente.
Y yo creo, yo creo que, desde el punto de vista de Milei, si yo tuviera que decir cuál es su logro, yo creo que haber convencido a la sociedad de que el déficit para la Argentina no podía continuar. Eso quedó instalado en la mente de los inversores. Los argentinos, en realidad, están dispuestos a mantener el superávit fiscal, eso es algo que lo convalidó en las elecciones. Eso es una ayuda y por eso el riesgo país está en 500. Ahora faltan otras cosas y van a requerir esfuerzos, porque muchas de las cosas que se tienen que lograr, como la acumulación de reservas, se contradicen con otras prioridades, como la baja de la inflación. Entonces va a haber tensiones en el mercado, la tasa de interés, por ejemplo, y esas tensiones van a resultar en conflictos políticos, y el mercado va a estar atento a eso.
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