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INNOVACIÓN Y DEBATE

GPS en el fútbol: cómo la tecnología cambió la preparación física y por qué el debate ya está saldado en la élite

El uso de dispositivos de seguimiento físico tiene más de 15 años en el alto rendimiento y cuenta con aval de FIFA. Especialistas coinciden en que permitió personalizar entrenamientos, medir cargas y reducir la improvisación, aunque su impacto sigue generando polémicas mediáticas.

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El GPS es utilizado en el mundo del fútbol desde hace 15 años. | CEDOC PERFIL

La discusión sobre el uso de GPS en el fútbol profesional reaparece periódicamente en medios y redes sociales, pero en el mundo del alto rendimiento el debate está prácticamente cerrado desde hace más de una década. La tecnología que permite medir el rendimiento físico de los jugadores se convirtió en una herramienta habitual en clubes, selecciones y academias, con el respaldo de organismos internacionales y la adopción masiva en ligas de todo el mundo.

El periodista Marcelo Gantman sintetiza esta tensión entre el uso real de los dispositivos y la polémica mediática: la conversación persiste fuera del campo de juego, mientras que el fútbol profesional ya incorporó definitivamente el análisis de datos como parte de su ecosistema de trabajo. La FIFA valida estas tecnologías desde hace al menos diez años, lo que consolidó su expansión global en clubes de distintos niveles.

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Cómo el GPS transformó la preparación física

Los dispositivos GPS comenzaron a utilizarse en el fútbol hace más de 15 años —antes incluso en rugby y hockey— y marcaron un punto de inflexión: permitieron medir de forma objetiva lo que antes se basaba en intuición. Preparadores físicos y entrenadores coinciden en que el gran cambio fue pasar de entrenamientos generales heredados de otros deportes a cargas específicas diseñadas para el fútbol.

Los sensores registran metros recorridos, aceleraciones, desaceleraciones, velocidades máximas y niveles de carga, lo que permite planificar sesiones con objetivos concretos y evaluar si el entrenamiento produce las adaptaciones físicas buscadas. Este salto tecnológico consolidó la individualización del entrenamiento: los planteles trabajan juntos, pero cada jugador recibe cargas específicas según su historial, su puesto y su respuesta física.

El entrenador Matías Almeyda lo resume con claridad: “No saco ni pongo a ningún jugador por lo que diga el GPS. Es información para controlar que se haga lo planificado y analizar el volumen grupal e individual”.

La tecnología también redefinió la relación entre el estilo de juego y el perfil físico. Equipos que priorizan la posesión o el contraataque requieren demandas físicas distintas, y los datos permiten verificar si un futbolista puede sostenerlas. Según el preparador Alejandro Kohan, el GPS ayuda a comprender cómo cambian las exigencias según el rol: “Pasar de lateral a carrilero cambia totalmente la demanda física”.

Además, los dispositivos permiten construir perfiles históricos de rendimiento con datos de entrenamientos y partidos a lo largo de la temporada. Esa información sirve para detectar fatiga, planificar recuperaciones y respaldar decisiones deportivas con evidencia objetiva.

Datos, lesiones y el rol real de la tecnología

Los especialistas coinciden en que el GPS no reemplaza el criterio humano ni define decisiones por sí solo. Gustavo Metral lo sintetiza: “El GPS no es para analizar rendimiento, sino para cuantificar carga y evaluar la semana”. Los entrenadores lo utilizan como una variable más, junto a factores tácticos, técnicos y emocionales.

Tampoco existe evidencia científica de que el dispositivo evite lesiones por sí mismo. Las lesiones son multicausales, pero el control de cargas y la planificación basada en datos ayudan a reducir riesgos y mejorar la recuperación. El impacto más fuerte de la tecnología se observa en el largo plazo: planificación de microciclos, equilibrio de cargas entre titulares y suplentes y seguimiento del desarrollo físico de juveniles.

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El caso del FC Barcelona ilustra esta lógica: el club trabaja con una planificación anual que contempla entre 14 y 16 lesiones musculares por temporada. Superar ese número implica revisar todos los procesos de entrenamiento. En ese contexto, medir se vuelve imprescindible.

Hoy, el GPS convive con nuevas tecnologías de tracking óptico multicámara y análisis con inteligencia artificial, capaces de registrar movimientos sin dispositivos portátiles. Plataformas como TRACAB, Hawk-Eye o Second Spectrum integran datos físicos y tácticos, consolidando una nueva etapa del análisis deportivo.

El impacto del GPS también se refleja en su accesibilidad. Su costo es relativamente bajo frente a otros sistemas, lo que permitió su adopción en clubes profesionales y semiprofesionales. La clave, coinciden los especialistas, no es acumular datos sino seleccionar indicadores útiles: los cuerpos técnicos trabajan con entre seis y diez métricas clave para planificar entrenamientos.

El debate cultural persiste porque el fútbol convive con una visión romántica del juego basada en la intuición. Sin embargo, los expertos sostienen que la intuición y la improvisación requieren estructura y entrenamiento. La tecnología no reemplaza el talento, pero aporta información para cuidar al futbolista y prolongar su carrera.