La relación turística entre Argentina y China empieza a mostrar impactos concretos en destinos puntuales, y Cataratas del Iguazú aparece como uno de los grandes beneficiados. En el último año, el flujo de viajeros chinos hacia el país mostró un crecimiento sostenido y posicionó a Iguazú como una parada estratégica dentro de los recorridos sudamericanos.
El fenómeno responde a una combinación de factores: la flexibilización de los requisitos de ingreso para ciudadanos chinos, la mejora en la conectividad aérea internacional y un perfil de turista que prioriza destinos emblemáticos, de alto impacto visual y con logística simple. En ese esquema, Iguazú ofrece una ventaja clave: permite concentrar la experiencia en dos días sin resignar valor simbólico ni atractivo natural.
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Agencias especializadas coinciden en que el viajero chino ve a Iguazú como un “destino icónico”, comparable a Machu Picchu o a las grandes capitales europeas. La posibilidad de recorrer las Cataratas sin necesidad de cruzar fronteras complejas, sumada a la fama global del parque, convierte al destino en una elección casi obligada dentro de los itinerarios regionales.
Un perfil que cambia, pero mantiene prioridades
Históricamente, el turismo chino que llega a Iguazú estuvo compuesto mayormente por grupos organizados de adultos mayores, con recorridos intensivos y tiempos ajustados. Sin embargo, en los últimos meses comenzó a crecer un segmento más joven y autónomo, que organiza su viaje de manera independiente y combina experiencias naturales con propuestas culturales y gastronómicas.
Aun así, el patrón dominante sigue siendo el de estadías breves. La mayoría de los viajeros destina entre una y dos noches al destino, lo que obliga a repensar estrategias para extender la permanencia y aumentar el impacto económico local. Desde el sector advierten que el desafío no es atraer visitantes —la demanda existe— sino lograr que Iguazú deje de ser solo una escala rápida.
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Oportunidades y límites del modelo actual
La expansión del turismo chino abre una oportunidad concreta para Iguazú, pero también expone límites estructurales. La barrera idiomática, la escasez de servicios adaptados a hábitos culturales específicos y la falta de productos diseñados para estadías más largas aparecen como los principales cuellos de botella.
Aun así, operadores del sector destacan que el crecimiento es real y medible. La mejora en la conectividad internacional y la promoción del destino en mercados asiáticos generan un escenario favorable, siempre que se acompañe con inversión en infraestructura, capacitación y diversificación de la oferta.