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El alto precio de no prepararse para el divorcio

Prepararse para transitar el divorcio es dejar de ser espectadora para ser protagonista del cierre de una etapa que, bien atravesada, permite un futuro superador.

Divorcio planificado
Divorcio planificado | CEDOC

Separarse no es fácil. Lo sabemos. Es una decisión que remueve el cuerpo, la historia, los planes, la rutina y, sobre todo, las emociones. Miedo, angustia, bronca, culpa, cansancio. En ese torbellino, pensar con claridad parece un lujo. Pero no hacerlo puede salir muy caro. Especialmente para nosotras, las mujeres.

Muchas veces, lo abrumador del proceso hace que posterguemos una y otra vez el momento de sentarnos a revisar papeles, repasar cuentas, asesorarnos y entender qué implica un acuerdo económico, o qué significa en la práctica la tenencia compartida. A veces nos aferramos a la ilusión de que “ya se va a acomodar”, o simplemente nos paraliza la idea de enfrentarnos a algo que no manejamos. Pero mientras tanto, el tiempo pasa, y muchas veces eso juega a favor del otro. Porque él sí se asesora. Él sí se organiza. Él sí se adelanta. Y en ese lapso, no son pocos los casos en los que comienzan a desprenderse de bienes, mover activos, o armar estrategias que, una vez en la mesa de negociación, nos dejan en clara desventaja.

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Otras veces la urgencia emocional empuja a cerrar acuerdos rápidos. Especialmente cuando fue ella quien tomó la decisión de separarse. La culpa aparece disfrazada de urgencia o incluso de virtuosismo: “Ya está, quiero terminar con esto”, “prefiero perder plata antes que seguir peleando”, “lo importante es la paz”. Y sí, la paz es importante. Pero no cualquier paz. Porque lo que firmemos ahora va a impactar en nuestros próximos diez, quince o veinte años. En nuestra estabilidad, en nuestros hijos, en nuestro bienestar emocional y financiero.

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El miedo también hace lo suyo. A quedarnos solas, a no poder sostener el nivel de vida, a no saber por dónde empezar. Y frente a ese miedo, muchas veces aparece la tentación de negociar desde un lugar de necesidad, de desesperación. Y cuando negociamos desde el miedo, entregamos más de lo que nos corresponde. Cuando negociamos desde la culpa, también. Y cuando no negociamos en absoluto, dejamos que otros definan por nosotras.

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Por eso, más allá del dolor, más allá de las emociones (que hay que transitar y no negar), es clave entender que prepararse para el divorcio es una forma de cuidarse como mujeres adultas, de hacernos responsables de nuestro destino. Es poner límites, es tomar decisiones desde un lugar de conciencia. No se trata de “ir a la guerra”, sino de tomar la responsabilidad que nos compete. De entender qué nos corresponde y por qué. De no perder más de lo que ya se pierde cuando una relación se rompe.

Prepararse es informarse, seguir un plan, asesorarse y no improvisar. Es un acto de amor propio. Es dejar de ser espectadora para ser protagonista del cierre de una etapa que, bien atravesada, permite un futuro superador.

(*) Helena Estrada es abogada, Fundadora de "Tu DivorcePlanner", un acompañamiento integral para mujeres en situación de divorcio