OPINIóN
Salud

Agua para la longevidad

Comprobar que su consumo es uno de los mayores factores de longevidad fue tan trascendente como descubrir que el lavado de manos aumentaba la salud. “Las personas con hidratación insuficiente presentan entre un 10 % y un 50 % más probabilidades de mostrar un envejecimiento biológico acelerado”, cita el autor.

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Agua | Telam

Durante gran parte de la historia, el agua fue considerada un recurso indispensable para la supervivencia. En el siglo XIX su mejor uso permitió controlar epidemias de cólera y fiebre tifoidea mediante el acceso al agua potable y al saneamiento. En el siglo XX fue uno de los factores que más contribuyeron al extraordinario aumento de la expectativa de vida mundial, incluyendo el lavado de manos descubierto 50 años antes.

Pero en el siglo XXI, la ciencia comienza a asignarle un nuevo papel: ayudar a ralentizar el envejecimiento biológico y favorecer una vida más larga y saludable.

La idea puede parecer sorprendente. Cuando se habla de longevidad suelen aparecer conceptos como inteligencia artificial, edición genética, células madre, medicina personalizada o fármacos capaces de retrasar el envejecimiento. Sin embargo, mientras miles de millones de dólares se invierten en estas tecnologías, un número creciente de investigaciones apunta hacia un factor mucho más simple y accesible: mantener un estado óptimo de hidratación durante toda la vida.

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Se trata de una hipótesis científica que comienza a consolidarse sobre la base de evidencia cada vez más sólida.

El agua constituye alrededor del 75 % del cuerpo de un recién nacido. En la adultez representa aproximadamente el 60 % del peso corporal y, en edades avanzadas, puede descender hasta cerca del 50 %, principalmente por la pérdida progresiva de masa muscular.

Pero el envejecimiento trae consigo otra dificultad menos conocida: disminuye el mecanismo fisiológico de la sed. A ello se suma una menor capacidad renal para conservar agua, el uso frecuente de diuréticos y otros medicamentos, y una mayor prevalencia de enfermedades crónicas.

El resultado es que millones de adultos mayores permanecen en estados de deshidratación leve y sostenida sin ser plenamente conscientes de ello.

En edades avanzadas, el agua puede descender hasta cerca del 50 %, principalmente por la pérdida progresiva de masa muscular"

La deshidratación aumenta el riesgo de infecciones urinarias, insuficiencia renal, hipotensión, caídas, deterioro cognitivo, accidentes cerebrovasculares y hospitalizaciones. En geriatría, constituye una de las causas prevenibles más frecuentes de internación.

En enero de 2023, un equipo del National Institutes of Health publicó en eBioMedicine un estudio que despertó enorme interés en la comunidad científica.

Durante más de veinticinco años, los investigadores analizaron la evolución de 11.255 participantes del estudio ARIC (Atherosclerosis Risk in Communities), utilizando la concentración de sodio sérico como marcador indirecto del estado de hidratación.

Los resultados fueron contundentes: las personas con valores de sodio persistentemente más elevados —compatibles con una hidratación insuficiente— presentaban entre un 10 % y un 50 % más probabilidades de mostrar un envejecimiento biológico acelerado. También tenían un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, entre ellas insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar, diabetes, demencia y fibrilación auricular, además de una mayor mortalidad prematura.

Los autores concluyeron que una hidratación adecuada "podría desacelerar el envejecimiento y prolongar una vida libre de enfermedades". Aunque enfatizaron la necesidad de realizar ensayos clínicos para confirmar una relación causal, el trabajo abrió una línea de investigación que hoy se expande rápidamente.

El envejecimiento disminuye el mecanismo fisiológico de la sed y la capacidad renal para conservar agua"

Durante décadas se creyó que el envejecimiento era un fenómeno inevitable. Hoy la biología ofrece una visión diferente.

En 2013, un equipo liderado por el bioquímico español Carlos López-Otín publicó en la revista Cell un trabajo que revolucionó el campo: identificó nueve mecanismos biológicos fundamentales del envejecimiento, conocidos como los Hallmarks of Aging. En 2023, ese marco conceptual fue actualizado y ampliado a doce mecanismos, incorporando nuevos conocimientos sobre inflamación crónica, alteraciones del microbioma y pérdida de la comunicación entre tejidos.

Entre estos procesos destacan el acortamiento de los telómeros —los "capuchones" protectores de los cromosomas—, la acumulación de células senescentes que dejan de dividirse, pero continúan liberando sustancias inflamatorias, la disfunción mitocondrial, las alteraciones epigenéticas y la pérdida de la capacidad regenerativa de las células madre.

En todos ellos, el agua desempeña un papel silencioso pero esencial. Participa en el transporte de nutrientes, la eliminación de productos de desecho, la regulación térmica, el mantenimiento del volumen celular, la función vascular, el metabolismo energético y prácticamente todas las reacciones bioquímicas del organismo. No es un medicamento, pero sí el medio donde ocurre la vida.

La longevidad se ha convertido en una de las mayores fronteras científicas y económicas del planeta.Fondos de inversión y grandes empresas tecnológicas financian investigaciones sobre reprogramación epigenética, terapias senolíticas para eliminar células envejecidas, edición genética, inteligencia artificial aplicada a la medicina, órganos bioimpresos y biomarcadores capaces de medir la edad biológica en lugar de la cronológica.

El envejecimiento poblacional está dando origen a una de las mayores transformaciones económicas del siglo XXI.
La denominada Silver Economy comprende todos los bienes y servicios destinados a una población que vive más años y busca hacerlo con autonomía. Según estimaciones de la Organisation for Economic Co-operation and Development y de la Comisión Europea, este mercado ya moviliza varios billones de dólares y continuará expandiéndose durante las próximas décadas.

Participa en el transporte de nutrientes, la eliminación de productos de desecho, la regulación térmica, el mantenimiento del volumen celular, la función vascular, el metabolismo energético y prácticamente todas las reacciones bioquímicas del organismo"

Para la industria del agua, esta tendencia representa una oportunidad extraordinaria. Aguas minerales diseñadas según perfiles etarios, formulaciones con minerales específicos para adultos mayores, sistemas inteligentes que monitorean el estado de hidratación, envases ergonómicos, plataformas digitales de seguimiento, programas preventivos para residencias geriátricas y soluciones domiciliarias para garantizar agua segura son apenas algunas de las innovaciones posibles.

Existe un motivo adicional para colocar al agua en el centro de las políticas públicas.

El cambio climático incrementa la frecuencia e intensidad de las olas de calor, y los adultos mayores constituyen el grupo de mayor riesgo. La disminución de la percepción de la sed, combinada con enfermedades cardiovasculares y menor capacidad para regular la temperatura corporal, aumenta significativamente la mortalidad durante eventos extremos.

Las olas de calor de 2003 y las registradas entre 2022 y 2023 en Europa causaron decenas de miles de muertes adicionales, principalmente entre personas mayores. Hoy lo volvemos a ver en Francia con temperaturas récord.

En respuesta, este país implementó el Plan National Canicule, España reforzó sus sistemas nacionales de alerta por temperaturas extremas y Japón desarrolla campañas permanentes para promover la hidratación preventiva entre adultos mayores, recomendando beber agua incluso antes de sentir sed. La adaptación climática ya no consiste solamente en construir diques, embalses o redes de distribución. También implica proteger la fisiología humana frente a condiciones ambientales cada vez más extremas.

Agua potable y longevidad

Durante el siglo pasado, el acceso al agua potable y al saneamiento explicó una parte fundamental del aumento de la esperanza de vida mundial. Reducir las enfermedades infecciosas permitió que millones de personas alcanzaran edades antes impensadas.

Ahora debemos aprender a utilizar el agua no solo para evitar enfermedades, sino también para preservar la funcionalidad del organismo durante el envejecimiento.

En un mundo donde la longevidad redefine la economía, los sistemas de salud y las políticas públicas, el agua deja de ser simplemente un recurso natural para convertirse en un activo estratégico para el bienestar humano.
Quizás, dentro de algunas décadas, miremos hacia atrás y comprendamos que la revolución de la longevidad no comenzó únicamente en un laboratorio de biotecnología. Tal vez también comenzó cada vez que decidimos valorar el recurso más simple, más antiguo y más indispensable para la vida: el agua.

*Dr en Medicina (UBA), especialista en Sistemas de Salud y Seguridad Social (Instituto Universitario de la Fundación ), CEO de la Cámara Argentina del Agua