OPINIóN
Impuesto a la pereza

El algoritmo castiga a quien no se esfuerza

En materia de lecturas y circulación, “un texto mediocre escrito por un humano tiene el mismo techo bajo que uno mediocre asistido por IA”, sostiene el autor. Por eso, Google promueve la calidad en la redacción de textos y castiga -a veces drásticamente- el “abuso de contenido a escala”. Qué es la “erosión de confianza”.

ChatGPT
ChatGPT | CEDOC

La columna Cyrano era una inteligencia artificial cerró con una frase que generó más preguntas que respuestas: "el IP no se contamina, desaparece" (IP, por intellectual property). Esa vez el eje era jurídico: las legislaciones exigen un autor humano para que exista derecho de autor. Pero quedó abierta una segunda pregunta, más terrenal para cualquiera que viva de escribir: ¿castiga Google a una nota por haber sido asistida por inteligencia artificial? ¿Baja los clics, la circulación?

La sospecha circula hace años en redacciones y agencias de contenidos: que el buscador "huele" el texto generado con IA y lo hunde en los resultados, como una suerte de sanción moral automatizada. Es una idea cómoda, porque traslada la responsabilidad de la calidad a una máquina invisible y exime al autor de revisar lo que firma. Y es, en gran medida, un mito.

Google lo aclaró explícitamente en su actualización de contenido de febrero de 2026: el contenido asistido por inteligencia artificial está permitido; lo que penaliza son las granjas de contenido generado en masa, sin intervención editorial. La distinción no es semántica: separa a un redactor que usa una herramienta para investigar más rápido y ordenar ideas, de un sitio que publica cientos de artículos casi idénticos para ocupar posiciones en los resultados de búsqueda.

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El buscador 'huele' el texto generado con IA y lo hunde en los resultados, como una suerte de sanción moral automatizada"

Esa distinción viene de antes: en marzo de 2024, Google lanzó una actualización contra lo que llamó "abuso de contenido a escala" (scaled content abuse), sitios que multiplicaban publicaciones automatizadas para manipular el ranking. El impacto fue drástico: los sitios que usaban IA sin revisión editorial perdieron entre el 70% y el 90% de su tráfico. Los que la usaban como herramienta de apoyo, con proceso editorial real detrás, no sufrieron caídas significativas.

Declarar el uso de IA en el proceso de producción, no es obligación legal en la Argentina ni en la mayoría de países, pero funciona como garantía editorial"

Ahí está el cuello de botella que la pregunta original no contemplaba: el algoritmo no mide el origen del texto, mide su comportamiento. Evalúa si aporta algo que no estaba ya en la primera página de resultados, si responde una intención de búsqueda real, si hay señales de experiencia y autoridad detrás. Un texto mediocre escrito por un humano tiene el mismo techo bajo que uno mediocre asistido por IA. Y un texto bien investigado, con voz propia y revisión editorial, no pierde nada por haber usado una herramienta para acelerar el borrador.

Los sitios que usaban IA sin revisión editorial perdieron entre el 70% y el 90% de su tráfico"

Lo que sí conviene aclarar, para no caer en el optimismo fácil, es que Google no publica el detalle exacto de cómo pondera cada señal: ninguna nota, ni esta, cierra del todo esa incertidumbre. Lo que sí está documentado en sus actualizaciones es la dirección de la política: no es un impuesto a la herramienta, es un impuesto a la pereza editorial.

Hay, además, una discusión distinta a la algorítmica, y es la que en el fondo importa más: la de la confianza del lector. Hace pocos días, un usuario comentó en una publicación mía de Linkedin: "entre la imagen y la publicación generada con IA se pierde toda la motivación para leerlo".

Mi respuesta fue directa: la imagen sí estaba hecha con IA —el diseño y el collage no son un oficio propio—, pero el texto lo escribí yo y usé la IA para buscar información, no para redactarlo. El comentario no discutía ningún argumento de la nota: la descartaba entera por asociación, sin haberla leído. Es la lógica del ataque ad hominem trasladada al contenido digital: juzgar la fuente supuesta en vez de juzgar lo que dice.

Esa reacción, multiplicada por miles de lectores, es la erosión de confianza que ningún ranking mide. No aparece en Search Console. Aparece en la cantidad de gente que vuelve, o no.

Ahí aparece una salida que ya exploran algunos medios: declarar el uso de IA en el proceso de producción, igual que una nota aclara si usó datos de agencia. No es obligación legal en la Argentina ni en la mayoría de países, pero funciona como garantía editorial: le dice al lector qué parte fue humana y cuál asistida, y traslada la sospecha genérica a la transparencia concreta.

La pregunta, entonces, no debería ser si la inteligencia artificial "contamina" la circulación de un texto. Debería ser si quien firma esa nota la revisó, la corrigió, la hizo propia antes de publicarla. Cyrano le prestaba las palabras a Christian, pero era Christian quien las decía, quien las sostenía frente a Roxane, quien cargaba con lo que esas palabras generaban. La pluma ayuda. La responsabilidad no se delega.


*Licenciado en Informática y en Ciencia de Datos, Profesor de Arquitectura de Computadoras, Paradigmas de Programación y Evaluación de Proyecto (USAL), perito informático forense, analista de seguridad de aplicaciones en el GCBA