El 1° de mayo de 1982 a las 04.45 se inició la Guerra de Malvinas, con el bombardeo de gran altura (10 mil m) al aeropuerto de Puerto Argentino de un avión Camberra británico que había partido de la isla Ascencion.
Durante el mes anterior, la Junta Militar (Galtieri, Anaya y Lami Dozo) y sus asesores políticos, diplomáticos y militares asumieron con arrogancia algo que los verdaderos conductores nunca hacen: subestimar al enemigo. El éxito de la Operación Rosario ante una débil guarnición británica y la exaltación que ello produjo en todos los argentinos los obnubiló y quedamos en manos de incompetentes, autoritarios y burócratas de escritorio, guiados por el deseo de obtener prestigio personal y salvar una sangrienta y desprestigiada dictadura que se despeñaba inexorablemente. Me consta, por distintos medios y por mi vivencia de los acontecimientos: antes, durante y después de la guerra.
En enero de 1982, el almirante retirado Emilio Massera, con la soberbia que lo caracterizaba, aseguró: “En estos momentos estamos en óptimas condiciones: nos gobiernan las Fuerzas Armadas (FF.AA.), tenemos un presidente con empuje y gran capacidad de decisión (Galtieri) y contamos con un canciller de lujo (Nicanor Costa Méndez). Si además de haber ganado la guerra contra el terrorismo se recuperan las Malvinas, el Proceso de Reorganización Nacional (PRN) quedará signado por estos hechos…” (Lezama Hugo, Convicción, 27 enero 1982).
Señalemos algunos elementos para el ánalisis. El canciller de lujo, en enero de 1981, en un conocido Círculo (no militar), dijo: “Soy el canciller que va a recuperar Malvinas”. Su actuación fue tan relevante como ineficaz. Con suficiente anticipación tomó conocimiento de la decisión del Gobierno de ocupar Malvinas, y consintió que el objetivo político se obtendría por medio de la diplomacia. Pero evaluó erróneamente la reacción internacional, principalmente de los Estados Unidos (EE.UU.) y el propio Reino Unido (RU). En 1976, había expresado: “La Argentina está alineada con los EE.UU. La militancia en el grupo de los Países No Alineados puede alejarnos de nuestros viejos amigos y de nuestros aliados (Carta política). Durante el conflicto trató tardíamente de recurrir a los No Alineados.
En febrero de 1982, también produjo un imprudente e inoportuno comunicado en una ronda de negociaciones con el RU, en Nueva York, durante el cual alertó sobre la decisión de ocupar Malvinas mediante una acción militar.
Apreció erróneamente la capacidad diplomática del RU, sus problemas de política interna, la difícil situación de la primera ministra Margaret Thatcher y fundamentalmente su no reacción militar.
Impulsó el adelanto de la Operación Rosario, lo que incidió negativamente sobre las improvisaciones militares, políticas y diplomáticas.
Durante las negociaciones, a partir del 2 de abril, adoptó actitudes inconducentes que cerraron caminos para una posible –aunque difícil– negociación y nos llevaron a una confrontación militar. En todo ello considero que también cabe la responsabilidad al personal superior del Ministerio a su cargo, con las excepciones del caso.
El presidente con empuje y gran capacidad de decisión (Galtieri), y también jefe del Ejército Argentino, invadió jurisdicciones de los comandantes en las islas (generales Menéndez, Jofre y Parada), con decisiones inconsultas y erróneas; con el inadmisible consentimiento de ellos y de los altos mandos en el continente.
El Ejército combatió con menos del 10% de sus hombres, de su capacidad operativa, logística, material y armamentista. No realizó, igual que sus pares de la Junta Militar y del canciller, una apreciación de situación acertada de la muy probable reacción británica y de los principales organismos internacionales, y condujo a la Nación a una guerra inédita con la máxima potencia militar del mundo: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Subestimó la reacción de Chile, que brindó su apoyo al RU. En 1981, expresó: “La Argentina y los EE.UU. marcharán juntas en la guerra ideológica que está comenzando en el mundo, compartiendo ansiedades y anhelos comunes”. Ese mismo año firmó un acuerdo con el citado país y con Honduras para actuar juntos en Centroamérica, y apoyar la infiltración antisandinista; demoliendo con ello un principio de nuestra política exterior: la no injerencia en asuntos internos de otro país.
La guerra duró 44 días, pero desde su inicio ninguno de los altos mandos de las FF.AA. en el continente pisó las islas. El 12 de mayo, reunió al gabinete nacional y afirmó: “Estamos llegando al momento de mayor confrontación (…) Esto terminará en enfrentamiento bélico. La Argentina lleva ventajas, estamos en propio territorio y defendemos una causa justa (…) Existe la firme decisión de afrontar esa guerra que fue debidamente planeada”. En la misma reunión, Costa Méndez, dijo: “La solidaridad americana es cada vez mayor. En el bloque de los países No Alineados, la sorpresa es contar con un gran aliado como Cuba”. Galtieri, y muchos en el Ejército, pretendieron atribuir la derrota no a la incapacidad manifiesta de los altos mandos y a los complacientes seguidores que evidenciaron una subordinación servil, no a la falta de abastecimientos de todo tipo, ni a nuestra inferioridad aérea, ni a la ausencia de la flota de superficie, sino a un puñado de valientes soldados, suboficiales, oficiales y jefes tácticos (con las excepciones que existen en todas las guerras).
Es lamentable que aún hoy muchos políticos desconozcan lo que el conocido Informe Rattenbach sintetizó sobre el comportamiento de las Fuerzas Armadas en Malvinas:
Es importante señalar que hubo Comandos Operacionales y Unidades que fueron conducidas con eficiencia, valor y decisión. En esos casos, ya en la espera, en el combate o en sus pausas, el rendimiento fue siempre elevado. Tal el caso, por ejemplo, de la Fuerza Aérea Sur, la Aviación Naval, los medios aéreos de las tres Fuerzas destacados en las islas, el Comando Aéreo de Transporte, la Artillería del Ejército (GA 3 y GA 4), la Artillería Antiaérea de las tres FF.AA., correcta y eficazmente integradas, el Batallón de Infantería de Marina 5, el Escuadrón de Caballería Blindada 10, las Compañías de Comandos 601 y 602 y el Regimiento de Infantería 25. Como ha ocurrido siempre en las circunstancias críticas, el comportamiento de las tropas en combate fue función directa de la calidad de sus mandos”.
Todos los muertos de Malvinas –argentinos y británicos– siguen viviendo no solo en la turba isleña y en el mar austral, sino también donde la verdadera humanidad mantiene su alto valor.
*Exjefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de Malvinas. Exembajador en Colombia y Costa Rica.