martes 05 de julio de 2022
OPINIóN Demografía

Los que no bajamos de los barcos y el Censo 2022

A veces pienso que, por desconocimiento genuino o descarado desinterés, no todos sabemos que no todos bajamos de los barcos. Y entiendo –y confío profundamente en que así será– que esta pregunta que incorpora a las minorías al censo está lejos de querer recabar datos para profundizar la estigmatización.

30-05-2022 13:20

Que si digital, que si mi DNI, que los ingresos per cápita. Pero ¿y las preguntas nuevas? ¿La autopercepción que pasa por el género y que, ahora, encima, nos deja cuestionarnos sobre el árbol genealógico extendido? ¿Nos gusta o nos hace ruido?

En la previa del Censo 2022, mientras muchos completábamos la versión digital, surgieron -al menos alrededor mío- unos cuantos debates centrados en dos puntos: las preguntas por la autopercepción del género y por el árbol genealógico extendido, en relación con la ascendencia afro o indoamericana.

Con respecto a "mujer, varón, no binarie o prefiero no decirlo" se viene hablando y debatiendo mucho y largo. Con infinitas miradas y un abanico gigante de opiniones (fundamentadas o no). Prefiero, ahora, dejar este ítem para otra ocasión.

Afrodescendientes después de un año de pandemia

En lo personal, la idea de informar al Estado si soy descendiente de pueblos afro u originarios me gustó mucho, sobre todo porque saldé la deuda personal de poder decir que lo ignoro, afirmar que no lo sé. Rastrear en mi propia familia un poco más allá de bisabuelos me ha costado y me cuesta, y al día de hoy no me es viable asegurar si tengo sangre no europea. Yo creo que sí. Pero al margen de esta disquisición con matiz personal, poder manifestar que sí, que no o que lo desconocemos debería funcionar para aportar datos reales que: 1. amplíen la visibilidad sobre estas minorías aún tan postergadas; 2. vehiculicen una presencia del Estado real, concreta y abocada a reparar derechos vulnerados.

Desde ya que no pretendo ser vocera de un colectivo al que me daría orgullo pertenecer, pero del que todavía no sé si puedo considerarme parte (ojalá algún día lo averigüe); sin embargo, sí me parece fundamental sumar a las discusiones esta perspectiva de ampliación y de reconocimiento. El INADI ha trabajado fuertemente en este sentido, promoviendo la visibilización de estas identidades que –al día de hoy– siguen siendo negadas parcial o totalmente por un importante sector de la población.

El Censo 2022 y la población según el género y la diversidad

A veces pienso que, por desconocimiento genuino o descarado desinterés, no todos sabemos que no todos bajamos de los barcos. Y entiendo –y confío profundamente en que así será– que esta pregunta que incorpora a las minorías al censo está lejos de querer recabar datos para profundizar la estigmatización. Al contrario, viven (¿vivimos?) y habitan (¿habitamos?) el suelo argentino también y así debemos entender al país. Ya en 1992, Carlos Martínez Sarasola afirmó que “(…) la presencia urbana de los indígenas, al contrario de lo que se pensaba tradicionalmente, tiende hoy a reforzar su identidad”. Entonces, 20 años después, la idea de una integración cultural completa es un debate que no solo debe seguir dándose sino, sobre todo, hacerse pragmática.

Cuando vi la pregunta la pensé casi analógicamente como la apostasía: ‘desafiliarse’ de la iglesia católica quienes están bautizados para dejar de estar en sus registros; poder hacer constar que, quizás, soy parte del pueblo afro o de los pueblos originarios. “De ninguna forma mi color debe ser sentido como una tara. (…) Nosotros veremos que otra solución es posible. Esta implica una reestructuración del mundo”, sostiene Frantz Fanon en su célebre Piel negra, máscaras blancas. No sé qué puede haber más rico que pensarnos en una Argentina plena de una cultura nutrida, enriquecida y abundante, con la recuperación de rasgos innegables de nuestra identidad nacional, y no de sincretismos o de falsos ‘crisoles de raza’ con miradas sesgadas y eurocentristas.

 

El uso de argot inclusivo es una decisión de la autora.

* Daniela Gaitán. Lic. en Gestión Educativa y en Enseñanza de la Lengua y la Literatura. Candidata al Doctorado en Diversidad Cultural.