OPINIóN
degradación institucional

Del golpe de Estado de La Cámpora a la intervención judicial de la UOM

La Unión Obrera Metalúrgica, bastión histórico del movimiento obrero argentino y cuna de grandes gestas en defensa de los trabajadores, atraviesa hoy el capítulo más sombrío, doloroso y evitable de su larga trayectoria.

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La Unión Obrera Metalúrgica (UOM), bastión histórico del movimiento obrero argentino y cuna de grandes gestas en defensa de los trabajadores, atraviesa hoy el capítulo más sombrío, doloroso y evitable de su larga trayectoria. Como documento en la reciente tercera edición de mi libro, la actual intervención judicial que conduce el Dr. Alberto Biglieri, recientemente electo miembro del Consejo de la Magistratura de la Nación, que pesa sobre el sindicato no es un rayo en un cielo despejado, ni el producto exclusivo de los habituales adversarios del sindicalismo. Es, por el contrario, el desenlace inevitable de un proceso de degradación institucional que comenzó con una traición, se consolidó a través de la codicia y terminó de colapsar bajo el peso del fraude y la violencia.

El punto de inflexión ocurrió el 22 de marzo de 2022. Aquel día, gran parte de la prensa informó que Abel Furlán había reemplazado al histórico dirigente Antonio Caló tras "intensas negociaciones". La realidad, sin embargo, fue muy distinta. Los hechos demuestran que no existió negociación alguna: se trató lisa y llanamente de una conspiración, de un golpe de Estado interno ejecutado en las sombras. Abel Furlán, en abierta complicidad con la agrupación política La Cámpora y bajo la supervisión directa de Máximo Kirchner, aisló a Caló y arrebató la conducción en un oscuro contubernio a espaldas de varias seccionales fundacionales.

El verdadero móvil detrás de esta maniobra no radica en diferencias de concepción sindical ni en un afán revolucionario o transformador. El objetivo prioritario siempre fue la "caja". La intromisión de La Cámpora —una organización del progresismo liberal porteño— buscaba arrebatarle a la ortodoxia peronista su bastión más preciado para financiar y sostener su propia estructura burocrática.

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La prueba más obscena de esta colonización fue la designación de María Soledad Calle en la conducción del gremio. Sin provenir jamás del mundo del trabajo, esta exconcejala camporista fue infiltrada hasta la cúpula, ungida como representante internacional y delegada paritaria, para finalmente constituir la empresa USEM S.A. A través de un contrato escandaloso firmado con el propio Furlán, se le otorgó a esta firma la potestad de administrar todos los fondos de la UOMRA y de su obra social, percibiendo un 0,50% de la inmensa masa de dinero recaudado. Fue un negociado millonario entregado llave en mano a una agrupación política.

Frente a la consolidación de este unicato, la resistencia no provino de afuera, sino de las bases y de aquellos dirigentes que se negaron a convalidar la entrega. Desde el primer momento, la emblemática seccional Capital, cuna del sindicato desde 1943, fue marginada por negarse a participar de los manejos conspirativos. Dirigentes como Pablo González, de Villa Constitución, y Ángel Derosso, de Zárate-Campana, que intentaron denunciar la incompatibilidad de la empresa USEM S.A. y las irregularidades electorales de la conducción, fueron silenciados mediante agresiones físicas y pedidos de expulsión.

El descalabro definitivo llegó en las elecciones de marzo de 2026. En la seccional de Zárate-Campana, el propio territorio de Furlán, el proceso electoral fue un bochorno marcado por la rotura de urnas, la llegada de decenas de colectivos con "barras" y el impedimento de la fiscalización opositora. Cuando la Justicia Laboral, ante pruebas irrefutables, anuló los comicios, Furlán decidió desconocer el fallo, forzando un Congreso Nacional de Electores carente de todo sustento legal. Mientras las citaciones judiciales se acumulaban, el secretario general ensayó una falsa radicalización discursiva, culpando a Paolo Rocca y a Javier Milei de sus males, intentando tapar con retórica de ultraizquierda lo que en los expedientes se investigaba como pura y dura corrupción. La intervención del sindicato, dictada por la Justicia, fue el efecto dominó de su propia desmesura.

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Frente a este escenario de tierra arrasada, el camino hacia la normalización exige grandeza y, sobre todo, una profunda autocrítica. No alcanza con señalar a los responsables directos del colapso; es imperativo reconstruir el tejido solidario de la organización. En este sentido, la postura de Roberto Bonetti, secretario general de la seccional Capital, marca un camino posible. Bonetti hizo un llamado a las conducciones seccionales para superar la fragmentación y asumir una responsabilidad compartida frente a la crisis que atraviesan.

"Es hora que los 54 secretarios generales de la UOM nos dejemos de mirar el ombligo y nos pongamos a trabajar para reconstruir la UOM", planteó con crudeza. El titular de Capital aclaró además que su cuestionamiento no busca chivos expiatorios, sino que comprende incluso a la propia estructura que él conduce: "No hago crítica puntual hacia nadie, hago responsable a las 54 seccionales, incluida esta, incluida la seccional Capital", señaló.

La historia de los metalúrgicos está forjada en heroísmo, en el sacrificio de miles de hombres y mujeres de acero que dieron su vida por la dignidad del trabajo. Volver a esas raíces es la única salida. Como bien sintetiza el propio Roberto Bonetti en mi libro, marcando el pulso de la etapa que inexorablemente debe venir:

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"La lectura de estas páginas, que rescatan la conducta intachable de nuestros dirigentes, es un golpe certero a la mentira. Es la chispa para inspirarnos a retomar la actitud que pondrá nuevamente a la Unión Obrera Metalúrgica en la huella de la que nunca debió apartarse, marchando hacia los grandes cambios que nos exige el futuro".

Esta es la verdadera encrucijada que enfrenta hoy la Unión Obrera Metalúrgica. El catastrófico paso de Abel Furlán ha facilitado a los enemigos históricos del sindicalismo todos los ángulos posibles para atacar al gremio. Sin embargo, la UOM ha demostrado a lo largo de su rica historia que posee los anticuerpos necesarios para depurarse y renacer. La intervención debe ser apenas un paréntesis breve que permita limpiar las finanzas, desterrar a los delincuentes de la política partidaria y devolverle el poder de decisión a los trabajadores.

*Autor del libro Hombres de acero: Historia política de la Unión Obrera Metalúrgica.