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Dios nos libre: cómo el fanatismo religioso tomó de rehén a la política

Trump se muestra como Jesús. Su vicepresidente da lecciones de teología al papa León XIV. El jefe del Pentágono confunde un pasaje de la Biblia con Pulp Fiction. Aquí, Milei nos quiere hacer creer que su hermana es Moisés y un pastor electrónico quiere sucederlo.

El posteo de Trump mostrándose como Jesús 13042026
El posteo de Trump mostrándose como Jesús | Redes Sociales

La última noche en el cargo, Richard Nixon convocó a su secretario de Estado Henry Kissinger al segundo piso de la Casa Blanca. Algo borracho y con los ojos vidriosos, le pidió a su secretario de Estado que se arrodillaran sobre la gruesa alfombra azul de la sala Lincoln para rezar. “Vos no sos un judío ortodoxo y yo no soy un cuáquero ortodoxo. Pero necesitamos rezar”. La escena es reproducida por Bob Woodward y Carl Bernstein en su libro Los días finales, que cuenta las horas previas a la renuncia del presidente de los Estados Unidos, el 4 de agosto de 1974, acorralado por el escándalo Watergate (es antológica la secuencia en la película Nixon, de Oliver Stone, con Anthony Hopkins).

Más cerca en el tiempo, Ronald Reagan sostenía que la religión y la política son indivisibles y que sin Dios la democracia no perduraría. Reagan hizo enormes esfuerzos por incorporar a la Constitución una enmienda que restableciera la oración en las escuelas públicas estadounidenses. Nunca fue aprobada.

En Teología Política, una de sus obras centrales, el jurista alemán Carl Schmitt sostiene que todos los conceptos de la política moderna son nociones teológicas secularizadas. “Fueron transferidos de la religión a la teoría del Estado”, dice Schmitt. Y ejemplifica: “El estado de excepción tiene en la jurisprudencia igual significación que el milagro en la teología”.

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La política y la religión se han confundido innumerables veces en la historia contemporánea (ni hace falta mencionar antes). Pero en las últimas semanas hemos visto, inquietantemente, cómo el fanatismo religiosos ha tomado de rehén a la política. Como pocas veces se recuerde.

A poco de iniciada la guerra en Irán, Donald Trump reunió a un grupo de pastores evangélicos en el Salón Oval para una sesión de oración, de la que participó también su asesora espiritual, telepredicadora y titular de la gubernamental Oficina de Fe, Paula White-Caine. Varios de ellos impusieron sus manos sobre Trump mientras pedían que Dios proveyera de protección, sabiduría y fortaleza al presidente. Una escena estremecedora, en todas las acepciones posibles.

Trump ha tenido en ese universo uno de los puntales de su proyecto político. No es novedoso: cristianos evangélicos, mayormente blancos, han respaldado por décadas a candidatos republicanos que hacían propia la agenda cultural conservadora. Gracias a su apoyo, el mencionado Reagan y George W. Bush fueron presidentes.

Y ahi aparecí yo, un mandril

Sin embargo, coinciden todos los análisis, la conducta inclasificable de Trump está poniendo a prueba la lealtad de esos sectores con la Casa Blanca.

El presidente venía de amenazar, durante la Pascua cristiana, con acabar con la civilización persa cuando el domingo pasado difundió una imagen generada por Inteligencia Artificial de él mismo como representación de un Jesucristo luminoso, sanando a un enfermo. Tuvo que eliminarla. El miércoles insistió con una imagen de un Jesús abrazándolo.

Sus ataques al papa León XIV por sus críticas a la guerra en Oriente Medio -lo llamó “débil” y sugirió que a él debía su consagración como pontífice-, despertaron reacciones de condena y distanciamiento entre líderes católicos conservadores (la Iglesia progresista resistió a Trump desde el comienzo). A poco de que se reúna con él en el Vaticano para una oración ecuménica, la arzobispo de Canterbury y líder de la Iglesia anglicana, Sarah Mullally, primera mujer en acceder a ese sitial, se solidarizó este jueves con el Papa en un enérgico discurso que pronunció contra la guerra.

En medio de todo esto, Peter Hegseth, jex animador de TV, hoy jefe del Pentágono, presenta la guerra contra como una “guerra santa” contra el fundamentalismo islámico; invoca todo el tiempo la “providencia todopoderosa de Dios” y confunde en una oración un pasaje de la Biblia con un monólogo de Pulp Fiction, el film de Tarantino (no es una broma). Y el vicepresidente JD Vance, quien se convirtió tardíamente al catolicismo en 2019, a los 35 años, alecciona al Papa sobre cuándo y de qué manera hablar de teología.

Día 859: Milei es brainrot (“cerebro podrido”)

Aquí, sabemos, Javier Milei insiste en hacernos creer que su hermana Karina es Moisés y él Aaron, su intérprete y vocero.

Este fin de semana el presidente emprende su tercer viaje a Israel y el Gobierno difundió una entrevista con un medio oficialista de ese país en la que Milei justifica la instalación de la embajada argentina en Jerusalén, como “capital espiritual” israelí y emparienta los valores del judaísmo con los del capitalismo: “Usted -le dice Milei a la periodista- abraza las leyes que el Señor nos legó y empieza a vibrar en sintonía espiritual y material y, consecuentemente, usted prospera y el Paraíso viene a la tierra”. Ya hay voces que alertan sobre su banalización del judaísmo.

Además, todo indica que hay alguien o algunos que están financiando la instalación de un nuevo outsider en la política: el pastor evangélico electrónico Dante Gebel, que residen en los Estados Unidos y de quien Jaime Duran Barba dijo “es el más fuerte adversario de Milei”, y Miguel Pichetto sospecha que busca infiltrar al peronismo.

“El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”, advirtió León XIV, quien inconfundiblemente es el sucesor de Francisco, en un mensaje días atrás, en Camerún.

Dios nos libre.

wc/ff