OPINIóN
OPINION

Diplomacia y "diplomacia conspiratoria"

El presidente Milei asistirá en Washington a la Conferencia Política de Acción Conservadora. Podría verse allí con Donald Trump. El encuentro con Antony Blinken, la voz de Joe Biden. La diplomacia de la "Internacional Reaccionaria" y la diplomacia profesional.

El Presidente Javier Milei recibió en la Casa Rosada al Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, Antony Blinken, y su comitiva.
El Presidente Javier Milei recibió en la Casa Rosada al Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, Antony Blinken, y su comitiva. | Presidencia

El presidente Javier Milei participará hoy en Washington de la Conferencia Política de Acción Conservadora, un encuentro organizado por la Unión Conservadora Estadounidense, que reúne todos los años a dirigentes de la derecha de EE.UU. y a afinidades de otros países. La Unión tiene un centenar de organizaciones que la patrocinan, entre ellas la Asociación Nacional del Rifle, conocida por su defensa a ultranza del libre uso y portación de armas –un derecho amparado por la Constitución de los Estados Unidos–, además de su reconocida capacidad de lobby.

Se espera que durante el encuentro Milei dé un discurso sobre el libre mercado y –atención– eventualmente mantenga un intercambio con el expresidente y actual candidato republicano Donald Trump, orador central. Allí hablarán además de Trump, Steve Bannon, quien fuera su asesor e ideólogo de la nueva derecha global; el líder del Partido de la Independencia del Reino Unido, Nigel Farage, uno de los principales promotores del Brexit; Santiago Abascal, líder del partido español Vox y la fugaz primera ministra británica Liz Truss, quien en 2022 debió dejar el gobierno tras 45 días en el cargo por el fuerte rechazo que generó su “audaz” programa de ajuste fiscal y recorte de impuestos. 

Milei acaba de recibir en Buenos Aires al secretario de Estado Antony Blinken, la visita de más alto nivel de los Estados Unidos a la Argentina desde que estuviera en 2018 Rex Tillerson, jefe de la diplomacia estadounidense durante la presidencia de Trump, cuando aquí gobernaba Mauricio Macri. Blinken calificó la reunión como “increíblemente positiva” y dijo que el trabajo de “estabilización” de la economía que lleva adelante Milei es “absolutamente esencial”. Eludió todas las consultas sobre una posible foto de Milei con Trump.

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Es notorio que las dos últimas administraciones norteamericanas, republicana y la actual demócrata, que no coinciden en nada, lo hagan respecto de la Argentina. Biden le ofreció un tubo de oxígeno a Alberto Fernández en la agonía de su gobierno cuando le abrió las puertas del Salón Oval. También lo hizo en su tiempo Trump con Macri, para quien el magnate propició el stand-by de US$ 45 mil millones en el FMI. No es ni amor ni sintonía ideológica: aún con su crisis cronificada en la última década, la Argentina es la tercera economía de América Latina y EE.UU. necesita estabilidad en la región en un mundo muy convulsionado, como reconoció ayer con crudeza Blinken. 

Un nuevo orden internacional impulsado por China –aún no sabemos cuánto influirá en él Rusia– es algo que Washington no está dispuesto a tolerar. China es el principal desafío para la seguridad nacional de EE.UU. y su influencia creciente es por lejos la principal preocupación de Washington en la región. A este conflicto de fondo se han sumado las dos guerras simultáneas en curso: la que inició Moscú en Ucrania y la que enfrenta a Israel con Hamas desde la masacre del 7 de octubre, y con otras múltiples organizaciones patrocinadas por Irán.

Milei ha dado una señal inequívoca de su alineamiento a Washington con la decisión de comprar 24 aviones de combate F-16, actualmente en servicio en Dinamarca, para reequipar a la Fuerza Aérea, clausurando de este modo la posibilidad de adquirir doce aviones F-17 a China –algo que habría significado un giro sustancial en materia estratégica y de defensa no solo para la Argentina, sino también para el Cono Sur. En esa línea se inscriben las renuncias ya anticipadas al ingreso de la Argentina al foro multilateral de los Brics, impulsado por el gobierno de Fernández, y a participar de la iniciativa global de inversión e infraestructura de la Ruta y la Franja promovida por Beijing.        

La oportunidad de una foto de Milei con Trump, con todo, no deja de inquietar a la Casa Blanca demócrata en el umbral de unas elecciones presidenciales cruciales, en noviembre. Trump aparece como favorito frente a Biden y es tan profundo lo que lo une a Trump con Milei, como lo que separa a éste de Biden. “La foto con Trump no les gusta”, dice una calificada fuente diplomática argentina sobre cuál es la sensibilidad de la Casa Blanca. “Pero se lo bancan, porque el Gobierno ha decidido encuadrarse unilateralmente con Washington”.

 Presidencia no confirmó ayer si existirá tal encuentro con Trump. Si Milei atendiera los intereses permanentes de la política exterior argentina acaso debería privarse de participar de la Conferencia conservadora. Pero parece ser otro el objetivo que persigue el Presidente.  

Diplomacias

Un trabajo de los expertos Juan Gabriel Tokatlian y Bernabé Malacalza caracteriza estos intereses subalternos bajo la categoría de “diplomacia conspiratoria”. Habla del surgimiento de facto de una Internacional Reaccionaria –a la manera de las tradicionales liberal, democristiana, socialista o comunista que aparecieron sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado– “polifacética, geográficamente dispersa e ideológicamente heterogénea” que aglutina a partidos y movimientos de derecha, radicalizados y antiliberales. 

Dicen los autores: “A diferencia de sus predecesoras, que encontraban su núcleo de fuerza sobre todo en la Europa continental, la Internacional Reaccionaria ha cultivado una notable influencia en el mundo anglosajón –aunque sin limitarse a él–, con un impacto decisivo en toda la Unión Europea y una presencia creciente en Estados Unidos. Las ‘periferias’ noroccidentales y sudoccidentales, como Europa del Este y América Latina, han sido también el terreno de expansión de esta nueva Internacional. En cierto sentido, el ethos reaccionario se ha convertido en parte integral del tejido sociopolítico de muchos países. Su colección de ideas, creencias, percepciones y valores resulta atractiva para individuos asociados a partidos conservadores, fuerzas religiosas, movimientos nativistas, grupos de desposeídos, sectores extremistas, partidarios libertarios y grupos anticientíficos, entre otros”. El catecismo de La Libertad Avanza responde nada sorprendentemente a esta caracterización.

La diplomacia profesional argentina tiene, en cambio, otros desafíos. Un artículo del corresponsal de UOL en Europa de diciembre de 2022, poco antes del regreso de Lula al poder en Brasil, reveló que Itamaraty tendió una red diplomática “clandestina” para contener los posiciones y los desbordes de Jair Bolsonaro en terrenos como el cambio climático, la situación en Oriente medio, los derechos humanos y la guerra en Ucrania. ¿Algo de eso está ocurriendo en el Palacio San Martín?

 Especialistas en política exterior vieron con atención el comunicado que distribuyó el miércoles la Cancillería tras la reunión entre Diana Mondino y su colega brasileño Mauro Vieira en Brasilia, en un aparte de la reunión de ministros del exterior del G20. Uno de los puntos del documento destaca la cooperación bilateral en ciencia y tecnología y “la relación estratégica en materia nuclear, con el papel central de la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares, que garantiza la confianza en materia de salvaguardias y es una institución bilateral única en el mundo y de reconocimiento internacional”. Firmado en 1991, junto al acuerdo que refrendaron ambos países y la Abacc con la OIEA, conocido como Acuerdo Cuatripartito representan la decisión estratégica de la Argentina y Brasil de transparentar su  uso de la energía nuclear y destinarla a fines exclusivamente pacíficos.

Ocurrió en momentos en que reaparecieron versiones sobre el supuesto interés de EE.UU. y otros países de la OTAN, en que la Argentina y Brasil adhieran de manera unilateral al llamado Protocolo Adicional de la OIEA, surgido tras la guerra de Irak de 1991, que habilita al organismo internacional  la posibilidad de inspecciones regulares de instalaciones de cualquier naturaleza, sean o no nucleares, en los países signatarios, a excepción de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

Aún con las profundas diferencias que se conocen entre Milei y Lula, la diplomacia actuó profesionalmente, al servicio de los intereses permanentes de los dos socios naturales en la región.