OPINIóN
¿DIPLOMACIA O PAPELÓN INTERNACIONAL?

El "faro del mundo" y los fantasmas del wokismo: los disparates que dinamitan la política exterior

Entre teorías conspirativas de la ultraderecha, acusaciones sin pruebas a Brasil y la ilusión de un liderazgo global, el Gobierno confunde la realidad con la agenda de Twitter y compromete alianzas históricas.

Agustín Laje
Agustín Laje | CEDOC

Hay momentos en los que uno se detiene a escuchar el discurso oficial y no puede evitar la estupefacción. ¿De qué están hablando? Nos encontramos, una vez más, frente a una secuencia de disparates de una magnitud preocupante, donde la política exterior de la Argentina parece haber quedado entrampada entre fanaticadas de redes sociales, conspiraciones insólitas y un profundo desconocimiento de cómo funciona el mundo real.

Empecemos por los “intelectuales” del Gobierno. Salió Agustín Laje a atribuir las recientes críticas y campañas en redes al “woquismo internacional”. Como si el woquismo —que en todo caso es una postura, una ideología, algo tan difuso y sin estructura como lo fue el movimiento hippie en su momento— tuviera un jefe de finanzas, una sede central o un comité ejecutivo orquestando un plan malévolo. Una tontería monumental. Pero claro, la narrativa oficial necesita un enemigo gigantesco para justificar sus propios tropiezos.

Según esta lógica oficialista, existe una gran conspiración internacional para perjudicar al presidente Javier Milei porque, al parecer, la Argentina se ha convertido en el “faro de Occidente”.

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El propio presidente terminó de embarrar la cancha al justificar estos supuestos ataques mediáticos. Dijo: “Me alié con Estados Unidos, me alié con Israel y hoy la Argentina es el faro de la libertad... por eso nos atacan, porque estamos cambiando el mundo”.

En primer lugar, conviene recordarle al mandatario que quien se alía o no en términos diplomáticos es la República Argentina, no él a título personal. Y en segundo lugar: ¿el faro de qué? En todo caso, seremos el faro de ciertas libertades económicas relativas, pero ponernos en el lugar de guía moral del planeta mientras atravesamos la crisis que atravesamos es, como mínimo, un exceso de ego. Me tomo un poco de agua y hago una pausa, porque el nivel de los argumentos es para respirar hondo.

La escalada no terminó ahí. En su afán por justificar la supuesta "campaña antiargentina", Milei acusó directamente al gobierno de Brasil de haber financiado el 25% de esta operación digital. Sin aportar una sola prueba, el presidente lanzó una cifra al aire y dinamitó, de un plumazo, una relación estratégica e histórica de más de 200 años con nuestro principal socio comercial. Estamos ante un jefe de Estado que, en este y otros aspectos, demuestra no estar a la altura del cargo que ocupa.

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Y si le faltaba algo a este sainete geopolítico, aparecieron las teorías sobre el 75% restante. Algunos analistas y "papanatas" salieron a decir que la mano negra venía de Moscú. Vamos a ser claros: Vladimir Putin es, sin duda, de lo peor que hay en el planeta. Pero de ahí a suponer que el Kremlin está financiado una campaña a través de Bolivia para desestabilizar a la Argentina porque "estamos cambiando el mundo"... verdaderamente nos hemos vuelto todos locos.

Lo que asombra no es que estas pavadas circulen en X (exTwitter). Lo grave, lo realmente peligroso, es que estas imbecilidades forman parte de la agenda oficial de un Gobierno nacional. Que la diplomacia de un país se mueva bajo el argumento de que las discusiones en redes sociales son el producto de un complot comunista-internacional contra nuestro país es un divague que no tiene nombre.

Ojalá fuera cierto. Ojalá la Argentina fuera efectivamente el faro de Occidente y estuviéramos transformando el planeta para bien. A todos nos gustaría. Pero me temo que, entre la fantasía ideológica y la cruda realidad, todavía nos falta un trecho demasiado largo.