OPINIóN
Hilachas de la Ilustración

El sortilegio del cinismo moderno

Las sociedades modernas padecen una crisis de autenticidad y de verdad. Ahora todo se desarrolla en un mar de falsedades. La cuestión es ser cínico y pasar desapercibido.

Acrópolis de Atenas
Acrópolis de Atenas | AFP

Peter Sloterdijk ha escrito una de las obras más cautivantes y polémicas del siglo XX: Crítica de la razón cínica. Nos cuenta que la filosofía contemporánea se ha interesado por la filosofía cínica como un intento de encontrar en ella alguna fuente de comprensión acerca del “malestar en la cultura” y de la “falsa conciencia ilustrada” del mundo moderno. Las sociedades modernas padecen una crisis de autenticidad y de verdad por haber confiado en demasía en las promesas de la Ilustración, promesas que no se cumplieron como se esperaba. 

Ya no están los dioses, ni la physis, ni la polis, sino la razón y su poder. La conciencia moderna se sigue considerando a sí misma ilustrada, pero ahora todo se desarrolla en una mar de falsedades. 

Se ha vuelto una razón cínica, que a diferencia del cinismo antiguo que responde a la impostura reinante con la desvergüenza, tolera todas las formas de inhumanidad bajo la apariencia de una irreprochable indignación

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Diógenes filòsofo cìnico Diógenes 20230427
Diógenes de Sinope, también llamado Diógenes el Cínico, fue uno de los filósofos griegos que inauguraron la escuela cínica.

El cínico moderno -señala Sloterdijk- es débil y acomodaticio. Individualista, de la clase del tipo medio producto del fenómeno de masas, tiene el privilegio de ocupar los puestos clave de la sociedad: legisladores, CEOs de corporaciones, altos funcionarios del estado, rectores, decanos y catedráticos de universidades y facultades. 

"Ya no están los dioses, ni la physis, ni la polis, sino la razón y su poder. La conciencia moderna se sigue considerando a sí misma ilustrada, pero ahora todo se desarrolla en una mar de falsedades".

Una frase de Gottfried Benn -uno de los más importantes poetas y narradores alemanes del siglo XX- dice lo siguiente: “Ser tonto y tener trabajo, he ahí la felicidad”. Sloterdijk invierte la frase para mostrar su contenido completo: “ser inteligente y, sin embargo, realizar su trabajo”. Esta manera de formular (invertir) la sentencia de Benn, significa para Sloterdijk la conciencia infeliz y enferma de la Ilustración. 

La idea no es sobresalir, ni llamar la atención, ni escandalizar, ni provocar. La cuestión es ejercitar la discreción y pasar desapercibido.

Los cínicos antiguos tuvieron la osadía de lanzarse abiertamente contra la sociedad política y el movimiento espiritual y cultural de su tiempo. Los cínicos modernos pusieron como blanco de su ataque a los ideales de la Ilustración. Fue el presunto oscurantismo de tales ideales lo que los llevó a realizar una crítica de la razón ilustrada. 

El peligro de la desconexión moral

Pero el cinismo moderno es “cínico” respecto del cinismo antiguo porque la audacia que tuvieron los cínicos antiguos contra el decadente orden establecido no se reflejó del mismo modo en los embates que profirieron los cínicos modernos contra la tradición, los prejuicios y el poder absoluto. 

En otras palabras, el cinismo moderno no se atrevió a extraer todas las consecuencias de su propia actitud crítica y mucho menos llevarlas a la práctica.

 

El sortilegio del cinismo moderno

El desenmascaramiento del orden moral de la Ilustración también desea -como en la Antigüedad- el buen vivir. Llegar a ello supone despejar la “apariencia moral”, como dice Sloterdijk, de que el hombre no es lo que pretende ser. Dicho de otro modo, la moral no es más que aparentar ser lo que en verdad no se es, pero viviendo como si se tuviese una vida moral. 

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La apariencia moral “exterior” vale en tanto engañe. No obstante, el moralista, el que denuncia la “inmoralidad” de los demás, no lo hace por amor a la ley, sino para encubrir y disimular su propia transgresión. No sólo es una “falsa conciencia” sino también una “mala conciencia”. 

Lo que molesta en los otros es lo que uno mismo es. Por lo tanto, no puede llevar su cinismo al extremo, a diferencia del antiguo, que sí puede hacerlo porque no tiene nada que aparentar. El cinismo antiguo se alza contra la apariencia. 

El moralista ilustrado no puede conversar consigo mismo porque si lo hiciese vería en su interior los mismos vicios de aquellos que denuncia. Su vocación moralista “cínica” se preserva mientras no se observe a sí mismo. 

Nunca habrá perversiones “propias” sino perversiones del “mundo”. Lo que la crítica de la moral ilustrada ha hecho es destapar el cinismo de la moral. En la crítica se ha puesto de manifiesto toda una tradición filosófica del propio desenmascaramiento, de la exposición pública y del mostrar al desnudo, pero -como agrega Sloterdijk- sin el acompañamiento de la risa y del saber satírico. 

 

"El moralista ilustrado no puede conversar consigo mismo porque si lo hiciese vería en su interior los mismos vicios de aquellos que denuncia"

En cambio, asumió un aire de gravedad y de seriedad metodológicas con el fin de evitar se le endilgue falta de rigor, dejando mal parado al espíritu de insolencia que supo esgrimir con altura el cinismo antiguo. 

La ciencia –una actividad del cinismo ilustrado-ha perdido su proximidad con el mundo y sus visiones generales alejan en vez de acercar. Se inclina más por la distancia que en promover la amistad con el mundo. 

La atractiva repugnancia moral

A pesar de haber anunciado la agonía de la filosofía, Sloterdijk reserva para la “filosofía auténtica” todavía la posibilidad de una “vecindad cósmica libidinosa”, un recodo vivificante en el que se pueda resguardar aún el cinismo antiguo de su negación por el cinismo moderno.

En la época moderna –advierte Sloterdijk- se ven en la fisonomía corporal elementos tanto del cinismo antiguo como del moderno. 

El espíritu de la época se ha metido en nuestro cuerpo y en nuestra carne, pero aún falta descifrar ese espíritu. Y falta también el filósofo que lo haga. Ese espíritu –dice Sloterdijk- está debajo de todo, tapado por la preocupación en los “grandes problemas”. 

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Pero el cinismo moderno no busca el espíritu de la época entre las pequeñeces de la vida cotidiana, como hizo en su tiempo el cinismo antiguo, el que estaba más apto porque nada le era verdaderamente bajo. 

En el mundo moderno se culturaliza al individuo mediante la implantación de deseos, proyectos y ambiciones. Del trabajo de culturización social se ocupa el nomos. No obstante, el individuo profundamente civilizado puede darse distensiones al orden social si apela –como la vieja escuela cínica- a la physis, en reacción contra el gran “parque humano” que levantó el cinismo moderno a la manera de un parque zoológico, al que bautizó por obra de un extraño sortilegio con el nombre de sociedad.