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OPINIóN / Columna
lunes 27 mayo, 2019

Trabajo, luego existo

Quitar el empleo es violentar al ser humano y rebajarlo a una condición de miseria extrema anímica y material.

por Gretel Ledo

Trabajo decente es sinónimo de aspiraciones cumplidas para toda persona. Acceso a un empleo productivo con ingreso justo. Foto: Pixabay

En Discurso del Método, el filósofo y matemático francés, René Descartes (1596-1650) plasma a partir de la deducción pura, una razón absoluta que proyecta la idea de un universo mecanístico. Allí, todo funciona como un mecanismo. En este proceso intelectual y filosófico, la razón se constituye en el sendero para ir en pos de la verdad: “Pienso, luego existo” (cogito ergo sum en latín).

¿Cómo llegar a la verdad indubitable? A través de la duda dirá Descartes. Entonces la duda es metódica y no una postura mental definitiva. Puede trazarse un paralelo entre esa cuestión existencial que nos lleva al terreno del pensamiento y la necesidad del desarrollo laboral en la esencia del ser humano.

Con motivo de la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre 2015, cuatro pilares se convirtieron en elementos centrales de la nueva Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible: creación de empleo, protección social, derechos en el trabajo y diálogo social. Así, el Objetivo 8 de la Agenda 2030 busca promover un crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el pleno empleo productivo y el trabajo decente.

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El Art. 14 bis de la Constitución Nacional regula el derecho del trabajo que “… gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor…”. 

¿Qué sucede cuando el escenario se gesta en torno a la destrucción del empleo a partir de despidos, desempleo estructural, hundimiento en la marginación misma, exclusión social, un tercio de la población bajo la línea de la pobreza?

En el Día Mundial de la Justicia Social (2014), el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon afirmó: “La experiencia nos enseña que el crecimiento económico por sí solo no es suficiente. Debemos hacer más para empoderar a las personas gracias al trabajo decente, apoyarlas a través de la protección social, y garantizar que las voces de los pobres y los marginados sean escuchadas”.

Debemos hacer más para empoderar a las personas gracias al trabajo decente, dijo Ban Ki-moon

Trabajo decente es sinónimo de aspiraciones cumplidas para toda persona. Acceso a un empleo productivo con ingreso justo.  

Los galopes de una inflación superior al 3% mensual, la política de fuerte astringencia monetaria a partir de tasas de Leliq superiores al 70% nominal anual, una capacidad instalada de la industria por debajo del 50% confluyen en un país sin Nación, una Argentina sin Patria y enfrentada a su gente.

Lo que hoy resulta un hecho fáctico es la ausencia de crecimiento económico, un elevado nivel de endeudamiento externo respecto al producto bruto y, el condicionamiento a nuevas fuentes de financiamiento internacional.

El nivel de deuda pública soberana pasó en el lapso de 3 años de 53% a 86.2% del PBI sumado a las vallas para acceder a financiamiento externo, la tenencia de deuda en manos de privados, la paura permanente por una alza del dólar. Se resume en volatilidad constante.

La titánica labor de construir, conservar y hacer crecer la confianza en un país, sin duda lleva tiempo pero, a la vez, requiere de acciones concretas que den certeza y previsibilidad a las instituciones a la hora de encarar virajes y cambios de rumbo. 

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Desde diciembre 2015 se promovió un esquema de flotación libre y los resultados están a la vista. La fuerte percepción de riesgos a partir de la devaluación confluye en un panorama de paupérrima credibilidad política y económica.

Hoy, el esquema de flotación administrada no es suficiente. Urge una política cambiaria y monetaria soberana con independencia del FMI sumado a la revisión de los términos en las modalidades de cumplimiento en cada uno de los vencimientos que tenemos por delante como país.

El trabajo es fuente de vida. Quitar el trabajo es violentar al ser humano. Es rebajarlo a una condición de miseria extrema anímica y material.

Puede existir una explicación del proceso intelectual y filosófico de “Pienso, luego existo”. Lo que no puede existir, es la condición de humanidad misma sin trabajo. El trabajo es la razón misma del individuo. Su ausencia implica la desintegración de su existencia toda vez que se lo expulsa del sistema. Hoy, la desidia política ya es indiferencia humana.
 


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