domingo 03 de julio de 2022
OPINIóN Columna de la UB

Leviatanes alterados: mundo digital y estados nacionales

Las últimas décadas manifiestan una transición de una formación histórica de Estados nacionales basados en el control de los cuerpos y la vigilancia -el panóptico de Bentham recogido por Foucault- hacia un panóptico digital.

16-11-2021 07:00

En la década del 70, el sociólogo canadiense Marshall McLuhan acuñó un concepto para referirse a las consecuencias de la comunicación inmediata: “aldea global”. La idea encierra una percepción -a la distancia, algo idealista- que percibía a la tecnología como una virtuosa herramienta de transformación de la política mundial. Una de las manifestaciones primarias que despertó la idea de “aldea global” era que los Estados serían eclipsados por la aparición de actores no territoriales, como empresas transnacionales, movimientos sociales y organizaciones internacionales.

Lo más cercano a esa “aldea global” con lo que convivimos hoy día, con sus potencialidades y peligros, serían las comunidades virtuales que atraviesan las soberanías estatales, esgrimiendo sus propios principios y fundamentos sobre los que se construyen sus relaciones. Los Estados y sus legislaciones están cada vez más exigidos para regular lo que sucede en la vida virtual de las personas y, aún más, para controlar el flujo de información que se desprende de, hacia y desde ese mundo virtual.

El mundo digital requiere modificar los modelos educativos y laborales

Keohane y Nye se enfrentaban tempranamente a esta perspectiva de pérdida de protagonismo de los Estados, afirmando que, mientras estos modernistas habían podido percibir de forma certera la dirección del cambio, no habían más que simplificado sus consecuencias. Los Estados continuaron acaparando las lealtades de la vasta mayoría de la población mundial, sin mencionar sus recursos y riquezas. La capacidad de control de los gobiernos se ha atenuado respecto de los dos siglos anteriores. Pero eso no significa su muerte, siquiera la cesión de ser el principal actor de esta novela. Si en un comienzo de esta historia se pensó que la llegada de Internet y la información como recurso libre podían llegar a ser el final de los gobiernos, en la práctica, los Estados y soberanías continúan jugando un rol preponderante, aunque en un contexto de difusión constante del poder. La aldea global ancla en la aldea (g)local.

Las últimas décadas manifiestan una transición de una formación histórica de Estados nacionales basados en el control de los cuerpos y la vigilancia -el panóptico de Bentham recogido por Foucault- hacia un panóptico digital. La diferencia radica en que, mientras a los sujetos del primer panóptico se los controlaba por las restricciones a los movimientos y la comunicación, los del segundo se exhiben e hipercomunican espontáneamente. “El Big Brother digital traspasa su trabajo a los reclusos. Así, la entrega de datos no sucede por coacción, sino por una necesidad interna” (Byung-Chul Han).

Del campo al mundo digital

No es la intención conceder un carácter de destino a las visiones distópicas. Sólo nos resultan útiles parábolas para señalar que la realidad es susceptible de distintas interpretaciones, que las contradicciones y las ambigüedades han acompañado todas las etapas de la historia humana y que el presente que nos toca vivir no parece representar una excepción. Ante los relatos eufóricos que le conceden a la ciencia y la tecnología el visado del pasaporte hacia “un mundo feliz”, siempre resulta indispensable dejar planteados interrogantes y la necesidad de la presencia de los Estados nacionales para articular y atenuar los impactos de una tecnología sin conciencia.

 

* Gustavo Marangoni, profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Belgrano y coautor del Manual en Relaciones Internacionales (Teseo, 2021) realizado en forma conjunta por la Universidad de Belgrano, la Austral y la del Salvador.

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