miércoles 10 de agosto de 2022
OPINIóN Ómicron y vacunación

Identidad del individuo

18-12-2021 00:30

Es la primera vez en la historia reciente que una única persona puede cambiar el mundo.

Mientras el mundo está a la espera de más información sobre la variante Ómicron. Se espera que las vacunas se actualicen con esta nueva variante identificada en casi todo el mundo, sin embargo, eso tomará al menos nueve meses -a lo que se suma la demora de aplicar estos refuerzos en la población mundial.

Ómicron, la última variante del virus Covid-19 en ser detectada y la más mutada hasta ahora, presenta “un riesgo muy elevado” para el mundo, advirtió la Organización Mundial de la Salud. El organismo subrayó que hay todavía muchas incógnitas sobre esta cepa, especialmente sobre el peligro real que representa al ser “altamente transmisible”. 

Hasta que nuevas vacunas -o certezas- lleguen, los países vuelven a distintas fórmulas de confinamiento. Y ahora, cada persona tiene una decisión clave: volver a la mascarilla, preferentemente la N-95 y tomar otras medidas de prevención como la distancia social, o continuar con su vida normal.

De hecho, si la primera persona que tuvo la nueva variante hubiera respetado todas las normas de prevención, especialmente la mascarilla N-95 en lugares cerrados, hoy no existiría Ómicron.

La agencia de salud pública de la Unión Europea (UE), el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, comunicó que la ómicron podría ser responsable de más de la mitad de todas las infecciones por Covid en Europa en pocos meses.

Millones de contagiados en un continente vecino al africano, porque una persona no respetó las normas de prevención en la pandemia.

La realidad es que ahora los casos se multiplican. En Austria volvió el confinamiento total tras la relajación de las restricciones con la llegada de las vacunas a Europa, que ya se convirtió en el epicentro mundial de la pandemia. 

Alemania también ampliará las restricciones a los no vacunados y les prohibe reunirse con personas fuera de su núcleo familiar, entre otras medidas para contener la nueva ola, como el cierre del ocio nocturno a partir de ciertos niveles de incidencia de contagios. Además, este país, así como Austria y Grecia -entre otros- proponen la vacunación obligatoria para toda su población.

La UE ya lucha con todas las armas a su disposición para frenar una escalada de contagios, que podría verse acrecentada con la llegada de ómicron. Sin embargo, se encuentra con un obstáculo: la negativa de miles de ciudadanos comunitarios a inocularse. El 25% de los adultos sigue sin estar completamente inmunizado. España es uno de los países más avanzados, con alrededor del 84% de su población adulta con ambas dosis. El más rezagado es Bulgaria, con tan solo un 29% de inoculados.

Sin embargo, el debate sobre la vacunación ignora la acción individual -o sea, la acción real de cada persona. Allí está primero el uso de barbijo. La vacunación no está diseñada para frenar contagios y es sólo la mascarilla la que limita la transmisión del virus. Es así como la nueva variante se disemina: a partir de la acción individual de personas que, gracias a una decisión simple, tienen el poder de cambiar las condiciones de vida de decenas, miles o millones de personas.

La pandemia muestra hasta qué punto cada decisión personal cambia las condiciones para muchos en la humanidad de una manera que las acciones grupales no lo hacen.

Es que el reconocimiento o no de la existencia de derechos colectivos en favor de determinados grupos o colectividades han devenido en una de las cuestiones jurídico-políticas más controvertidas en los últimos años en el mundo. La pandemia expuso la futilidad de estos debates a niveles pornográficos y políticamente incorrectos.

La pandemia cambió la identidad del individuo y separó la acción colectiva de la individual, devolviéndonos a la realidad de que cada individuo es lo que cuenta y los colectivos, al fin y al cabo, son sólo una ilusión.

 

*Filósofo. Autor de Desilusionismo.