OPINIóN
Vacunas contra el coronavirus

La oportunidad extraviada en la obsesión de la inmunidad

Las desigualdades en la producción, distribución y accesos de la sociedad a este beneficio tan esperado como son las vacunas.

Vacunas 20210316
vacunas y de gente mayor vacunandos | AGENCIA NA Y CEDOC

El crecimiento y movilidad social “con Estado” de la 2da mitad del siglo XX van de la mano de una idea de “progreso” asociado a un acrítico optimismo tecnológico: rascacielos, represas, centrales nucleares... vacunas. Un relato cierto parcialmente, inmortalizado por “La Walsh” en el que un “Doctor” llega a un pueblo en avión y cura con una vacuna la ignorancia y la enfermedad de toda la población “hechizada”. En la realidad, “el doctor” tarda demasiado o no va donde no lo llaman, haciendo las delicias del brujo.

La pandemia es única. Algunos, con 65 y más años vivieron la polio, pero en el mundo preglobal de los 50’ con aeropuertos como hoy activos aeródromos bonaerenses había epidemias más o menos extendidas.

Hasta hace unos meses la escala de nuestras representaciones de la tecnología en general y de la vacuna en su capacidad de dar fin a la pandemia eran comprimidas en tiempo y espacio pero hoy, en la del día a día, vemos desigualdades, invisibilizadas hasta ahora, que mediatizan hasta el hartazgo la producción, distribución  y el acceso de la sociedad a sus beneficios.

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Este “choque” de escalas nos angustia. La épica de la vacuna que ¿“Nos”? salvaría. La imagen de Jonas Salk cediéndola a “la humanidad” despedazada por países que “picando en punta”, con recursos e influencia se abastecen, pagan de más y “a sobrevuelo” de letra chica. O por tours de vacunación a Dubai. No solo son ricos contra pobres; la UE prohíbe exportar AstraZeneca, un misil a quien preside la nación sede de una vacuna que abunda a un solo lado del Canal de la Mancha, y con la que “salva los trapos” de un brexit laberíntico. Detrás del “conflicto de escalas” hay una idea transversal de tecnología que la abstrae de especificidades históricas, y cosifica el tipo de sociedad con la que interactúa y se desenvuelve.

Cuándo llegarán más vacunas Sputnik V, Covishield y Sinopharm a la Argentina

Las vacunas no comporten en esencia su distribución igualitaria, son una mercancía más cuya producción masiva está limitada por la naturaleza de las fuerzas productivas y derechos de propiedad. Mejoraron la expectativa de vida salvando a millones, pero en el día a día las inmunizaciones en un mundo más endémico fueron lentas y geográficamente desiguales, la velocidad que les imprime hoy la globalización es compensada por un mayor riesgo de reinfección; “Nos salvamos todos o no se salva nadie”.

Si unos consiguen inmunidad de rebaño en meses, y otros en años el virus mutará en países no inmunes más allá del alcance de las vacunas en danza obligando a nuevas, confinamientos, y costosos cierres de frontera. Pero esta y otras “condiciones objetivas” con las que el covid nos interpela, como la relación pobreza y mortalidad, no crean per se una distribución global pareja del antídoto-ni el by-pass de su patente propuesto por India y Sudáfrica-, o una organización social superadora con robustos sistemas de salud y transporte público, y acceso al hábitat digno que des-densificando el territorio- abordaje además coincidente con una agenda sólida para el cambio climático- combata al virus tanto o más que la vacuna; Japón y Corea del Sur con metrópolis similares en densidad y dimensión a las argentinas, aunque en contextos incomparables, lo tuvieron “a raya”.

El “salir mejores” no está en la crisis, sino en la posibilidad que el “sentido” de las reinterpretaciones socialmente más incluyentes y comprehensivas de la misma logre imponerse

El “salir mejores” no está en la crisis, sino en la posibilidad que el “sentido” de las reinterpretaciones socialmente más incluyentes y comprehensivas de la misma logre imponerse al del discurso dominante de una “salida por derecha” donde nada cambia. Un relato que instaló como criterio de éxito pertenecer a los países que más vacunan cuando unos pescan con redes y otros están con el colador en la mano, y la historia de un problema que no empieza con la vacuna omite los graves desaciertos de los primeros.

Un “individualismo ideológico”, tras una idea de tecnología que condiciona el rumbo de la ciencia con financiamiento  por los Estados de proyectos aplicados y “rentables” en detrimento de las ciencias sociales, corporizado en la salvación del “super-objeto”, argumento complaciente que paraliza la exploración y el abordaje de los desafíos colectivos.