OPINIóN
Tecnología

¿Medio de comunicación o de producción?

“Nos ‘editamos’ para dar una mejor versión propia” dice el autor. “Lo perturbador es el poder inédito de empresas para crear necesidades e inducir consumo moldeando la naturaleza y velocidad del cambio técnico”, sostiene. A qué se refiere.

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Uso del celular | Freepik

Retroalimentar búsquedas externas a un diálogo, impostura hecha hábito. En Reclaiming conversation Sherry Turkle exhuma la anatomía de la distopía comunicacional. En el centro, el celular. La asincronía como modo de conversación principal. El texto o la voz, que desplazaron a la llamada, permiten la edición. Son ciegos a las pausas, silencios, tonos de la conversación sincrónica que semblantean mejor la emocionalidad del otro.

Nos “editamos” para una mejor versión propia, más cuando la modalidad naturaliza el delay y la velocidad en la respuesta puede ser medida de ansiedad. La edición es “narcótica” porque al minimizar el conflicto de mala calidad nos priva del “bueno”: la metacognición como motor de crecimiento y aprendizaje.

Vivo afuera. Viajo cuando puedo. Largué tema con amigos y fue como decir que el Apolo 11 es un montaje. ¡“Todo lo que tenés se lo debés al celular!”, suelta uno. Tengo 61. Hace algo más de una década que uso el celu en modo no analógico. A mis 50 el grueso de lo que tengo/soy, para bien o para mal, ya lo tenía/era. Menos mi bendición que se la debo a varias cosas, incluso a la providencia, pero no al celular.

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En Tecnofeudalismo Yanis Varoufakis explica la lógica material subyacente. Cada interacción con el celu: chatear, subir contenido o bajar una aplicación, genera renta a los gigantes de internet. Así te autopercibas Neorural, compres pollo en el tercer cordón o tengas la Goldcar del club del trueque, sos un target preciado que consume y ofrece datos a / para el marketing o el control social.

La rentabilidad mayor del consumo de datos constante conlleva la permanencia on line, santo grial de quienes explotan la búsqueda tan humana de aceptación"

Cuando no consumís sos el producto. La magnitud de la renta generada es proporcional a la concentración bestial de poder de los dueños del capital en la nube. Los que inciden en los modos y naturaleza de la comunicación en particular, y en las relaciones sociales en general.

El registro de salir de la zona de confort cuando llamamos es el correlato culturalmente construido de la rentabilidad mayor del consumo de datos constante que conlleva la permanencia on line, santo grial de quienes explotan la búsqueda tan humana de aceptación, pertenencia, y la vanidad, para lograrlo.

El talibanismo del vive (y muere) según tu narrativa se reconoce en los extremos. La coherencia del anarquista de la comuna de París, y la no del gorilaje de clase media que bulleó a la familia Kicillof en el ferry por tener una cabaña del lado equivocado del Río.

“Aspiracionales”, a Suecia en lo político nunca en lo tributario. “¡Si no te gusta el celular no lo uses más y listo!” dice quién me invita al hippismo con Ioma (la otra es con aplicación) del mundo digital. A ser la medida justa de disenso que necesita el sistema para su reproducción. La remera del Che, o del celu tachado.

Hay un fetiche “multicapa” del celu. La comunicación es una función más. Hacemos gestiones administrativas. Bancarias, párrafo aparte para la transferencia de riqueza a la banca por cierre de sucursales y despidos, y “La guerra del cerdo” de la “homebancarización forzosa”.

La droga digital destruye la subjetividad

Nos ubicamos en el espacio. Compramos, etc. Desde la dialéctica entre valor de uso (satisfacción de necesidad social) y valor de cambio (valorización de capital), lo pensado como medio de comunicación propio es, además, nuestra llave de acceso al mundo, pero, principalmente, un medio de producción y acumulación ajeno. La tecnología es tan buena como la sociedad en la que se inserta, no es externa al sujeto, es parte de, y se desenvuelve en un sistema históricamente determinado que le da sentido, y de relaciones sociales asimétricas respecto al acceso a la misma y a los conocimientos para capitalizar sus ventajas.

Lo perturbador es el poder inédito de empresas para crear necesidades e inducir consumo moldeando la naturaleza y velocidad del cambio técnico de acuerdo a sus intereses, mientras el Estado “la corre de atrás”. Nadie zafa.

Todo ocurre tan rápido que cuando lo nombrás ya es pasado. Vuelvo. El avión gana el océano un poco arriba de Sao Paulo. La ventana me devuelve la foto que la “antena” de Charly organiza en mi cabeza. “Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”. Ya todos somos parte del mar.

*Profesor y licenciado en Geografía UBA. Mg. Problemáticas Urbanas