Una vez más en su larga historia de fracasos, el país vive momentos bisagra, entre proseguir el camino de un cambio esperado por muchos argentinos, o retomar el rumbo de la secular decadencia entronizada desde hace muchas décadas.
Frente a un proceso iniciado hace poco más de dos años por un fenómeno político inesperado, el gobierno libertario, su protagonista, da muestras desde meses atrás, de un virtual autismo inmovilizador, sacudido por inexplicables y reiterados errores propios, disputas internas desgarradoras, y defensa de funcionarios que contradirían, en principio los postulados de anticorrupción pregonados en los más altos niveles.
El gobierno aparecería en la actualidad, encerrado en una guerra abierta entre los dos sectores ubicados en lo más alto del poder presidencial, (enfrentamiento silenciado en los últimos meses por el escándalo que rodea al Jefe de Gabinete de Ministros), nunca antes expuesto abiertamente por los respectivos líderes, y ante la aparente prescindencia presidencial en ese sentido.
La realidad no ayuda. Los aumentos de precios, a pesar de la reversión de la aceleración inflacionaria del último mes, la pérdida de empleos formales y el cierre de empresas, junto a las dificultades políticas, han llevado al Gobierno a una caída de adhesiones y a una notable suba de críticas, demandas y desconfianza.
En este contexto, y luego de dos meses, el Presidente retomó la imprescindible iniciativa, otorgando exclusivamente largas entrevistas a sendos canales de streaming, frente a interlocutores afines, y algunos ignotos, en contraposición con el enfrentamiento abierto con la mayoría del periodismo, muchos de los cuales no habían vacilado en su momento, en brindarle decidido apoyo a su gestión.
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Lamentablemente para quienes aspiramos a que este iniciado proceso de reversión de la decadencia argentina prospere, el escenario descripto no exhibe un cuadro de optimismo. Genera la sensación de estar experimentando otra oportunidad nacional en riesgo de verse frustrada.
El Rigi no logró nuevas inversiones y solo benefició a las que ya existían
Oportunidad enorme que tenía el gobierno iniciado en el año 2023, potenciada por partidos opositores, algunos en franco espíritu de colaboración, otros paralizados, atomizados y desorientados.
Asimismo, el Gobierno, en lugar de enfrentamientos estériles y diatribas inútiles, podría aprovechar sus espacios para exhibir los increíbles logros obtenidos, en el anunciado proyecto de transformación, admirados no sólo en el orden nacional por muchos, sino foco de elogio en buena parte del mundo.
En lugar del ataque o el insulto, quizás valía la pena enfatizar nuevamente a los argentinos algunos de los resultados obtenidos en ese corto bienio de gestión, sin mayorías legislativas, tales como:
• Superávit Fiscal Sostenido
• Desaceleración Inflacionaria.
• Remoción de Pasivos y Desmantelamiento del Cepo.
• Derrumbe del Riesgo País.
• Reforma del Estado y Desregulación
• Reducción del Gasto Político y Estructura Estatal.
• Simplificación Normativa.
• Privatizaciones.
• Implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
• Reducción o eliminación de una quincena de tributos y aranceles distorsivos.
• Aplicación exitosa del protocolo antipiquetes para garantizar la libre circulación.
• Fin de la Intermediación Social: Se desmantelaron las estructuras que permitían a organizaciones sociales y políticas actuar como intermediarios de los planes de asistencia estatal ("gerentes de la pobreza").
Quizás, y es de esperar que así ocurra, el gobierno está a tiempo de no padecer otra oportunidad perdida.
Apoyada por los indudables logros obtenidos, y fundamentalmente por el hecho que una parte importante de los argentinos desean (deseamos) que este proceso de cambio y de esperanza, iniciado hace cortos dos años, no se vea nuevamente frustrado.
Está en manos de quienes detentan el poder concretarlo. Que así sea.