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OPINIóN / Economía
jueves 28 noviembre, 2019

El empresario en tiempos de crisis

Debe encontrar las fortalezas necesarias para salir adelante, desplegando en pleno y sin abatirse, su capacidad potencial para reinventarse.

Domingo Rodríguez*

Empresario Foto: mhouge / Pixabay
jueves 28 noviembre, 2019

“…gli nomini si dolgono piú d´uno podere che sia loro tolto, che d´uno fratello o padre che fussi loso morto, perché la norte si dimentica qualche volta, la roba mai…”. “A los hombres les duele más la cantidad de bienes que puedan perder, que la muerte de un hermano o padre, porque la muerte, se olvida alguna vez, pero los valores materiales jamás… (1)

Sabias palabras de Nicolás Maquiavelo al príncipe, evocándole que la eventual muerte de su padre, más que un perjuicio, lo transformaría en Rey.

También sensata afirmación si se consideran las consecuencias de la pérdida de la fortuna o de la principal fuente de los ingresos.

El impacto en la vida personal del empresario y de todo el grupo humano relacionado (padres, madres, hermanos, hijos, socios), se intenta ocultar hasta que, la cruda realidad de la crisis, se hace insostenible.

De inmediato se buscan los culpables, el gobierno de turno es siempre el primer acusado, por la repetividad de los errores que provocan las reiteradas caídas de la economía nacional.

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En esta etapa, también están presentes las críticas sobre las responsabilidades internas, por el manejo de los negocios, por el desvío de fondos, por las inversiones y los nuevos negocios no rentables. Se generan rupturas entre los socios, separaciones matrimoniales o de otros familiares, incluyendo denuncias judiciales. Es bien sabido que, sucedidos los hechos, es muy fácil opinar con el “diario del lunes”.

En caso de ser una empresa familiar es posible que, tras la crisis, la culpa invada la vida afectiva del “líder. La sensación de deuda con los antepasados, con la tradición familiar y el sentimiento de haber frustrado y derrumbado no solo lo emprendido personalmente sino lo que conquistaron las generaciones anteriores.

La disminución de sus ingresos afecta directamente la vida social de los empresarios.

Llegó el momento de “ajustar el cinturón” para lo cual, muchas veces, tanto el empresario como su familia no estaban preparados. Para sobrevivir cambian los colegios de los hijos, limitan los fines de semana con los amigos, devuelven los pasajes para las próximas vacaciones, reducen las clases especiales y se eliminan muchos otros gastos habituales.

La mecha corta de la crisis económica y social

Consultado Santiago Deus, Licenciado en Psicología, señaló que, por lo general, la caída de una empresa y de su “líder”, ya sea este el director, el fundador o sus descendientes en una empresa familiar, ocasiona la sensación de que todo se derrumba, que cae toda la obra producida y lo construido a lo largo de una vida. Por tanto, la sensación de haber fracasado afecta la autoestima, la confianza y la concomitante esperanza también se desmorona. Es muy difícil no sucumbir en un momento semejante ya que se tiene la impresión de haber incumplido con sus padres, hijos y con todos los que dependen de la empresa.

Dado que en el campo humano no hay dos seres iguales, dependerá de cada uno, cómo lo afecta el estrés para afrontar la situación y cómo podrá encontrar una salida u organizar un final digno dentro de sus límites morales. Todo ello, en medio de un polvorín a punto de estallar, que potencia el estrés y la ansiedad.

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Mucho dependerá de cómo esa persona haya distribuido sus energías a lo largo del tiempo, es decir cómo haya distribuido los deseos y los espacios de su vida cotidiana. Qué lugar para sus afectos personales y familiares hubo, qué lugar para otras actividades que no fueran exclusivamente la empresa. Allí podrán encontrar resguardo y algún soporte para enfrentar la crisis y eventualmente poder resurgir de la misma.

La “pregunta del millón” es cómo superar estas crisis.

Una respuesta concreta es muy difícil, cada caso es distinto pero se pueden exponer algunas orientaciones.

Más allá de las negociaciones económicas, el quid para actuar en estos momentos, desde el punto de vista personal, dependerá de la salud psíquica de quien atraviese la crisis. Debe encontrar las fortalezas necesarias para salir adelante, desplegando, en pleno y sin abatirse, su capacidad potencial para reinventarse, lo cual requerirá de una plasticidad mental que le facilite adaptarse a los cambios y encontrar, en medio de la crisis, una oportunidad para superarla o un nuevo y diferente camino.

Los desafíos económicos de 2020

Es importante la preparación anterior, siempre es aconsejable una vida austera, evitando –en la “época de las vacas gordas”– gastos exagerados y/o ostentosos que, si bien alimentan el ego personal, pueden ser efímeros y también peligrosos por razones de seguridad.

Un viejo refrán dice “no poner todos los huevos en la misma canasta” ello invita a diversificar las inversiones y los negocios y también la ocupación del tiempo disponible cada día.

Por su parte, si bien la ilusión de ganancias extraordinarias incitan permanentemente a nuevas inversiones, unos buenos ahorros (aunque no reditúen del mismo modo), serán bienvenidos en las épocas de “vacas flacas”.

También son útiles los seguros, que cubren los gastos necesarios para el sostenimiento de la familia.

Sin olvidar que el empresario debe ser “un buen hombre de negocios”.

Para ello, son requisitos indispensables para tomar decisiones correctas, una capacitación permanente, el examen cotidiano del desarrollo de la empresa y su proyección futura, su relación con el mercado y el asesoramiento de especialistas en los temas técnicos que resulten necesarios, sin dejar de lado el control médico y el apoyo de profesionales de la psicología que lo ayuden a preservar la salud física y la lucidez mental.

 

* Contador Público. Lic. en Administración. Posgrado Sindicatura Concursal. Especialista en Empresas en crisis. Síndico Concursal desde el año 1981. Profesor Universitario en carreras de posgrado en la especialidad, en varias Universidades.

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(1) - “El Príncipe”, Edición de Helena Puigdoménech, Letras Universales, pág. 136.


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