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OPINIóN / Salud
miércoles 29 mayo, 2019

Donación de órganos: la importancia de desterrar mitos absurdos

Muchas personas se oponen por desconocimiento del procedimiento y hasta por temor. Pero hay protocolos y garantías. No se venden ni compran órganos.

Sandra Arcieri*

El 30 de mayo se celebra el Día Nacional de la Donación de Órganos. Foto: Gentileza de zipstatic.com

Una encuesta de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) en vísperas al día nacional de la donación de órganos a celebrarse mañana 30 de mayo, arrojó algunos resultados que, por más que no nos gusten y sean poco lógicos, no dejan de representar la percepción de mucha gente. Un llamado de atención para comunicar bien sobre el tema y un alerta para desterrar falsas e insólitas creencias. Allí, el 63% de los consultados manifestó que cree en la existencia de un posible “mercado negro” y, relacionado a este miedo, el 30% dejaría constancia expresa para no ser donante.

Por esto resulta importante cortar definitivamente con estos pensamientos cercanos a los mitos urbanos y alejados de la realidad. Mi experiencia como médica me indica que, posiblemente, quienes contesten positivamente en ese sentido no entienden qué es la “muerte encefálica”. También puede deberse a que desconocen los protocolos de acción y la cantidad de profesionales involucrados en una donación de órganos.

Se reglamentó la Ley Justina de donación de órganos

La muerte encefálica está definida en la Ley de Órganos, Tejidos y Células (N° 27.447), popularmente conocida como “Ley Justina” por Justina Lo Cane, la nena de 12 años que falleció en noviembre de 2017 esperando un corazón. El único que puede corroborar una muerte encefálica es el INCUCAI. Ningún médico que no sea de dicho ente puede firmar en ese sentido y hay un protocolo explicitado en la legislación.

La evaluación neurológica del paciente se realiza en primer lugar en forma clínica (si hay respuestas de movimientos, reflejos, respiración, entre otras) y luego se le hacen estudios complementarios como un electroencefalograma o un doppler transcraneal, u otros menos frecuentes.

Para hacerle esta evaluación debe pasar al menos 24 horas sin haber recibido drogas sedantes, además de contar con todos los signos vitales estables (temperatura, presión arterial, ritmo cardíaco, estado de las pupilas) y ciertos parámetros de valores sanguíneos (oxigenación, productos del metabolismo, sustancias químicas como la glucemia, sodio, potasio, calcio, etc). Esto quiere decir que, por ejemplo, si el paciente recibió anteriormente medicación para sedarlo, se debe suspender por lo menos por 24 horas ya que puede distorsionar resultados. Lo mismo sucede con los signos vitales, por ejemplo, si hay hipotermia (baja temperatura) que deberá tratarse hasta obtener una temperatura normal.

La gente tiene un miedo infundado a donar órganos

Con todo esto, cuando el médico evalúa el cuadro neurológico y además presenta una tomografía cerebral con una imagen que justifique el estado del paciente (infarto, hemorragia, herida de bala, traumatismo, tumor u otro), se hace la denuncia al INCUCAI. Es importante saber que, más allá de que el paciente haya dado la negativa por escrito de la donación de órganos, los médicos debemos hacerla obligatoriamente.

El equipo de procuración de órganos del instituto se compone por varios profesionales: un médico especialista en terapia intensiva, un neurólogo, un psicólogo, un enfermero y, a veces, un asistente social. Allí corroboran lo que el médico del paciente denunció. Pensemos hasta el momento en la cantidad de personas involucradas. Pero hay más.

Hay muchas cosas que aseguran que no haya favoritos en la lista ni que se puedan comprar o vender órganos

Tras la revisión clínica se le hacen los estudios complementarios y si los resultados son de muerte hay que realizar una segunda evaluación repitiendo el protocolo. Entre una y otra revisión, psicólogos y médicos le cuentan a la familia paso a paso lo que sucede. Todos los profesionales que realizan esta tarea son especialistas en dar este tipo de noticias y es un verdadero trabajo de equipo para que todo salga bien.

Antes, para hacer la segunda evaluación neurológica se aguardaban seis horas en un adulto, pero con la ley Justina se lo hace, en muchos casos, solamente una. Esto es relevante porque el tiempo es sumamente importante, y si la persona fallecida es un donante se iniciará la ablación lo antes posible. Habitualmente la misma se realiza en los quirófanos donde se encuentra internado. Los equipos médicos de ablación de cada órgano son diferentes, y mantener a cada uno en buen estado también debe seguir protocolos estrictos. ¿Cuántos profesionales involucramos ya en un solo caso?

Por último, esos órganos se distribuyen de acuerdo a una lista de emergencia y será elegido el receptor que este primero y sea compatible. Estas listas son accesibles a los pacientes que esperan un órgano, con acceso permanente. Es por todo esto que no hay prioridades ni favoritos, ni se podría “comprar” un órgano, otro falso mito.

La única manera en que podamos crecer en este tema es con la solidaridad de cada uno de nosotros. Pensar que cuando muramos podremos ayudar a muchas personas y tal vez seguir viviendo en un niño o en una “Justina”. Este es el verdadero objetivo de la difusión de estos temas. Espero que en los próximos años y con las nuevas generaciones podamos, con convicción, decir todos “yo soy Donante”, sin necesidad de una ley.

*Médica Especialista en Terapia Intensiva y Medicina Crítica, y Secretaria Técnica de la Facultad de Medicina de la UAI.


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