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Miedo al progreso, frenos al futuro

Conquistar un nuevo mercado no se trata solo de aplicar los mismos métodos en un nuevo lugar, sino conocer el escenario y las idiosincrasias locales.

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Los profesionales de RRHH debemos construir un puente que asegure un espacio para la reconversión de perfiles. | Imagen de StartupStockPhotos en Pixabay

Dice José María Rosa, en el primer tomo de su Historia argentina, que el carácter español, y por extensión el carácter latinoamericano, se forjó en los casi ochocientos años de lucha contra los árabes. En esa época, el hombre más valioso era el que lo dejaba todo para entregarse a la guerra. En contraposición, quienes lograban enriquecerse, como burgueses y mercaderes, eran despreciados. Si prosperaban era porque se habían negado a luchar.

Este desprecio es el rasgo que arrastramos los latinoamericanos, hasta el punto de convertirse casi en una tara. Cuando a alguien le va bien, enseguida sospechamos que es porque hizo algo malo. Y que en consecuencia hay que castigarlo. A nuestros ojos, no es que los ricos tengan una responsabilidad social, como deberían tener, sino más bien una deuda con la sociedad. Esta perspectiva supone un enorme freno al progreso.

Este martes, en una charla con ex legisladores, Gustavo Grobocopatel, ponía el énfasis en la inserción de África en la industria de los alimentos. El mundo mira ahora a esta región, en la que viven tantas personas como en China, y que promete un crecimiento económico acelerado. Pero para desarrollar industrias como la agrícola hacen falta recursos humanos que el continente no posee; en consecuencia, quienes apuntan a hacerlo deben mirar un poco más allá.

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Para ponerlo en contexto, Argelia  2382000 km², Congo  2345000 km², Sudán 1885000 km², Níger 1267000 km²,  Angola 1247000 km² si eso se desarrollara en conjunto para el agro mundial seria un nuevo granero del mundo, para referencia en Argentina tenemos 3761274km² en Ghana al menos podría ponerse en producción entre 1 y 2 millones de hectáreas en "agricultura competitiva y sustentable en los próximos años” poco más allá y para ponerlo en contexto según afirmaciones de Grobocopatel.

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Conquistar un nuevo mercado no se trata solo de aplicar los mismos métodos en un nuevo escenario, sino conocer el escenario y las idiosincrasias locales, pero también contar con equipos de innovadores. En África se habla hoy de robotizar el agro, para lograr que la mayor parte de los procesos están automatizados y empleen un mínimo de mano de obra. El desarrollo tecnológico es más rentable que la capacitación.

Hablar de estos temas en Argentina, con nuestra desconfianza del progreso, parece imposible. Preferimos pensar que se trata de cuestiones de ciencia ficción, y que la única manera de salir adelante pasa por una mayor inversión estatal. Otra muestra de esta visión tan limitada la tuvimos con la suspensión de la Ley de Economía del Conocimiento, hace unas semanas. Esta Ley proponía otorgar beneficios a un total de 11 mil empresas en el sector de servicios basados en el conocimiento, incluyendo compañías de servicios empresariales, audiovisuales y de tecnología. Este sector representa el 9% de las exportaciones argentinas, un total de casi U$S 3400 millones.

La iniciativa, propuesta por el gobierno de Mauricio Macri, buscaba favorecer el crecimiento del sector e incrementar los beneficios.

Hoy, sin embargo, se ha dado marcha atrás con ella. Las razones esgrimidas son varias, pero parten de la misma suspicacia de siempre; ¿por qué darle un beneficio a los más ricos, cuando hay gente que la está pasando muy mal? ¿No deberían los ricos dar más en vez de pedir más?

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Esta lectura lineal pierde de vista que los ingresos generados por el sector, en términos de empleo, de producción y de riqueza, superarían con mucho a la pérdida que supondría el beneficio que se intentaba darles. Esto no es la teoría del derrame, sino una teoría del desarrollo. Si este sector crece le hace bien a la Argentina, no solo a los dueños y los CEOs. Pero vivimos en un país al que le cuesta entender esta verdad.

Por otra parte, es innegable que este sector ahora constituye la punta de lanza del crecimiento en el mundo. Hoy en día no son, como antaño, las empresas de bienes materiales las que dominan los mercados. Los gigantes automotrices le han dado paso a los digitales, y  el software ha pasado a ser más importante que el hardware. Esto quiere decir que impulsar este sector es una nueva oportunidad para la Argentina - una oportunidad de entrar a tiempo en el mercado y no llegar tarde como nos pasó siempre. Pero también parece una oportunidad muy fácil de desaprovechar.

Justamente hablamos de robótica con GROBOCOPATEL que en su apellido incluye a robocop y por ahí eso será otra señal.