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OPINIóN / Columna de la USAL
miércoles 13 marzo, 2019

El desafío de decir lo que no todos quieren escuchar

Los riesgos del marketing para instalar los supuestos beneficios de consumir marihuana.

Jorgelina Devoto (*)

Cannabis para uso medicinal Foto: Bloomberg
miércoles 13 marzo, 2019

En los últimos tiempos se produjeron gran cantidad de noticias periodísticas acerca del uso del mal llamado “cannabis medicinal”. Poco a poco nos vamos habituando a un bombardeo mediático que favorece la creencia de las “bondades” del consumo de la marihuana en sus distintas formas, con un propósito curativo o medicinal.

Los expertos que han estudiado este tema han dejado bien claro que la marihuana no es un fármaco. En todo caso es una sustancia psicoactiva que, como tal, produce efectos en el sistema nervioso central y modifica químicamente el funcionamiento del cerebro.

Actualmente se promueve la investigación científica que permita comprobar cuáles son los efectos paliativos o curativos de alguno de los componentes del cannabis. Bienvenida sea la investigación científica seria, controlada y que cumpla con todos los protocolos y pasos necesarios para garantizar la veracidad y validez de los resultados obtenidos. 

Los efectos conocidos que produce el abuso o la dependencia a la marihuana han sido profundamente estudiados desde las ciencias de la salud, sus  consecuencias perjudiciales se manifiestan en todas las áreas de la vida de una persona, tanto biológica como psicológica y socialmente afectada por el consumo abusivo. 

Sabemos que enumerar los riesgos no alcanza para prevenir. No es basándose en el miedo que vamos a lograr una  disminución del consumo, pero tampoco podemos callar las consecuencias negativas. Es tan fuerte el “marketing social” favorecedor de la legalización del consumo de marihuana que no se puede permanecer indiferente.

Cuando nos encontramos frente a un paciente ( y no digo “consultante” porque realmente es un “padeciente”) que siente el daño que le produce su adicción pero no puede dejar de consumir, sabemos el enorme esfuerzo personal y de su entorno que se requiere para lograr el cese de un consumo.

En una investigación realizada en el año 2014 por el Equipo de Investigación del Instituto de Prevención de las Adicciones (IPAD) de la Universidad del Salvador, acerca de las representaciones sociales, creencias y opiniones que tienen jóvenes estudiantes universitarios de carreras de ciencias de la salud, los resultados obtenidos muestran el alto índice de aceptación social que tienen los consumos.

Preguntados sobre su opinión acerca de distintas sustancias psicoactivas, la marihuana es a la que la que consideran de menor riesgo entre las sustancias ilegales, (45% de los varones y el 34,5% de las mujeres consideran que no es dañina). En cambio aparece en ambos sexos el reconocimiento de la peligrosidad de la cocaína, el paco, éxtasis e inhalantes.

El 97% de los varones y el 91% de las mujeres admiten conocer personas que usan drogas y saber dónde se obtienen, dos claros predictores de consumo. Se sabe que estar cerca de consumidores y tener fácil acceso a la sustancia facilita la iniciación en los adolescentes, en un momento del ciclo vital en el que todavía no se ha logrado una autonomía plena.

La “presión grupal” y las banalización de los daños son dos factores de mucho peso en el comienzo de un consumo, sea alcohol, tabaco o marihuana, las tres Sustancias Psicoactivas más presentes en la vida social de los adolescentes.

Poco a poco se produce una familiarización con las múltiples formas de aparición de la marihuana en el horizonte juvenil, baja la percepción de riesgo, disminuye la edad de inicio y aumenta el consumo. Todos estos datos reflejan la eficacia de un trabajo sistemático y eficaz de marketing para instalar los supuestos beneficios de consumir marihuana y habrá que tener mucho cuidado de no transformar el tema de la “marihuana medicinal” en otro caballo de Troya que termine favoreciendo el uso recreativo incrementando los daños sobre la salud personal y social de nuestra población. 

Tal como se expresa en las conclusiones de las investigaciones realizadas en los últimos años en el IPAD : “En los últimos tiempos se ha reforzado en el imaginario colectivo, la creencia que el cannabis es una sustancia de baja cualidad adictógena y sin riesgos para la salud. Es así que determinados grupos buscan implantar la necesidad de despenalizar su consumo y aun legalizar la droga para destinarla a lo que consideran uso recreativo”. En síntesis, decir lo que algunos no quieren escuchar, aunque nademos contra la corriente, es parte de nuestro compromiso con la prevención.

* Directora del Instituto de Prevención de las Adicciones 


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