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OPINIóN / Empleo
lunes 4 noviembre, 2019

Ley de contrato de trabajo, sus grises y las nuevas modalidades

El nuevo mercado laboral trae aparejado cambios que nos llevan a pensar en la actual y una serie de ideas asociadas a las formas tradicionales de trabajar que ya entraron en desuso.

por Mara Schmitman

Trabajo Foto: Free-Photos / Pixabay.
lunes 4 noviembre, 2019

Quienes trabajamos en el mundo de los Recursos Humanos venimos preguntándonos por los cambios que atraviesa el mercado laboral en plena transformación digital. Nos preguntamos cuáles son las carreras más atractivas de los próximos años, y también cuáles son las competencias y habilidades básicas que deberán tener los profesionales y técnicos que deseen ser parte de él. Miramos al futuro y florecen las preguntas. Pero además de nuevas tareas, responsabilidades y demandas, el nuevo mercado laboral trae aparejado cambios que nos llevan a pensar en nuestra actual Ley de contrato de trabajo, sus grises, y una serie de ideas asociadas a las formas tradicionales de trabajar que ya entraron en desuso.

Algunos de los cambios que mencionábamos antes ya podemos verlos en la actualidad. En Argentina, en los últimos años viene consolidándose el trabajo en modalidad freelance, especialmente en rubros como Ingeniería, redacción y traducción, tecnología y programación, diseño y multimedia, y soporte y administración de sistemas. Según el informe del Sistema Integrado de Previsión Argentino, a febrero de 2019 existían 1.914.400 personas inscriptas como monotributistas, lo que implica el 10% del trabajo registrado en nuestro país. Si bien es evidente que uno de los factores más influyentes en estas cifras tiene que ver con que, en contexto de crisis, las empresas prefieren contratar colaboradores externos a empleados en relación de dependencia, el recambio generacional en el mercado laboral tuvo un impacto no menor en este escenario. Esta aclaración resulta importante para dejar de pensar que el trabajo freelance y las nuevas formas de contratación tienen que ver exclusivamente con los costos, y empezar a ver que hay variables culturales y sociales que están motorizando esta tendencia.

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Zonas grises e ilusiones de las formas de contratación tradicionales

En primer lugar, existe una gran distancia entre lo que la creencia popular dice y piensa del trabajo “en blanco” y del trabajo “en negro”. Esto se ve con claridad en las ideas que generalmente se asocian y divulgan en relación a cada uno de esos conceptos. Del “trabajo en blanco” se cree que es más seguro, responsable -por el pago de impuestos por parte del empleador- y estable. En tanto, se piensa en el “trabajo en negro”, como algo que está en las antípodas del primero, que no garantiza previsibilidad y que desprotege a quien trabaja.

Uno de los equívocos más frecuentes es que, usualmente, tendemos a considerar que un monotributista trabaja “en negro”, cuando en realidad, un colaborador que trabaja por proyectos o por contrato por tiempo determinado está trabajando de forma legal, ya que paga impuestos y hace aportes sociales. Es decir, trabaja en blanco. La única definición de “trabajo en negro” que existe es cuando no se realizan aportes de cargas sociales ni se pagan impuestos, ya sea que lo haga el empleado como que lo haga el empleador. Si, por ejemplo, pensamos en la modalidad de trabajo por monotributo -o como lo llaman las empresas del exterior: contractor- hablamos de un trabajador que se hace cargo al 100% de pagar los impuestos que AFIP pide. Incluso en esos casos, tampoco estamos frente a trabajo en negro, sino frente a otra modalidad de empleo.

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Como decíamos antes, la otra ilusión que solemos tener es que tendemos a considerar el trabajo en relación de dependencia como un trabajo más “seguro” o “estable” que el trabajo por temporada, por contrato, por proyecto o como monotributista. Sin embargo, frente a la intención de desvincularnos, nada impedirá a nuestro empleador cumplir con esa voluntad. La única diferencia es que en el primer caso, el empleador tendrá como “barrera” la indemnización del empleado. Y estas diferencias son aún más borrosas si, trabajando por contrato, el empleado acuerda con el empleador el pago de una indemnización en caso de desvinculación (si, esta característica tampoco es el rasgo definitorio del trabajo en relación de dependencia).

No es una moda ni una tendencia local: es un cambio de paradigma

La prueba de que la tendencia a las nuevas formas de contratación excede las particularidades de la coyuntura local se pueden rastrear en informes como el realizado por Workana, la plataforma de trabajo freelance que este año se dedicó a estudiar el crecimiento del trabajo independiente y registrado en todo América Latina. Según ese informe, realizado a trabajadores freelance de toda la región, una de las principales razones por las que los hombres y las mujeres eligen esta forma de trabajo es para impulsar sus propios proyectos y emprendimientos. Con estos datos queda claro que en Argentina, la crisis fue un fuerte impulso para el trabajo freelance, pero también existe un fuerte cambio de paradigma que estamos atravesando, por el cual la idea de una pequeña empresa propia está más presente entre los nuevos profesionales. Así, es de destacar las edades de los freelancers y de los clientes. Mientras que en el primer grupo se concentran en los menores rangos (principalmente entre 21 y 30 años), en el segundo grupo se concentran en rangos de mayor edad (41 años y más) donde se agrupa más del 40% de los clientes.

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Hay un último jugador que resulta clave para pensar este escenario y es la globalización del mercado de trabajo. Quienes trabajan independientes hoy tienen posibilidad de integrar equipos que incluyen colaboradores de todas partes del mundo. El estímulo creativo y la potencialidad de estas empresas tienen un rol fundamental en la motivación de los y las que trabajan en rubros como el tecnológico, donde se les presentan atractivas oportunidades profesionales sin necesidad de relocalización. Esto, sumado a la devaluación del peso argentino, hacen realmente interesante las ofertas laborales cuyos pagos o salarios se pautan en moneda extranjera. Algunos datos relevantes aportados por la Fundación Exportar indican que las exportaciones de servicios argentinas llegaron a poco más de 14.000 millones de dólares el año pasado, y el mayor porcentaje de ese monto corresponde a servicios empresariales (33% del total). Esto apunta a una tendencia creciente si tenemos en cuenta que, en 2017, ese porcentaje había sido del 25% mientras que en 2016 no llegaba al 22%.

Con estos datos parece importante abrir una conversación pendiente sobre los grises en la Ley de contrato de trabajo y sobre cómo culturalmente se construyó una falsa idea de seguridad en el trabajo en la relación de dependencia. Esto es nocivo porque deja afuera posibilidades de trabajar para el exterior, ya que en otros países resulta muy difícil entender la figura del trabajo en relación de dependencia. Y, por otro lado, lo que es más grave aún: nos aleja de la responsabilidad que ya tenemos como trabajadores de entender realmente cómo son computados nuestros impuestos y nos acostumbra a responder a un estilo de trabajo paternalista, donde se presenta la idea de que el empleador está siendo responsable absoluto de pagar nuestros impuestos. Toda persona que haya visto el detalle de un recibo de sueldo y haya detectado los descuentos que se le realizan al empleado por obra social, jubilación y otros, sabe que esto no es así. Ni de cerca.


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