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OPINIóN / Salud
miércoles 16 octubre, 2019

Día Mundial de la Alimentación: necesitamos pasar a la acción

Los gobiernos deben tomar medidas que impacten en las personas que sufren hambre o malnutrición y garantizar una alimentación sana para todas las personas y hogares.

por Marcela Stambullian

Comida casera Foto: Gentileza de Nutridieta.com
miércoles 16 octubre, 2019

Desde 1979, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) celebra, todos los 16 de octubre, el Día Mundial de la Alimentación, en conmemoración de su fundación y para poner en agenda la necesidad y el deber que tienen los gobiernos, de tomar medidas que impacten en aquellas personas que sufren hambre u otras formas de malnutrición, así como la necesidad de garantizar seguridad alimentaria con una alimentación sana para todas las personas y hogares.

Hoy, la preocupación mundial abarca tanto a aquellos que no acceden a una alimentación suficiente y segura, como a los más de 672 millones de adultos y 124 millones de niñas y niños (de 5 a 19 años) que son obesos.

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La obesidad y otras formas de malnutrición, afectan a casi 1 de cada 3 personas en el mundo. Las proyecciones para el año 2025 indican que esta proporción se convertirá en 1 de cada 2. La obesidad no es solo un problema alimentario sino una enfermedad con una fuerte incidencia en la salud pública y en los presupuestos globales de los países, además de ser predictora de otras enfermedades como diabetes, hipertensión y otras no transmisibles.

Una alimentación sana para un mundo #HambreCero, es el lema que la FAO difunde este año para convocarnos a pensar acciones que ayuden a tener un mundo mejor en la alimentación, en la nutrición, en la ecología, y en los hogares y personas. Una alimentación sana implica una responsabilidad con nuestra ecología. Todos somos parte de lo que comemos. Los gobiernos son los que pueden trabajar en políticas alimentarias y agrícolas que ayuden a cumplir con las guías alimentarias de cada país o las directrices mundiales. Las empresas del sector privado intervienen directamente en los sistemas alimentarios, facilitando u obstaculizando el acceso a alimentos sanos.¿Y los consumidores? ¿Somos conscientes de lo que comemos y de por qué lo comemos?

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Nuestro país cuenta con Guías Alimentarias diseñadas por nutricionistas y especialistas en nutrición que, en función de la disponibilidad de alimentos y hábitos alimentarios locales, ofrecen recomendaciones para lograr una alimentación saludable, que pueden ser fácilmente consultadas por la población.

Aprender a leer las etiquetas de los envases, es otro modo de distinguir cuáles son los alimentos apropiados.

Inclusive en tiempos de crisis como los que estamos viviendo, ante la opción de comer “lo que se pueda comprar” siempre es preferible planificar la compra y consumir responsablemente, con el propósito de comer mejor. En este sentido, si existe voluntad de comer sano, se pueden llevar adelante varias acciones que además permiten optimizar el gasto en alimentos:

  • Comprar alimentos locales y de estación; las frutas y verduras de estación son siempre más económicas.
  • Comprar alimentos que tengan muy poco desecho. En las remolachas, por ejemplo, la raíz se puede comer cruda o cocida y las hojas pueden usarse para cocinar buñuelos, tortillas o budines. En el caso de las carnes, son preferibles las que no tienen hueso; aunque por kilo sean más caras, tienen menos pérdida que influye en el total del precio.
  • No comprar más alimentos de los que se puedan comer en el tiempo seguro para su consumo. En nuestro país se desperdician, en distintos sectores de la cadena alimentaria, toneladas de alimentos.A nivel del hogar, también esto representa un derroche de dinero.
  • Cuando se compran alimentos al por mayor, el precio suele ser más bajo. Agruparse con familiares, vecinos o amigos, para luego repartir los alimentos en las cantidades que se utilizarán y evitar las pérdidas, puede ser efectivo.
  • Planificar la alimentación para comprar sólo lo que hace falta. O comprar los alimentos de oferta, y luego pensar qué comida se puede preparar con ellos.
  • Siempre que el agua de red sea potable es una muy buena bebida. No aporta azúcares y es de bajo costo, en comparación con las bebidas envasadas. Con limón puede prepararse limonada casera, que es una bebida nutritiva.

La comida casera, preparada con alimentos frescos, posibilita una alimentación sana a un costo accesible, pero también implica pensar en el otro, cuidando el medio ambiente. Son muchos litros de agua los que se pierden en la industrialización de alimentos. Además, para el empaquetamiento de los alimentos se requiere cartón, papel, aluminio, plástico, entre otros.

Por último, si la comida es compartida con otros, es un momento de reunión, de diálogo, de acompañamiento. La alimentación sana es saludable por sí misma, pero además es saludable porque se relaciona con las emociones, las tradiciones y la cultura, en definitiva,con los valores humanos.

Entonces, ¿cuál es la acción que llevaremos a cabo hoy para una alimentación sana y un mundo mejor?

Todos podemos hacer algo.


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