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OPINIóN / Análisis
martes 3 septiembre, 2019

Patacones, Cepo, Leliq, Lebacs y control de cambios

Ante esta crisis de alto impacto económico y social, es momento de dejar de lado el discurso electoral y procurar el tratamiento de un bien mayor.

por Marcelo H. Echevarría

Mauricio Macri y Alberto Fernández. Foto: Cedoc.
martes 3 septiembre, 2019

Luego de la debacle económico- financiera y social del año 2001, nada ha cambiado en el país y, tal como lo refleja Carmen de Carlos en el diario ABC de España, “La Argentina trata de evitar la quiebra 18 años después del corralito”, o como lo titula el diario español El País, en una publicación de Mar Centenera, “El miedo vuelve a hacer cola ante los bancos argentinos”.

No soy economista para escribir con rigor científico los motivos de las recurrentes crisis, pero una cosa es cierta, tenemos que “parar la pelota” (dicho bien argentino y que aplica para este momento crítico). “Parar la pelota”- metafóricamente hablando- significaría llamar a la reflexión a todos los líderes de las fuerzas políticas para que se reúnan y pacten un acuerdo de gobernabilidad, dejando de lado los egos, las actitudes soberbias, las enemistades, enconos personales, especulaciones electorales y procurar trabajar hasta diciembre mancomunadamente “por y para la gente”, gobernando el actual oficialismo y asesorando la oposición mediante acuerdos o disensos.

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Suena ingenuo, utópico y de imposible realización, pero ¿no sería el momento de dejar por un segundo el discurso electoral en esta crisis de alto impacto económico y social para procurar el tratamiento de un bien mayor?

Ese bien mayor lo constituye asistir a la ciudadanía (golpeada desde siempre) y llevar tranquilidad a los mercados mundiales. En primer lugar, y lo más importante, lo constituye el escuchar a los importantes referentes como lo es la Iglesia y declarar la emergencia alimentaria, toda vez que hay ciudadanos con hambre en nuestro país. Por ello es la necesidad que desde el propio estado se procure la debida asistencia a los individuos que se encuentran en el segmento denominado “indigencia” o “pobreza”.

En segundo lugar, el mundo nos mira con lupa. Llevemos tranquilidad demostrando que la dirigencia política argentina no se encuentra en manos de “adolescentes caprichosos” sino de políticos que desean el bienestar de la República, con independencia de la ideología que pregone el líder de cada espacio.

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Demostremos al mundo que somos capaces de salir de la grilla inflacionaria que nos lleva a competir actualmente con Venezuela, Sudán, Irán, Liberia o República Democrática del Congo.

Con esa demostración de adultez democrática y republicana, estaremos en condiciones de cambiar la imagen económica ante el mundo, reflejada en lo que se denomina técnicamente el “Riesgo País”.

A su vez, estaremos creando una imagen de confianza ya que nos verán a todos los argentinos unidos para salir de la catástrofe en la que nos encontramos inmersos. Quizás existan pocas o nulas probabilidades de llegar a ese acuerdo.

De así suceder, no cabe otra posibilidad que el mundo vea una clase dirigente inmadura, inexperta y con un amplio curriculum de frustraciones, con las consecuencias predecibles no sólo para este gobierno sino para los sucesivos.

Si sucede lo contrario, con independencia de quien gobierne a partir de diciembre, el mundo sabrá que la dirigencia política argentina ha crecido, salió de su eterna adolescencia y llegó a la mayoría de edad.

PM CP


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