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OPINIóN / De refranes y números
martes 1 octubre, 2019

No éramos tan pobres

Hay que trabajar en políticas de fondo. La tarea parece titánica, pero los resultados positivos se verifican en el largo plazo.

Tristán Rodríguez Loredo

Pobreza en Argentina Foto: Cedoc
martes 1 octubre, 2019

Muchas veces las manifestaciones de la cultura popular expresan creencias generalizadas y asumidas como verdades. Alberto Olmedo utilizaba una muletilla en sus taquilleros shows de los 80, cuando haciendo referencia a las penurias juveniles de su Rosario natal, sentenciaba: “¡éramos tan pobres!”.  

El malogrado capo cómico se refería así a lo vivido durante los años 50, y la sensación de que la austeridad obligada había quedado atrás. El progreso estaba atado al trabajo y el paso del tiempo terminaba mejorando la situación personal de mucha gente. Con la llegada de la democracia, en 1983, la pobreza si bien no estaba medida con el rigor actual, no pasaba del dígito e incluso había sido castigado con la crisis del Rodrigazo (1975) y la de la deuda de 1982, que generó un default generalizado y elevó los niveles de hogares por debajo de la línea de pobreza e indigencia a niveles inusuales. 

Tanto que Raúl Alfonsín hizo del slogan de campaña: “Con la democracia se come, se educa y se cura” una muestra de la esperanza que la normalización institucional traería por sí misma el progreso y la erradicación de los flagelos sociales. Al final  de su mandato, en medio de la hiperinflación y con la certeza que la tarea era más compleja que lo que se prometía, surgía una nueva convicción social: la inestabilidad económica arruina los planes e hipoteca el futuro. 

Carlos Menem que lo sucedió, prometió acabar con la pesadilla pero tuvo que incurrir en otro golpe inflacionario para que Domingo Cavallo le presentara a la convertibilidad como tabla de salvación de su gobierno. La década de estabilidad terminó de la peor manera: con cinco presidentes en 10 días, la licuación de pasivos, la enorme transferencia de ingresos y un nuevo default general, esta vez aplaudido en el Congreso.

Para la UCA, la pobreza podría alcanzar al "39 o 40 por ciento" de la población a fin de 2019

Pero paralelo a estos vaivenes de la economía argentina, se iba construyendo un piso refractario a cualquier cambio o incluso a los vientos favorables que tenía la economía, como los de la presidencia de Néstor Kirchner: la pobreza estructural. Un complejo entramado de causas y efectos que se van potenciando entre sí y que van dejando, luego de cada crisis, una capa adicional de gente que se empobrece aún más. Pero sobre todo, que va perdiendo la esperanza que el futuro será inexorablemente mejor para su situación.

La última medición del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, arrojó un 35,4% de personas que estuvieron por debajo de la línea de la pobreza en el primer semestre de este año. Un número por demás preocupante pero que además esconde algunas tendencias que se fueron acentuando: a) una desigual distribución geográfica, creando zonas más atrasadas y bolsones de pobreza en las grandes centros urbanos; b) un mayor impacto en niños y niñas, en los que la pobreza alcanza a más de la mitad y c) una correspondencia con la inestabilidad económica que se hizo patente desde que la realidad arruinó la promesa de vivir de prestado en abril del año pasado. 

Pero sobre todo, que las mediciones son anteriores a la devaluación posterior a las PASO, por lo que el propio Agustín Salvia, director del Observatorio de la UCA proyecta que podría estar más cerca del 40% para su medición de fin de diciembre.

Las medidas económicas que fracasaron los últimos 28 años: ideología o conflicto de interés

Las promesas de campaña están a la orden del día. Pero la realidad es mucho más compleja e impermeable para los slogans y frases ingeniosas que afloran en los discursos de todos los candidatos. Es que los factores que empujaron a la Argentina a tener una parte creciente de su población sumergida en la pobreza son varios y se conectan entre sí. Muchas medidas son a veces tan necesarias como insuficientes para corregir el rumbo porque la lista de factores a tener en cuenta y que sí bajarían el indicador a los de medio siglo atrás, son tan imprescindibles para retomar el sendero del progreso como difíciles de lograr.

1-Crecimiento de la economía: con el récord de una economía que en época de paz tuvo un estancamiento absoluto en los últimos 30 años, es el disparador de un cambio de signo.

2-Inflación: casi 70 años de inflación persistente, la más alta del mundo en tanto tiempo.

3-Inestabilidad económica: cada crisis empuja a la gente más cerca del abismo.

4-Generación de empleo de calidad: un talón de Aquiles de la economía argentina del último siglo, que ahora sólo  genera puestos informales, estatales y monotributistas.

5-Inversión en infraestructura cercana.

6-Acceso los bienes públicos: especialmente salud y educación. Imprescindibles para romper el círculo vicioso de quedarse fuera del mercado laboral.

7-Disponibilidad y tarifas de los servicios públicos: empezando por el transporte y la vivienda, definen el mapa de la pobreza.

8-Precio de la canasta alimentaria: no todos los bienes suben de la misma manera pero los alimentos no logran romper su dependencia del dólar justo en una economía volátil.

La tarea parece titánica y lo es, porque los resultados positivos se verifican en el largo plazo. Y los negativos aparecen con la primera crisis. Pero no hay peor gestión que la que no se hace. 
 

MC


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