OPINIóN
Política

100 días para... ¿enamorarse?

Los primeros cien días de un gobierno marcarán el rumbo del resto de la gestión, es en esta primera etapa donde mejor se pueden ver las intenciones de un nuevo Presidente, en este caso, Alberto Fernández.

Alberto Fernández
Alberto Fernández | Marcelo Capece / NA.

El mito de los cien días de luna de miel para un nuevo gobierno empezó con la presidencia de Franklin Roosevelt en 1933, donde en su primera centena de días consiguió que el congreso le aprobara 79 proyectos de ley que dieron forma a los Estados Unidos que conocemos hoy.

De ahí en adelante, los primeros cien días de un gobierno son vistos como un hito que marcará el rumbo del resto de la gestión. Es en esta primera etapa donde mejor se pueden ver las intenciones de un nuevo Presidente, antes de que la coyuntura le haga modificar el rumbo para lograr cerrar las cuentas de cada día. En navegación se dice que un barco debe llevar un norte fijo y un rumbo variable, en estos días iniciales el primer mandatario mostrará cuál es su norte, a pesar de que en el futuro tenga que tomar otros rumbos para llegar, si todo sale bien, a su objetivo final.

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Una investigación académica llevada a cabo por Casey Domínguez de la Universidad de California, que analiza los primeros cien días de los presidentes de los Estados Unidos, concluye que hay una mayor tasa de aprobación de los proyectos de ley presentados por el poder ejecutivo en los primeros días que en el  resto de su mandato. Es por eso que se recomienda a los presidentes recién llegados que hagan sus reformas más importantes cuando todavía gozan de su "luna de miel", ya que tienen más probabilidad que el Congreso las apruebe para no ser visto como el palo en la rueda de un nuevo gobierno que llega, en la mayoría de los casos, con apoyo popular y una alta aprobación.

Para no hacer la lista muy larga, comparemos el comienzo de gestión de dos importantes presidentes de nuestra historia moderna. Néstor Kirchner asumió un 25 de mayo y al pasar sus primeros cien días ya había desplazado al Jefe del Ejército, había comenzado con la reforma de la Corte Suprema, y el Congreso ya había anulado las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

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Por otro lado, Mauricio Macri asumió el 10 de diciembre y para el final de su "luna de miel" ya había abierto el cepo al dólar, recibido a Obama y a los presidentes de Francia e Italia, había cambiado las cadenas nacionales por conferencias de prensa, el Congreso ya había dado media sanción al proyecto para el pago a los holdouts, y había comenzado la quita de subsidios a los servicios públicos.

Dos presidentes muy diferentes, pero que en sus primeros cien días de gobierno marcaron el camino por el que iba a andar su presidencia y escribieron los párrafos de cómo querían que fueran recordadas sus gestiones en la historia.

Alberto, en el gran limbo nacional

Volviendo al presente, Alberto Fernández debe pensar en cuáles quiere que sean los pilares de su presidencia y tomar acciones concretas, en sus primeros cien días, que respondan a esos principios estratégicos de su gestión. Deben ser hechos claros, contundentes y de alto valor simbólico para mostrar qué quiere que signifique su presidencia para los argentinos.

Esta semana se envió al Congreso un primer gran paquete de medidas. Es altamente probable que los diputados y senadores apoyen a la nueva gestión en la gran mayoría de los puntos que se proponen. En ellos, el nuevo presidente estará esculpiendo el busto de su presidencia que recordaremos en los años venideros, esperemos por el bien de Argentina que sus primeros cien días sean para enamorarse