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OPINIóN / Pandemia por coronavirus
viernes 3 julio, 2020

La cuarentena de los niños y adolescentes vulnerables

Han sido de los más afectados durante estos meses y las dificultades económicas de sus familias los impactan en mayor medida.

Villa 31 en cuarentena, día 50 por covid-19 Foto: Pablo Cuarterolo
viernes 3 julio, 2020

Sabemos que la vida de los niños y jóvenes vulnerables no es igual a la de otros en nuestro país. En el marco de la pandemia, han sido uno de los grupos más afectados durante estos últimos 3 meses. Entre los más vulnerables se encuentran los que viven en situación de pobreza, y las dificultades económicas de sus familias los impactan en mayor medida.

De acuerdo a los datos oficiales, al 2 de julio se registraron 69.941 casos positivos de Covid-19 en Argentina, de los cuales 1.385 fallecieron. Respecto a los confirmados, 1.067 (1,5%) son importados, 24.969 (35,7%) son contactos estrechos de casos confirmados, 32.144 (46%) son casos de circulación comunitaria y el resto se encuentra en investigación epidemiológica.

A nivel Provincia de Buenos Aires (PBA), del total de 28.221 casos confirmados, 7.375 (26%) corresponden a residentes de barrios populares, según el último Boletín Epidemiológico (Semana 26). Mientras que en CABA se registraron 9.651 casos de Covid-19 en los barrios vulnerables de la Ciudad.

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Este último tiempo, se ha cuestionado y aceptado la cuarentena obligatoria y el regreso a una flexibilización o una ‘normalidad distinta-nueva’ para varios sectores. Pero no se ha visibilizado la cuarentena de los niños y adolescentes de los barrios populares, en cuanto a sus necesidades y carencias.

Los barrios populares de las grandes urbes son foco del mayor contagio de Covid-19 y de otras enfermedades. Además, la prostitución, la droga, la delincuencia y el trabajo infantil son flagelos que los acechan; situaciones muy difíciles de enfrentar, ya que -en muchos casos- se ven obligados por los mismos entornos familiares.

Entonces, ¿qué sucede con los niños y adolescentes de los sectores más vulnerables que deben enfrentarse al aumento de casos de Covid-19 en sus barrios, y a la pobreza y exclusión?

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En nuestro país, vemos como naturalizado que existen una ‘multiplicidad de infancias’, es decir, una imagen dual de la infancia. Por un lado, la crianza feliz, socializada y educada por los padres. Por el otro, la niñez explotada e independiente de los niños en situación de calle, quienes antes de la pandemia debían trabajar, mendigar o cartonear para ayudar a la economía familiar, y tenían escasos momentos recreativos o lúdicos.

Frente a la situación actual, la educación -de estos últimos- se vuelve dificultosa por la falta de recursos tecnológicos y por el hecho de que la mayoría de sus padres son analfabetos.

Además, el confinamiento está teniendo efectos negativos en la salud física y nutritiva de estos niños y adolescentes. También, el aislamiento social afecta su salud mental, ya que la falta de contacto con compañeros de clase, amigos y maestros complica la socialización, tan fundamental para ellos. El vínculo con sus padres es difícil y, en muchos casos, ha aumentado la violencia intrafamiliar y el maltrato.

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Si bien el Gobierno ha permitido -con algunas idas y venidas, y dependiendo de las provincias-, que los fines de semana los menores de 14 años puedan salir al aire libre, los chicos que viven hacinados en barrios populares tienen muy pocos espacios verdes y es muy incipiente la urbanización y parquización.

Las organizaciones comunitarias son las que, actualmente, están ayudando a estos niños de sectores vulnerables en los barrios populares de diferentes partes del país, pudiendo contenerlos emocionalmente, y cubriendo sus necesidades y carencias materiales, colaborando, también, con las acciones del estado.

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Como sociedad, solo contribuiremos al bienestar de estos niños y adolescentes vulnerables si seguimos cuidándolos más allá de este aislamiento social,e instando a nuestra clase dirigente a que se les brinden oportunidades de superación y resiliencia, desde el afecto, la empatía y la escucha, y no desde una mirada moralizadora o estigmatizante.

 

*Politóloga, socióloga y profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.


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