OPINIóN
A 200 años de su muerte

Martín Miguel de Güemes, el único general argentino muerto en acción

Proveniente de una familia noble y pudiente, adorado por los gauchos y los pobres, fue un patriota sincero y decidido por la Independencia. A los 36 años murió en una cruda emboscada en la guerrera Salta.

Martín Miguel de Güemes
Martín Miguel de Güemes | web

“Salta ha sostenido siete años la guerra contra los tiranos sin recibir auxilio alguno; los salteños han prodigado su sangre, sus vidas y sus haberes, al par que las otras provincias han gozado de quietud, sin sufrir costosas y penosas emigraciones, porque Salta tiene el mérito singular y nada común de haber sujetado en sus marchas por tres ocasiones el impotente y orgulloso ejército enemigo de 6000 bayonetas hasta arrojarlo de su suelo y por virtud de haber fijado con su heroico valor una barrera inexpugnable contra el ejército de Lima, dio lugar a la organización y disciplina de los ejércitos del Tucumán y de los Andes, y estorbó la combinación tramada entre el presidente Marcó y el general La Serna; de suerte que sin vanidad se puede decir que Salta ha tenido una principalísima parte en las gloriosas acciones de Chacabuco y Maipú”.    

El Ministerio de Cultura y Canal Encuentro presentan "Ensayo para Güemes"

El mismísimo Martín Miguel de Güemes en oficio al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón en junio de 1818 resumía en esta pequeña muestra de “Historia en primera persona” la sorprendente Guerra Gaucha: donde las fuerzas invasoras del Rey chocaban una y otra vez contra los hombres liderados por Güemes, gobernador de su provincia, la guerrera Salta. Haciendo una guerra de recursos y no dando combate frontal, les causó tantas pérdidas como si realmente lo hubieran hecho.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

El método implicaba una colaboración total de las poblaciones asediadas que destruían todo lo que pudiera ser aprovechado por los invasores. Sus tropas robaban ganado y caballadas, realizaban escaramuzas, emboscadas y ataques sorpresivos cortos e intensos, obligándolos a pasar necesidades diversas y estar en alerta permanente desmoralizándolos.

Idolatrado y repudiado a la vez, según José María Paz: “Güemes era adorado de los gauchos, que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, al patriota sincero y decidido por la independencia: y Güemes lo era en alto grado”.

 

Martín Miguel de Güemes
Martín Miguel de Güemes murió en una cruda emboscada en Salta, a los 36 años.

 

Hijo de Gabriel Güemes Montero, español y funcionario del Rey y de la jujeña María Magdalena de Goyechea y de la Corte, fue el segundo vástago de este prolífico matrimonio. Martín Miguel Juan de Mata nació en la ciudad de Salta el 8 de febrero de 1785.

De familia noble y pudiente, a falta de las experiencias formativas de San Martín y Belgrano; Güemes poseyó -según Miguel Ángel De Marco- el valor, intuición y las dotes innatas de conductor para una lucha tan peculiar como la Guerra Gaucha.

Con 14 años ingresó como cadete en el Regimiento Fijo de Buenos Aires que guarnecía Salta; al mismo tiempo se desempeñaba como escribiente de la Tesorería a cargo de su padre, hasta que en 1805 se dispuso su pase a la Capital del Virreinato, a la que defendió de la invasión británica.

Cuando Buenos Aires era reconquistada ocurría además el curioso episodio con el buque Justine. Según Alexander Gillespie: “Este barco ofrece un fenómeno de los acontecimientos militares: el de haber sido abordado y tomado por caballería al terminar del 12 de agosto, a causa de una bajante del río”. Algunos historiadores atribuyen al joven Güemes el liderazgo de los jinetes abordantes de la nave, pero falta documentación o mención de época que certifique su participación en este suceso, como sí la hay de otros.

Martín Miguel de Güemes: pinceladas perdidas del prócer más bravo

En 1807 ascendido a subteniente integró la guardia de honor de Liniers. Enfermo y con la noticia de la muerte de su padre, solicitó licencia, que le fue concedida.

Dejaba atrás a la cosmopolita Buenos Aires relacionado con los hombres que serían claves para la Revolución y compañeros de armas en futuros encuentros en la próxima década. En Salta lo esperaba su madre que “había quedado sola y a cargo de una innumerable hacienda”.

En 1810 combatió en la primera campaña al Alto Perú de Pueyrredón con sus gauchos en Suipacha. En 1812 una medida disciplinaria de su jefe, el general Belgrano, por su “conducta inmoral” con una mujer casada, motivó su traslado a Buenos Aires, donde conoció a San Martín cimentando una amistad.

En 1814 fue enviado nuevamente a defender la frontera norte como jefe de la vanguardia, con instrucciones precisas y personales del Libertador.

Güemes, el primer “peronista” de la eterna grieta nacional

Nombrado gobernador de Salta en 1815 por el Cabildo local incrementó su poder y legitimidad popular convirtiéndose en el líder defensor del suelo patrio, aunque le trajo la desconfianza de Buenos Aires haciendo tirantes las relaciones hasta el Pacto de Cerrillos que otorgó la paz necesaria para que el Congreso sesionara en Tucumán.

Con la Declaración de la Independencia, tanto el Director Supremo Pueyrredón, como San Martín y Belgrano defendieron el valor de Güemes y su método de defensa ante las invasiones, que continuaron año tras año.

Para el ensayista mendocino Juan Marcelo Calabria, “Güemes fue el escudo valiente y necesario del Plan Continental, el amigo y confidente de Belgrano hasta su muerte”.

En 1821, el país estaba envuelto en una guerra civil. Terratenientes locales desconfiaban del pueblo armado y del gobernador como soberano. Güemes ante la falta de apoyo de un Gobierno central se enfrentaba a dos enemigos: los realistas y a los latifundistas.

Don Martín Miguel de Güemes y el resquebrajamiento de las jerarquías coloniales

 

Como consecuencia de un disparo recibido por la espalda en una emboscada en las calles salteñas ocupadas por los realistas, falleció tras 10 días de agonía vencido por la septicemia, rodeado de sus queridos gauchos a los 36 años. Transformándose en el único general argentino muerto en acción. Al día siguiente fue sepultado en la capilla del Chamical.

La Gazeta de Buenos Aires, periódico oficial del Gobierno, publicó: ‘Ya tenemos un cacique menos’. Durante décadas la historia siguió dándole ingratamente un papel menor, de caudillo local. Con justicia su memoria fue y es rescatada por trabajos historiográficos dándole el lugar fundamental y crucial que le corresponde como héroe nacional y padre de la independencia.

En 2016, la fecha de su muerte es declarada feriado nacional.