sábado 27 de noviembre de 2021
OPINIóN Elecciones 2021
15-10-2021 10:56
15-10-2021 10:56

Una decepción de debate

No sirvió para contrastar ideas ni para discutir ideas de fondo para el país. Sí sirvió para mostrar la mediocridad de la clase política argentina.

15-10-2021 10:56

Ingenuamente, tal vez más por deseo que por razón, encaré el debate con cierto optimismo, como quien se prepara para ver un partido de la selección argentina de fútbol.

Organizar con amigos la comida, la bebida, reunirse una horita antes para disfrutar la previa, esperando ver un lindo espectáculo, intercambio de ideas, un debate como debe ser.

El formato propuesto también era alentador: seis minutos libres y la posibilidad de preguntar y repreguntar entre candidatos, ambos novedosos para los debates argentinos. A su vez, la mezcla de tres candidatos con experiencia política, incluyendo una ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires, junto con un candidato outsider disruptivo era una alineación prometedora. Políticos profesionales y un nuevo político, experiencia y novedad, distintas visiones que abarcaban todo el espectro ideológico. Podíamos estar frente a un gran debate, pero no fue el caso. No sirvió para contrastar ideas ni para discutir ideas de fondo para el país. Sí sirvió para mostrar la mediocridad de la clase política argentina.

Debate en Capital: la escena más tensa entre Myriam Bregman y Javier Milei

En este punto debemos ser claros: este tipo de debates los ve un público interesado e informado, una porción menor de la población a la que probablemente no le modifique su postura o su voto lo que suceda durante la velada. La mayoría de la población ve fragmentos o partes de los mismos, en redes sociales o medios que los reproduzcan, que posiblemente tampoco modifiquen su voto. Encerrados en su aldea digital, verán a través de redes o los medios que suelen consumir lo mejor del candidato que ya les gusta y lo peor que el de no, reafirmando su voto y su incredulidad que otros argentinos voten a otro candidato a la vez. A menos que haya una performance muy baja o una polémica muy llamativa, los debates no suelen modificar los votos. Sirven a candidatos menos conocidos o con menos exposición a prensa, como Bregman o Milei, para que en igualdad de condiciones a los de los partidos más importantes puedan exponer sus ideas y contrastar con ellos. Igualmente, son una herramienta necesaria en la democracia y de este lado festejamos que sucedan.

Por el debate en sí, en las redes se pudo ver rápidamente la reacción de decepción de los seguidores de Milei. El candidato outsider, que no había participado de ninguna gestión de gobierno ni había ocupado cargo público alguno, fue el que más se encerró en su discurso pre armado. Del que se esperaba espontaneidad se trenzó en discusiones de manual, básicas. Repitió sus latiguillos como “digamos”, “casta política” y “falacias” aún cuando no era necesario, mientras abusaba de datos sin sentido en un debate donde hay que apelar a las emociones por sobre la razón. No está mal querer demostrar que es un candidato preparado, con trayectoria profesional y cultura general. Pero sí estuvo mal el abuso de estadísticas y datos que para el común de la población nada significan. Bregman logró una performance aceptable, con algunos matices, como el cara a cara con Milei, en donde ninguno de los dos entendió la consigna. Desde el primario que a uno le dicen a la hora de rendir un examen que lea bien las preguntas y entienda qué es lo que tiene que responder. Myriam y Javier parece que se olvidaron de ello.

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Por otro lado, primaron la experiencia de Vidal y Santoro por sobre la antipolítica de Milei y Bregman. Vidal fue de menor a mayor, primero entrando en el griterío de recreo de escuela en los seis minutos libres. Luego comprendió que ese no era el camino ni esa actitud iba acorde a su perfil, por lo que a partir de allí decidió no tomar más parte en el intercambio a los gritos, mostrarse paciente y educada, y exponer sus ideas cuando los moderadores (de floja permformance) le daban lugar para hacerlo. A partir de allí fue creciendo en cuanto a la claridad de las ideas que expresaba, los tonos de voz utilizados y los temas elegidos para debatir. Su cara a cara con Santoro contrastó completamente con el que siguió entre Milei y Bregman, dejando a los primeros dos en una situación mucho más ventajosa. Pero lo más sorprendente de todo el debate fue que Vidal tomó en gran medida el discurso de Milei y lo combinó con su experiencia y preparación, logrando así ser mucho más clara en los conceptos, haciendo propias muchas de las ideas del liberal libertario.

Santoro por su parte tenía que enfrentar el escenario más complejo: era el representante del oficialismo nacional, el cual viene de crisis en crisis hace meses. Para ayudarlo, Aníbal Fernández tuvo una llamativa (y repudiable) intervención en la semana con el comediante Nik, lo que valió su pedido de renuncia por parte de la oposición, inclusive en el debate mismo. Aún así, supo cambiar rápidamente el encuadre cuando los otros candidatos buscaban ponerlo en una situación incómoda. A la criticada gestión de la pandemia del gobierno nacional respondió contrastándola en lo que más le convenía con la del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, evitó hablar del tema presencialidad en las escuelas aunque Vidal varias veces lo nombró y cuando tocó el turno de seguridad, evitando que se lo ataque con el ayudín de Aníbal puso sobre la mesa temas irrelevantes en el contexto actual como la portación de armas. En su amateurismo, los otros candidatos (menos Vidal) se hicieron eco de este tema y usaron los minutos hablando de lo que Santoro quería hablar. Gran estrategia de su equipo de comunicación y nobleza obliga, mucha habilidad por parte del candidato del Frente de Todos.

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De cara al debate de la semana entrante, donde en vez de cuatro serán seis los candidatos, esperemos que los minutos libres sean mejor utilizados, que se evite el griterío innecesario, que muestren la altura que los Diputados de la Nación Argentina deberían tener y por lo menos se debatan algunas ideas estructurales para el país. Será un debate sin outsiders, donde el que menos experiencia en política posee ya demostró una muy buena performance en los debates presidenciales del 2019. Con el tiempo, esperemos, Argentina tendrá más y mejores debates.

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